• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Vicente Cervera Salinas

   Nació en Albacete, en 1961. Es también ensayista. Su tesis doctoral se centró en la lírica de Jorge Luis Borges. Fue uno de los cuatro poetas españoles que en abril de 2016 fue convocado al Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires.

 

   Arriésgate

Arriésgate si reconoces raras
las respuestas que recorren los ríos 
y las ramas. Si ruedan desvaríos
en las rocas y se enredan las caras
del rostro arrepentido; si reparas
y revisas los relojes tardíos,
y te encuentras riquezas y amoríos
que ya no rinden sus razones claras,
recuerda: es que el riesgo te reclama.
Al retoño renacido, arrójate; 
al rencor renuncia, que nunca hermana;
al reflejo repentino, entrégate; 
no resguardes el rigor de la trama
que resta soterrada: Arriésgate.

 

   Tus labios de piedra

Condescendí al misterio.
El abrazo del tilo y tus
labios de piedra. El mármol
vetusto fue así encarnado
por un término nuevo,
y en los míos se retuvo un
sabor delicioso, nunca antes
conocido: el roce erótico
del tiempo. La madera como
piel grabada. Y el busto
colosal, recinto lábil de todos
los secretos, que abrió mi voluntad.
Condescendí a tu forma.
Se mudaron para un nosotros
jamás imaginado los rigores
esculpidos y los besos
tallados. Al filo de mis
dedos, sopesé las líneas cálidas
que un artista modeló. Dibujé
tu piel marmórea bajo
yemas encendidas. El espacio
se hizo tacto. La corteza recobró
su ser: fue un tallo tierno y
movedizo. La aparente frialdad
de la materia transfiguró
su vientre opaco y fue traslúcida
en mis manos. Condescendió
la dicha a visitarme. La
robusta caricia del tilo y
de piedra viva, tus labios.

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