• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Javier Bozalongo

   Nació en Tarragona, en 1961. Los poemas que siguen fueron tomados de su espacio en internet, http://www.javierbozalongo.com/index.php

 

   A comienzos de septiembre asistió al Festival Luna de Locos en Pereira, Colombia.  

 

    NORMALISTAS

 

               A mis hermanos mexicanos

 

En todos los relojes resuenan una a una

cuarenta y tres campanas que hacen de la jornada

un desfile de interminables horas.

 

Ya nadie reza en las iglesias.

 

Hoy los crucificados

ocultan con las manos su mirada

en un gesto de rabia y de vergüenza.

 

Los creyentes no les ofrecen velas

a los que fueron santos predilectos

y las llamas se elevan en mitad de la noche

buscando iluminar una certeza,

tratando de agrietar

un silencio más cómplice

que la peor mentira.

 

Quien carece de sueños se queda sin futuro.

Quien niega a sus maestros un pedazo de tiza

niega a sus propios hijos

la posibilidad de una pizarra

donde escribir “mañana”.

 

   Tarragona

 

En la ciudad sin puertas

las ruinas de mi infancia

nunca fueron romanas.

En el anfiteatro

de mis jóvenes años

las piedras saben más

de lo que yo recuerdo.

Subir a tocar ferro

fue después la rutina

que animaba las tardes

al terminar las clases:

era la eucaristía

que juntos celebrábamos

los miembros de distintas religiones.

Un solo dios: el mar,

al que adorar en lenguas diferentes

mientras el sol, aliado con la piedra,

daba cuerda al reloj

que adelantaba el tiempo de marcharse.

 

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