• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
  • @marconpi66
    Del amor también se sale, muerto de latidos
  • @fumivora
    Quiero que solo me apuñales a mi
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @divagandoletras
    Cerrar las ventanas con nosotros fuera. Y quedarnos en el otoño
  • @Claudia_DelSur
    La imaginación nos envuelve en abrazos reales
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    También hay errores platónicos
  • @Juansistemico
    Tocará beber de su sonrisa en una foto
  • @Pluriversos
    Cabizbajo no es tan triste si viene un sueño subiendo
  • @cachililiana
    Vengo desterrada de un sueño
  • @nancyeldarjani
    La hora es un compás seguro

8 de Marzo: Ana María Martínez Sagi (España)

Nació en Barcelona, en 1907. Además de poeta, fue sindicalista, militante por la República, deportista y periodista. Desafió múltiples convenciones de su época, como sus entrevistas fuera de molde y el haber escalado a la dirección del club Barcelona en un contorno dominado por el machismo. Activista por los derechos de las mujeres, trabajó por el voto femenino. Al concluir la Guerra Civil Española se exilió en Francia, donde colaboró con la Resistencia. Pasó después a Estados Unidos y regresó a España tras la muerte del dictador Francisco Franco. Murió en 2000. Publicamos este poema en el marco de la serie por el 8 de Marzo, por la que invitamos a hacer propuestas de autores a nuestros lectores, a través de internet. Martínez Sagi fue propuesta por quien en Twitter se identifica como @rsolev

 

   El deseo

 

Noche

de insomnio negro.

 

Sobre un talud de cardos

crispada me recuesto.

En cada pliegue blando

recóndito del lecho:

una espina de miel

un cuchillo de fuego.

 

Incrustrado

a mi cuerpo

tentáculo feroz

y agresivo: el deseo.

 

Gritos broncos derriban

murallas de silencio.

Sofocante me absorbe,

la boca que no tengo.

Mordaza de mi mutismo.

Pantera de mi desierto.

Hoguera de mi penumbra.

Abismo de mi tormento.

En un rojo

revuelo

de combates

sin freno

abierta

desmembrada

me consumo y me pierdo.

En la noche demente

resucitada muero:

con la boca quemada

con los flancos ardiendo.

 

Lívida madrugada

cortará el aire denso.

 

Y el rostro que persigo

morirá en el espejo.

 

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