• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Rafael Alberti (II)

   Nació en 1902 en Cádiz, donde murió en 1999. Algunos de sus versos sobre Nueva York formaron parte de una puesta en escena en España, que combinó textos, música e imágenes, “Nueva York, egofui”. Se presentó en enero en Tomelloso, como se reporta en la sección “Cine y Teatro”).

 

   New York

   (Wall Street en la niebla, desde el “Bremen”)

                                                        (fragmento)

 

   Alguien se despertaba pensando que la niebla

ponía un especial cuidado en ocultar el crimen.

   De allí,

de allí salía:

un enloquecedor vaho de petróleo,

de alejados y vastos yacimientos convertidos en cifras,

hacinados por orden en los cofres secretos,

en las lentas, profundas, inconmovibles cajas,

más profundas que pozos aún inexplorados,

puestos allí estos cofres,

puestas allí estas cajas por anónimos,

invisibles, oscuros, explotados,

desamparados hombres macilentos.

   Yo era el que despertaba comprendiendo,

sabiendo lo que era aquel amanecer de rascacielos

igual que verticales expresos de la niebla,

era yo quien oía, quien veía, despertándose.

   De allí,

de allí salían:

un crujido de huesos sin reposo, húmedos, calcinados,

entre la extracción triste de metales,

una seca protesta de cañas dulces derrumbándose,

de café y de tabaco deshaciéndose,

y todo envuelto en un tremendo vaho de petróleo,

en un abrasador contagio de petróleo,

en una inabarcable marea de petróleo…

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.