• @martamj32
    Eres el primer lugar donde me buscaría
  • @annablue22
    El espejo intacto y nosotros rotos
  • @Hora_Teta
    Algo no va bien y yo voy dentro
  • @sirena_sinmar
    Vivir para regalar flores a los vivos
  • @mikhailenko
    La madrugada es un género literario
  • @ferxdexleon
    Solo con música se le concede a la palabra su breve deseo de muerte
  • @MarilarAlei
    Mi silencio también quiere estar contigo
  • @aquinomires
    Avisadme cuando abrir los ojos merezca la pena
  • @morganfredman
    Llueve como narrando algo. Lluvia ciega.
  • @aliferod
    Con las ganas de irte no te quedes
  • @lilith19751
    No sé decir lo que beso
  • @Tu_Funamiento
    El tiempo no espera a sus acompañantes

Lasse Söderberg

   Nació en Estocolmo, Suecia, en 1931. Desarrolló una gran tarea de traducción, que incluyó a varios poetas latinoamericanos, por los que se declara influido. En junio de 2015 asistió en Buenos Aires al Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro.

 

   También el fuego envejece

                                         A Vicente Aleixandre

 

También el fuego envejece.

Solo está, en su nido negro.

Solo está, con alas plegadas

y ojos ciegos, soñando

labios color tigre

y pétalos color verbo.

Ardía de amor y de olvido,

ardía altamente, y ahora

cuando está casi extinguido,

demora un rubor de ascuas

contradiciendo el infame frío.

Porque también la noche llamea.

También el corazón de la serpiente late.

También las cenizas son águilas que vuelan.

 

 

   Habla el pescador

 

Tuve una barca que largo tiempo y con devoción me sirvió.

Ella pastaba luz de estrellas en el mar y mugía alegremente

cuando regresaba a casa. En torno a su linterna bullían mis

pensamientos. Yo, que nada olvido, he olvidado sin embargo

su camino.

 

Tuve una casa que resistió todos los embates del tiempo.

Estaba construida con ladrillos y precaución. El brasero era su

rojo corazón alrededor del cual la familia se reunía. Pero yo,

que nada olvido, he olvidado dónde está ubicada.

 

Tuve una hija que me dio alegría tan refrescante como el

agua en la maceta de barro, esa que he colocado junto a la

puerta a través de la que ella pasó. Yo, que nada olvido, he

olvidado su nombre.

 

Y entiendo que, aunque nada olvide, ahora soy yo mismo

olvido.

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.