• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Carlos Barbarito

   Nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1955. Lleva publicados más de veinte libros de poesía. Los poemas que siguen pertenecen a “Falla en el instante puro”, publicado por Botella al Mar, y presentado en Buenos Aires el viernes 13 de mayo de 2016.

 

 

   ¿Por qué, a veces, la palabra…?

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¿Por qué, a veces, la palabra,

 que, antes de salir al aire,

 tiene carne de recién nacido,

al contacto con el aire, se petrifica ?

 

 

¿Quién conjuga el verbo, partido..?

                              A Eugenia Bekeris

 

 ¿Quién conjuga el verbo, partido

 el lápiz en la punta, la lengua herida

 en el profundo tendón que la sostiene?

 ¿Quién mezcla tierra y agua

 con el deseo de que del barro

 y sólo del barro surjan moscas, caracoles?

 ¿Quién edifica su casa

 en el sonido de un martillazo, de una campanada?

 ¿Quién se aligera de todo peso y levita?

 ¿Quién regresa de la peste del manzano,

 de una súbita contracción

 en el tejido de lo inmediato,

 de la visión que, de pronto y sin motivo,

 exige hilos rotos, un ademán de verdugo,

 techumbre sobre el jardín,

 breve sinfonía de gorgojos?

 

 

   La tinta desconsuela y nadie llama a la puerta…

 

La tinta desconsuela y nadie llama a la puerta.

 La luz proviene de la lámpara

 y no desde el oro de las hojas

 que pisé en la breve mañana de la inocencia.

 Hoy la muerte juega con mis cosas,

 entre los lentos y mansos animales

 que mascan hierba dura y no entienden.

 Hoy la vida avanza en la lluvia, y no me lleva,

 tropieza, cae y se levanta, y no me lleva,

en el barro encuentra claridad,

en el agua de los charcos se sacia, y no me lleva

 

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