• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Manuel Silva Acevedo

   Nació en Santiago de Chile, en 1942. Su extensa obra poética comenzó a ser publicada en 1967, con "Perturbaciones". Recibió numerosos reconocimientos desde 1972. En agosto de 2016 se le adjudicó el Premio Nacional de Literatura, que otorga el Estado chileno.

 

   Refuto a la tristeza

 

Desmayados poemas donde los amantes

se despiden con un beso de tijeras heladas

Habitaciones muertas y muertos en los muros

sorbiendo sopas con escalofríos

Clavos doblados con sus cabezas tímidas

Enmudecidos muebles con cajones y nichos

Y cartas arrugadas

como desesperados pañolones de viuda

Quiero cambiar mis versos

por racimos de uvas de Italia

por toneles de pólvora

desclavar ataúdes hacer crecer la luna de un soplido

despertar a las bellas narcotizadas

zanjar todas las deudas de los desposeídos

despejar el camino de los rezagados

darle camisa al triste y colores al humo de los cielos

donde los viejos dioses se baten sin cuartel

No puedo más con esta marcha fúnebre

A veces me asomo a las ventanas

y llamo y grito y doy voces de júbilo

agito mi consigna como un abanderado

o caigo de rodillas rezando, ardiendo, blasfemando

o me atraco a las tapias, embozado

porque ya viene el sol

y es la hora de desatar los nudos

y reventar los diques

y abrir paso a las corzas con su oleaje de carnes

 

 

   Sociedad de mercado

 

Cuánto valen acaso estos días vendidos,

estos huérfanos días cuyo solo propósito

es hacer un depósito en sangre,

afanados en descontar la deuda

que sin querer contrajimos con la vida.

Días expósitos,

abandonados en el quicio

de una ajena puerta.

Desquiciados días

en que de sol a sombra te desmembras

por ganar un pan (agusanado).

Oh sociedad ideal

para ti el pan y para mí el gusano.

 

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