• @jex_javier
    El eclipse del lector es su imaginación
  • @isona_clarck
    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
  • @EvaLopez_M
    La de cosas que pasan sin que ocurran
  • @hipst_eria
    No es lo que escribes, es lo que borras
  • @JacGoldberg
    El horror salivea en nuestra nuca
  • @Sofia_Insomnia
    Los herejes tenemos que organizarnos
  • @Sinsintidez
    A los tristes los delata la música
  • @yonosoycarmen
    Irse por fuera, quedarse por dentro, esa complicación
  • @NaEnEspiral
    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
  • @_soloB
    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
  • @tearsinrain_
    No te asustes, solo es otro futuro mas
  • @arbolador
    Algún día se perdonarán haberse conocido

Rodrigo Galarza

 

Nació en Caà Catì, provincia de Corrientes, Argentina, en 1972. La editorial de poesía el suri porfiado presenta a mediados de agosto su libro “Urubamba”.

 

   Poética del bebedor

 

dejo que toda la fauna se muera en esta botella

que se desangre antes de que me atropelle

con la atroz inocencia de un ejército de niños

     furiosos

 

 

   La poda

 

                   a Julito Almirón

 

podas el árbol

lo despojas de su empeño de escalar el aire

de su temblor de derramarse en el llano

con un canto que de pronto se hace extranjero

podas el árbol

a puros machetazos de luz enferma

a pura máquina silente de desgarro

y lo vas dejando todo muñón

todo hueso

                  en la demencia de saberse más inmóvil

más estaca

podas el árbol

y no tienes más salida o razón

que cavar en sus raíces

que hundirte y dejarte respirar por el humus

hasta   otra vez   colmar su ramaje

con una mañana cualquiera

 

  

   Despedida

 

ya no vives en mí

nada pueden hacer por vos mis manos

ni el revés de mis ojos

ni el peso de los años caminados en silencio

al borde de no sé qué tarde de guayabas

de no sé qué aurora huida de nuestros pies

nada pueden hacer mis manos

nada

ni mis ojos

ni mi sangre viajera

nada

que no sea alojarte en mi boca por última vez

y luego ver cómo te alejas

definitivamente

en el aliento quebrado de un poema

 

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