• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Vicente Cervera Salinas

   Nació en Albacete, en 1961. Es también ensayista. Su tesis doctoral se centró en la lírica de Jorge Luis Borges. Fue uno de los cuatro poetas españoles que en abril de 2016 fue convocado al Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires.

 

   Arriésgate

Arriésgate si reconoces raras
las respuestas que recorren los ríos 
y las ramas. Si ruedan desvaríos
en las rocas y se enredan las caras
del rostro arrepentido; si reparas
y revisas los relojes tardíos,
y te encuentras riquezas y amoríos
que ya no rinden sus razones claras,
recuerda: es que el riesgo te reclama.
Al retoño renacido, arrójate; 
al rencor renuncia, que nunca hermana;
al reflejo repentino, entrégate; 
no resguardes el rigor de la trama
que resta soterrada: Arriésgate.

 

   Tus labios de piedra

Condescendí al misterio.
El abrazo del tilo y tus
labios de piedra. El mármol
vetusto fue así encarnado
por un término nuevo,
y en los míos se retuvo un
sabor delicioso, nunca antes
conocido: el roce erótico
del tiempo. La madera como
piel grabada. Y el busto
colosal, recinto lábil de todos
los secretos, que abrió mi voluntad.
Condescendí a tu forma.
Se mudaron para un nosotros
jamás imaginado los rigores
esculpidos y los besos
tallados. Al filo de mis
dedos, sopesé las líneas cálidas
que un artista modeló. Dibujé
tu piel marmórea bajo
yemas encendidas. El espacio
se hizo tacto. La corteza recobró
su ser: fue un tallo tierno y
movedizo. La aparente frialdad
de la materia transfiguró
su vientre opaco y fue traslúcida
en mis manos. Condescendió
la dicha a visitarme. La
robusta caricia del tilo y
de piedra viva, tus labios.

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