• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Manuel Silva Acevedo

   Nació en Santiago de Chile, en 1942. Su extensa obra poética comenzó a ser publicada en 1967, con "Perturbaciones". Recibió numerosos reconocimientos desde 1972. En agosto de 2016 se le adjudicó el Premio Nacional de Literatura, que otorga el Estado chileno.

 

   Refuto a la tristeza

 

Desmayados poemas donde los amantes

se despiden con un beso de tijeras heladas

Habitaciones muertas y muertos en los muros

sorbiendo sopas con escalofríos

Clavos doblados con sus cabezas tímidas

Enmudecidos muebles con cajones y nichos

Y cartas arrugadas

como desesperados pañolones de viuda

Quiero cambiar mis versos

por racimos de uvas de Italia

por toneles de pólvora

desclavar ataúdes hacer crecer la luna de un soplido

despertar a las bellas narcotizadas

zanjar todas las deudas de los desposeídos

despejar el camino de los rezagados

darle camisa al triste y colores al humo de los cielos

donde los viejos dioses se baten sin cuartel

No puedo más con esta marcha fúnebre

A veces me asomo a las ventanas

y llamo y grito y doy voces de júbilo

agito mi consigna como un abanderado

o caigo de rodillas rezando, ardiendo, blasfemando

o me atraco a las tapias, embozado

porque ya viene el sol

y es la hora de desatar los nudos

y reventar los diques

y abrir paso a las corzas con su oleaje de carnes

 

 

   Sociedad de mercado

 

Cuánto valen acaso estos días vendidos,

estos huérfanos días cuyo solo propósito

es hacer un depósito en sangre,

afanados en descontar la deuda

que sin querer contrajimos con la vida.

Días expósitos,

abandonados en el quicio

de una ajena puerta.

Desquiciados días

en que de sol a sombra te desmembras

por ganar un pan (agusanado).

Oh sociedad ideal

para ti el pan y para mí el gusano.

 

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