• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Rafael Alberti (II)

   Nació en 1902 en Cádiz, donde murió en 1999. Algunos de sus versos sobre Nueva York formaron parte de una puesta en escena en España, que combinó textos, música e imágenes, “Nueva York, egofui”. Se presentó en enero en Tomelloso, como se reporta en la sección “Cine y Teatro”).

 

   New York

   (Wall Street en la niebla, desde el “Bremen”)

                                                        (fragmento)

 

   Alguien se despertaba pensando que la niebla

ponía un especial cuidado en ocultar el crimen.

   De allí,

de allí salía:

un enloquecedor vaho de petróleo,

de alejados y vastos yacimientos convertidos en cifras,

hacinados por orden en los cofres secretos,

en las lentas, profundas, inconmovibles cajas,

más profundas que pozos aún inexplorados,

puestos allí estos cofres,

puestas allí estas cajas por anónimos,

invisibles, oscuros, explotados,

desamparados hombres macilentos.

   Yo era el que despertaba comprendiendo,

sabiendo lo que era aquel amanecer de rascacielos

igual que verticales expresos de la niebla,

era yo quien oía, quien veía, despertándose.

   De allí,

de allí salían:

un crujido de huesos sin reposo, húmedos, calcinados,

entre la extracción triste de metales,

una seca protesta de cañas dulces derrumbándose,

de café y de tabaco deshaciéndose,

y todo envuelto en un tremendo vaho de petróleo,

en un abrasador contagio de petróleo,

en una inabarcable marea de petróleo…

 

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