• @monarcamanni
    Cada quien/ le escribe/ a la sed/ que le sostiene
  • @_Annai_
    Precipitado/ los lugares expandes/ beso callado./ Todo el cielo nos llama/ con su alma de montaña.
  • @Anadimeana
    Mira cómo viene la tarde: descalza de voz, vestida en agua y viento
  • @magiamorena
    Un adiós sin maquillaje
  • @carinaldad
    El silencio respira tu perfume
  • @franc_murcia
    La literatura es una infusión de sueños
  • @Indephinida
    Mi niña interior juega con los sueños que yo misma he roto
  • @DeseosCulpables
    Es agotador escribir de amor, y no hacerlo
  • @amanecerdemar
    Hay silencios que sustentan la vida de todas las palabras...
  • @SimoneBella7
    Soy un cuerpo de mil caminos para su tinta desnuda
  • @Luzsoldepapel1
    Día cenizo/ entre la llovizna/ el pájaro afina
  • @danielatome
    La vida y sus dientes de sable y mis ojos, que no terminan de resignarse

Carlos Germán Belli

 

   Nació en Lima, el 15 de septiembre de 1927.En mayo se publicó en España "Estos que son aquí. Antología". En ese país recibió homenajes y realizó lecturas.

 

 

   En alabanza de Lastra y Lihn

 

Aquí la concisión de Pedro Lastra,

aquí de Enrique Lihn la gran facundia,

en uno y otro punto del espacio

de la página blanca ambos presentes

como señal de su naturaleza

tan distinta en el uso de la pluma,

aunque igual los dos van mostrando

todo lo mejor de sus respectivas almas,

en palabras sonoras castellanas

y a lo largo de nuestro siglo XX.

Porque ellos saben cómo al fin

vencer el olvido que por delante asedia:

que vuestra concisión, querido Pedro,

resulta cosa refinada y sabia,

en tanto que es el propio hervor

vital esa facundia vuestra, Enrique,

amigo recordado por siempre entre nosotros.

Y elocuente y lacónico uno y otro,

aquí en letras de molde quedarán

ambos grandes de acuerdo a su manera.

 

 

   Poema

 

Nuestro amor no está en nuestros respectivos

y castos genitales, nuestro amor

tampoco en nuestra boca, ni en las manos:

todo nuestro amor guárdase en un pálpito

bajo la sangre pura de los ojos.

Mi amor, tu amor esperan que la muerte

se robe los huesos, el diente y la uña,

esperan que en el valle solamente

tus ojos y mis ojos queden juntos,

mirándose ya fuera de sus órbitas,

más bien como dos astros, como uno.

 

 

   Ha llegado el domingo

 

     Ha llegado el domingo

y procedo a desollarme como a un oso:

me desenfundo

y exprimo el sucio overol que cubre mi sangre

 

     Caen entonces al fondo de la tina

goterones de sudor frío

pelos erizados

poros entreabiertos por el miedo

 

     Y de inmediato un verde césped reemplaza

                                 / mi antigua piel

 

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