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José Hierro

 

   Nació en 1922 en Madrid, donde murió en 2002. En Getafe, la fundación que lleva su nombre recuerda la figura y obra del escritor, y estimula el quehacer poético y el acercamiento al género con su biblioteca especializada.

 

   Despedida del mar

 

Por más que intente al despedirme

guardarte entero en mi recinto

de soledad, por más que quiera

beber tus ojos infinitos,

tus largas tardes plateadas,

tu vasto gesto, gris y frío,

sé que al volver a tus orillas

nos sentiremos muy distintos.

Nunca jamás volveré a verte

con estos ojos que hoy te miro.

 

Este perfume de manzanas,

¿de dónde viene? ¡Oh sueño mío,

mar mío! ¡Fúndeme, despójame

de mi carne, de mi vestido

mortal! ¡Olvídame en la arena,

y sea yo también un hijo

más, un caudal de agua serena

que vuelve a ti, a su salino

nacimiento, a vivir tu vida

como el más triste de los ríos!

 

Ramos frescos de espuma... Barcas

soñolientas y vagas... Niños

rebañando la miel poniente

del sol... ¡Qué nuevo y fresco y limpio

el mundo...! Nace cada día

del mar, recorre los caminos

que rodean mi alma, y corre

a esconderse bajo el sombrío,

lúgubre aceite de la noche;

vuelve a su origen y principio.

 

¡Y que ahora tenga que dejarte

para emprender otro camino!...

 

Por más que intente al despedirme

llevar tu imagen, mar, conmigo;

por más que quiera traspasarte,

fijarte, exacto, en mis sentidos;

por más que busque tus cadenas

para negarme a mi destino,

yo sé que pronto estará rota

tu malla gris de tenues hilos.

Nunca jamás volveré a verte

con estos ojos que hoy te miro.

 

 

   Variaciones sobre el instante eterno

 

Por qué te olvidas y por qué te alejas

del instante que hiere con su lanza.

Por qué te ciñes de desesperanza

si eres muy joven, y las cosas viejas.

 

Las orillas que cruzas las reflejas;

pero tu soledad de río avanza.

Bendita forma que en tus aguas danza

y que en olvido para siempre dejas.

 

Por qué vas ciego, rompes, quemas, pisas,

ignoras cielos, manos, piedras, risas.

Por qué imaginas que tu luz se apaga.

 

Por qué no apresas el dolor errante.

Por qué no perpetúas el instante

antes de que en tus manos se deshaga.

 

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