• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Javier Bozalongo

   Nació en Tarragona, en 1961. Los poemas que siguen fueron tomados de su espacio en internet, http://www.javierbozalongo.com/index.php

 

   A comienzos de septiembre asistió al Festival Luna de Locos en Pereira, Colombia.  

 

    NORMALISTAS

 

               A mis hermanos mexicanos

 

En todos los relojes resuenan una a una

cuarenta y tres campanas que hacen de la jornada

un desfile de interminables horas.

 

Ya nadie reza en las iglesias.

 

Hoy los crucificados

ocultan con las manos su mirada

en un gesto de rabia y de vergüenza.

 

Los creyentes no les ofrecen velas

a los que fueron santos predilectos

y las llamas se elevan en mitad de la noche

buscando iluminar una certeza,

tratando de agrietar

un silencio más cómplice

que la peor mentira.

 

Quien carece de sueños se queda sin futuro.

Quien niega a sus maestros un pedazo de tiza

niega a sus propios hijos

la posibilidad de una pizarra

donde escribir “mañana”.

 

   Tarragona

 

En la ciudad sin puertas

las ruinas de mi infancia

nunca fueron romanas.

En el anfiteatro

de mis jóvenes años

las piedras saben más

de lo que yo recuerdo.

Subir a tocar ferro

fue después la rutina

que animaba las tardes

al terminar las clases:

era la eucaristía

que juntos celebrábamos

los miembros de distintas religiones.

Un solo dios: el mar,

al que adorar en lenguas diferentes

mientras el sol, aliado con la piedra,

daba cuerda al reloj

que adelantaba el tiempo de marcharse.

 

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