• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Washington Benavides

   Nació en Tacuarembó, en 1930. Es también crítico y ensayista. Muy cercano a la música, varios de sus poemas fueron llevados a la canción. En mayo de 2015 recibió un homenaje en Montevideo.

 

   Oído en un teléfono

 

El poeta es un apóstata,

inevitablemente. Está

marcado para la apostasía

Su búsqueda incesante

le obligará a colgar

más de una fe en el perchero

(ni a César lo que es del César

ni a Dios lo que es de Dios)

Traspasará las puertas

de marfil 0 de cuerno

las del cofre-fort

las de la cabina telefónica

de la cabina espacial.

Descifrará en el palimpsesto

de los días

otros días que igualmente

fueron o serán suyos.

Traducirá las páginas etruscas

de las muchas realidades.

El poeta es un apóstata.

No tiene otra salida. Está

obligado a descubrir

lo que le espera a la vuelta

de la esquina. Y esto no le

acarreará

ni seguridad ni prestigio.

El poeta es un apóstata.

Pelada la última capa de la cebolla

debe imaginar la cebolla

                      platónica

que en un plato -fuera de su alcance-

                      lo espera

para recomenzar el trabajo

de quitarle una a una sus pieles

y encontrarse con otra cebolla

                      reluciente

                      idéntica a un lucero.

El poeta es un apóstata.

Debe serlo. Para acompañar

a los que se atreven por el salón

de los pasos perdidos

a los que conversan con sus sombras

a los que alientan desde una cárcel

la liberación de los hombres.

                        Poesía

                        se llama

                        Apostasía.

No es un tigre de papel

El tiempo está en los otros.

Al acecho.

(Y el tiempo no es un tigre de papel)

Hasta que salta de un rostro conocido

Y como quien revela una fotografía

lo vamos descubriendo (sin espejo).

 

 

   El tiempo está en nosotros

 

Que nadie pierda tiempo cerrándole las puertas

Que nadie crea alejarlo porque no se le nombre

(ni metiéndote bajo de la cama

ni perdiendo la fe).

Queda otra instancia aún.

Cuando descubres que ralea el ejército

de los conocidos.

                              Y alguien dice:

"Ha muerto Helena"

                               -y eres tú que has muerto-

"Ayer murió Ramón"

                               -y con él mueres-.

 

El mundo (tu mundo) se despuebla

y el compañero de la infancia

te contempla con lástima y con miedo

porque él también lo ha descubierto todo:

la muerte está en nosotros.

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