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Aldo Oliva

 

   (Nació en 1927 en Rosario, Argentina, donde murió, en 2000. El Festival Internacional de Poesía de esa ciudad se realiza en 2016 en su homenaje).

 

 

   Lenguaje de amor

 

No rasgues, con agrias voces, la tela fulgurante

donde creímos, trémulos, la gloria del amor

telar del lino que sagrado se elevaba,

más allá de los límites de un sueño de unívoca

perduración, sin ráfagas de pérdida.

Más bien, háblame de la cadencia sesgada

de ese estar en las conmociones del delirio donde

nos sumaba la delicia que ceñía,

en horas de leve altura, la identidad de

nuestras manos.

                           Pero el momento de la caída

se consumó. No existe el golpe de la culpa;

no elevemos el rencor. Oh, lengua edificante.

Así es, Proust: el recuerdo puede emerger, en casos

del infernal magma de la memoria; o será en su

huella, Freud, no sé; pero el odio, transfigurante,

sé que creó la solapada condenación de los vectores

del sentido a las palabras arrojadas a lo

sexual sublime, lírico, elegíaco, y a

la cerrazón férrea del poder ser.

                         Tal vez escriba sólo

del poema. Pero no es en lo escrito, meramente,

donde se inserta el instante de lo escrito.

Hay soles de atormentadas lunas, donde el

derrumbe lingüístico se transfigurará.

 

 

   Ecuación

 

El tiempo tiene su caducidad

y el dolor su armonía,

pero apenas

cuando ponemos la mano,

ya otorgada,

en lo que llamamos

-bajo una anatomía alucinada-

alma.

¿Se trata del alumbramiento

del silencio?

¿O la abolición,

ilusoria,

de la furiosa marcha

del ladrido voraz,

del museo ilustrado,

de la carnicería,

sobre el mundo?

Sólo el conjuro de la palabra

danzando en el holocausto.

 

 

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