• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Rodrigo Galarza

 

Nació en Caà Catì, provincia de Corrientes, Argentina, en 1972. La editorial de poesía el suri porfiado presenta a mediados de agosto su libro “Urubamba”.

 

   Poética del bebedor

 

dejo que toda la fauna se muera en esta botella

que se desangre antes de que me atropelle

con la atroz inocencia de un ejército de niños

     furiosos

 

 

   La poda

 

                   a Julito Almirón

 

podas el árbol

lo despojas de su empeño de escalar el aire

de su temblor de derramarse en el llano

con un canto que de pronto se hace extranjero

podas el árbol

a puros machetazos de luz enferma

a pura máquina silente de desgarro

y lo vas dejando todo muñón

todo hueso

                  en la demencia de saberse más inmóvil

más estaca

podas el árbol

y no tienes más salida o razón

que cavar en sus raíces

que hundirte y dejarte respirar por el humus

hasta   otra vez   colmar su ramaje

con una mañana cualquiera

 

  

   Despedida

 

ya no vives en mí

nada pueden hacer por vos mis manos

ni el revés de mis ojos

ni el peso de los años caminados en silencio

al borde de no sé qué tarde de guayabas

de no sé qué aurora huida de nuestros pies

nada pueden hacer mis manos

nada

ni mis ojos

ni mi sangre viajera

nada

que no sea alojarte en mi boca por última vez

y luego ver cómo te alejas

definitivamente

en el aliento quebrado de un poema

 

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