• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Leonardo Boix

   Nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1975, y reside desde 1997 en Inglaterra. También narrador, publicó en poesía “Un lugar propio” (Letras del Sur Editora, Buenos Aires, 2015). Asimismo, fue seleccionado en la antología de poesía argentina “Apología 2”, que elaboró el grupo El Mar de Al Lado, con prólogo de Fernando Bogado. A mediados del mismo año trabajaba en un libro con sus poemas en inglés, para publicarlo en Londres.

 

   Barco de Inmigrantes

                                          A Diana Bellessi

El barco que me trajo
había perdido el rumbo
y en lugar de detenerse
en cada puerto con faro,
como estaba acordado
cuidadosamente,
siguió marcha por los océanos
desparejos, hacia la tormenta,
pasajeros desolados,
primera clase,
todos inquietos,
preguntaron incómodos
el destino asegurado,
la instancia del sueño
desde la cubierta, yo
detenido en el tiempo
miraba las gaviotas
comerse los deshechos
suspendidas del cielo
en la inmensidad sin horizonte.
La gente amagaba
a despegarse del intento
y el viaje siguió por arte de magia,
pero nadie se bajó
porque el ritmo lo marcaba
la tripulación estática,
hasta mi Tía Gracia nació a bordo
y el abuelo Raúl piloteaba,
capitán, eslora, camarotes, ensenada
el bisabuelo Ramón y María la siciliana

venían de Corrales, Zamora y San Mauro,

traían la guitarra y los bolsos

apilados,
los inmigrantes del barco que me trajo
no se detuvieron en ninguna parte
vamos todos juntos,
como náufragos,

por este laberinto de profundidades.

 

 

   Esta historia tan mía

 

En la biografía de mi vida

diré cosas como

Sin poder confesarlo”,

Morí tan solo”,

La vida que me fue indiferente”.

El libro tendrá hojas amarillentas,

como escrito en otro siglo,

lo repartiré entre desconocidos,

para que crean que estoy loco,

pondré un puesto en el mercado de los sábados,

y leeré página por página,

aunque nadie me escuche.

En la autobiografía de esta, mi vida

contaré que días antes de su muerte

mamá me dijo: “Recen por mí”.

Y yo le hice caso

y como loco le hablé

a los objetos del más allá,

y una noche de verano y luna llena,

la vi dormir tan quieta,

blanca transparente,

en la habitación de mis hermanas,

le pedí que se quedara,

pero la oscuridad se la llevó

sin importarle.

El libro de mi historia

hablará del pueblo de mi infancia,

del calor de diciembre,

del jazmín del país, de las gardenias

en racimos semi-abiertos,

las calles con olor a mojado,

y el campo con vacas blanco y negro

que veíamos desde la ventana del auto.

Y cuando se agote la autobiografía,

me dedicaré a plantar árboles frutales,

para que la simetría

de lo verde,

me transforme

en jardín exótico

de los trópicos.

 

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