• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Olvido García Valdés

 

   Nació en Santianes de Pravia, Asturias, en 1950. Recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Poesía, en 2007. En 2016 publicó la antología “Esa polilla que delante de mi revolotea”.

 

   Escribir el miedo es escribir...

 

escribir el miedo es escribir

despacio, con letra

pequeña y líneas separadas,

describir lo próximo, los humores,

la próxima inocencia

de lo vivo, las familiares

dependencias carnosas, la piel

sonrosada, sanguínea, las venas,

venillas, capilares

 

 

   Recordar este sábado:

 

Recordar este sábado 

las tumbas excavadas en la roca,

en semicírculos, mirando

hacia el este,

y la puerta de la muralla abierta

a campos roturados, al silencio

y la luz del oeste. Necesito

los ojos de los lobos

para ver. O el amor y su contacto

extremo, ese filo,

una intimidad sólo formulable

con distancia, con una despiedad

cargada de cuidado.

Así, aquella nota, reconocer en ella

la costumbre antropófaga, un hombre come

una mujer, reconocer

también la carne en carne

viva, los ojos y su atención extrema,

el tiempo y lo que ocurrió.

Alguien lo dijo de otro modo: creí

que éramos infelices muchas veces; ahora

la miseria parece que era sólo un aspecto

de nuestra felicidad. La dicha

no eleva sino cae

como una lluvia mansa. Recordar

aquel sábado en febrero

tan semejante a éste de noviembre.

Cerrar los ojos. Fatigarse subiendo,

tú sin voz,

con un cuaderno en el que anotas

lo que quieres decir.

La no materialidad de las palabras

nos da calor y extrañeza, mano

que aprieta el hombro,

aliento cálido sobre el jersey.

Para el resecamiento un aljibe de agua,

los ojos de los lobos

para ver. El contexto

es todo, transparente

aire frío. Aproximadamente así:

campesinos del Tíbet

sentados en el suelo, en semicírculos,

aprendiendo a leer al final del invierno,

cuando el trabajo es poco, se trata

de una foto reciente, están

muy abrigados; o una paliza

de una violencia extrema

a un muchacho, y que el tiempo

pase, que cure, como una foto antigua.

Tres mariposas, a la luz de la lámpara,

han venido al cristal.

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