• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Eduardo Milán

 

   Nació en Rivera, Uruguay, en 1952.  Está radicado en México, donde se exiló en 1979 a raíz de la dictadura cívico-militar que asolaba a su país.

 

    Humildad, la fuente inagotable...

 

Humildad, la fuente inagotable

de recursos naturales es un río

que no quiebra, un río

que fue lluvia, una elevada

vertiente que cae

como toda la plata, finalmente.

El hombre del rocío en la cabeza

y en los hombros, el famoso rocío

de los prados, hoy canoso,

no es más que la humildad que anda,

el otrora verdura de las eras, cabizbajo.

No está solo: una bandada

anda empapada como voz de Neruda.

Ese río, dios mortal del mar,

renace en mea culpa de la lluvia.

 

 

   Por qué amo tu locura...

 

¿Por qué amo tu locura,

tu desparpajo, tu falta

de reloj y tus atajos

cuando estoy prácticamente a punto

de caer de cabeza en el abismo?

 

O sea en ti. Pero no sólo

eso: hay mucho más de ti que quiero

y no revelo. Esa lámpara

que enciendes en el fondo.

 

 

 

   Sin profundidad que reubique...

                                                                  A Antonio Ochoa

 

Sin profundidad que reubique

las estrellas en la noche nueva

pasa el poema hacia la pregunta:

¿para qué sirvo? ¿Para qué todo esto?

Desdén, dolor,

desencanto en los ojos antes

encantados, poco pan con mano preparada

por dinero. Para esto:

como alivio del hambre milenaria

de los hombres que no tienen

más que eso.

 

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