• @jex_javier
    El eclipse del lector es su imaginación
  • @isona_clarck
    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
  • @EvaLopez_M
    La de cosas que pasan sin que ocurran
  • @hipst_eria
    No es lo que escribes, es lo que borras
  • @JacGoldberg
    El horror salivea en nuestra nuca
  • @Sofia_Insomnia
    Los herejes tenemos que organizarnos
  • @Sinsintidez
    A los tristes los delata la música
  • @yonosoycarmen
    Irse por fuera, quedarse por dentro, esa complicación
  • @NaEnEspiral
    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
  • @_soloB
    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
  • @tearsinrain_
    No te asustes, solo es otro futuro mas
  • @arbolador
    Algún día se perdonarán haberse conocido

Vicente Cervera Salinas

   Nació en Albacete, en 1961. Es también ensayista. Su tesis doctoral se centró en la lírica de Jorge Luis Borges. Fue uno de los cuatro poetas españoles que en abril de 2016 fue convocado al Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires.

 

   Arriésgate

Arriésgate si reconoces raras
las respuestas que recorren los ríos 
y las ramas. Si ruedan desvaríos
en las rocas y se enredan las caras
del rostro arrepentido; si reparas
y revisas los relojes tardíos,
y te encuentras riquezas y amoríos
que ya no rinden sus razones claras,
recuerda: es que el riesgo te reclama.
Al retoño renacido, arrójate; 
al rencor renuncia, que nunca hermana;
al reflejo repentino, entrégate; 
no resguardes el rigor de la trama
que resta soterrada: Arriésgate.

 

   Tus labios de piedra

Condescendí al misterio.
El abrazo del tilo y tus
labios de piedra. El mármol
vetusto fue así encarnado
por un término nuevo,
y en los míos se retuvo un
sabor delicioso, nunca antes
conocido: el roce erótico
del tiempo. La madera como
piel grabada. Y el busto
colosal, recinto lábil de todos
los secretos, que abrió mi voluntad.
Condescendí a tu forma.
Se mudaron para un nosotros
jamás imaginado los rigores
esculpidos y los besos
tallados. Al filo de mis
dedos, sopesé las líneas cálidas
que un artista modeló. Dibujé
tu piel marmórea bajo
yemas encendidas. El espacio
se hizo tacto. La corteza recobró
su ser: fue un tallo tierno y
movedizo. La aparente frialdad
de la materia transfiguró
su vientre opaco y fue traslúcida
en mis manos. Condescendió
la dicha a visitarme. La
robusta caricia del tilo y
de piedra viva, tus labios.

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