• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Carlos Germán Belli

 

   Nació en Lima, el 15 de septiembre de 1927.En mayo se publicó en España "Estos que son aquí. Antología". En ese país recibió homenajes y realizó lecturas.

 

 

   En alabanza de Lastra y Lihn

 

Aquí la concisión de Pedro Lastra,

aquí de Enrique Lihn la gran facundia,

en uno y otro punto del espacio

de la página blanca ambos presentes

como señal de su naturaleza

tan distinta en el uso de la pluma,

aunque igual los dos van mostrando

todo lo mejor de sus respectivas almas,

en palabras sonoras castellanas

y a lo largo de nuestro siglo XX.

Porque ellos saben cómo al fin

vencer el olvido que por delante asedia:

que vuestra concisión, querido Pedro,

resulta cosa refinada y sabia,

en tanto que es el propio hervor

vital esa facundia vuestra, Enrique,

amigo recordado por siempre entre nosotros.

Y elocuente y lacónico uno y otro,

aquí en letras de molde quedarán

ambos grandes de acuerdo a su manera.

 

 

   Poema

 

Nuestro amor no está en nuestros respectivos

y castos genitales, nuestro amor

tampoco en nuestra boca, ni en las manos:

todo nuestro amor guárdase en un pálpito

bajo la sangre pura de los ojos.

Mi amor, tu amor esperan que la muerte

se robe los huesos, el diente y la uña,

esperan que en el valle solamente

tus ojos y mis ojos queden juntos,

mirándose ya fuera de sus órbitas,

más bien como dos astros, como uno.

 

 

   Ha llegado el domingo

 

     Ha llegado el domingo

y procedo a desollarme como a un oso:

me desenfundo

y exprimo el sucio overol que cubre mi sangre

 

     Caen entonces al fondo de la tina

goterones de sudor frío

pelos erizados

poros entreabiertos por el miedo

 

     Y de inmediato un verde césped reemplaza

                                 / mi antigua piel

 

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