• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Silabeando la tiniebla (IV)

 

   Poemas para Jorge Luis Borges 

 


   ENRIQUE MOLINA

 

   Borges (fragmento)


Durante años y años Borges estuvo presente como un alto

pino o un rosal cubierto de nieve

cuyo interior fuera un fuego impasible, una llama cristalizada,

un vértigo nacido de la indescifrable condición del universo.


*


Años y años su mano salía de las nubes

para trazar en el cielo las constelaciones de la imagen,

pero no seguido por las furias o las bellas bacantes de la

transgresión

sino con la mirada infalible de alguien que mide por

milésimos el peso de una flor, certezas y sueños,

aunque su certeza era la duda infinita, el poderío de la ola

cada vez más lejos hacia nada.


*


Textos exactos como diamantes mentales

intercalados entre una esquina de arrabal y un versículo de la

Cábala,

nítidos, de una acuidad casi cruel

porque las cosas en el fondo de la ceguera ya casi no

pertenecen al mundo sino al lujo mental.


*


Después del relámpago y del amor, después de la aventura

incesante de su espíritu, como el más insólito azar de sus

conexiones con el absurdo y el tiempo,

él, que imaginó a Buenos Aires como morada final de sus

cenizas, yace en un cementerio de Ginebra junto a

Calvino, por la eternidad.

Los dos grandes herejes como los fuegos de una galaxia del

fervor, lo indomesticable y la más altiva disonancia

en la sordina de un mundo falsario, invadido por los sofismas

de la razón.

Calvino baila en la veleta del campanario. Borges bebe el

agua del horizonte, acaricia un gran tigre de hexámetros y

su voz es de pronto una revelación que dice:

“El trágico universo,

este sueño: mi destino”.

 

(De “Orden terrestre, obra poética 1941-1995”, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 1995. Enrique Molina nació en Buenos Aires en 1910 y murió en esa misma ciudad, en 1997. Es considerado uno de los grandes representantes del surrealismo en la poesía argentina).

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.