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Pablo García Baena

 

   Nació en Córdoba, España, en 1923. Perteneció al Grupo Cántico. En 2008 obtuvo el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

 

 

    Rumor oculto

 

Quiero que sea mi verso

como luna de abril,

como las rosas blancas,

como las hojas nuevas.

Que mi cítara suene

como el agua en la yedra,

que mi canto sea nada

para que lo sea todo

y que a mis versos caigan

heridas las estrellas.

 

 

   Resplandor aún de día

                          A Vicente Aleixandre

 

Cuántas veces al paso de la noche alejándose,

levedad de una carne todavía entre tus dedos,

esperabas el viejo bus de Torremolinos

entre los iniciados en misteriosos cultos

de madrugada: cáñamo, nórdicos del alcohol,

legionarios, rameras de carmín y cansancio,

sibilas blasfemantes vendiendo lechos gálicos,

senos de parafina equivocando el goce,

el marinero tímido...

 

Furtivamente casi, avergonzado, enfrente

veías auroral lucir la escrita piedra,

fúlgida al resplandor del nombre que enaltece

en perennes palabras: «Aquí vivió...» ¿Quién mira

la lápida y su gloria? Como en hoguera fétida

arde la podredumbre, el sexo se insinúa

bajo el dril, perseguido por ojos ya sin brillo.

Brilla «...el poeta». Oyes el golpe resonante

del mar latiendo apenas, corazón, ala, llanto;

«...el poeta Vicente Aleixandre». Aún joven

lo recuerdas, naranjos del alcázar de Córdoba,

Trastámaras de sombras huyentes por los bojes

geométricos al címbalo de la mañana limpia.

 

Ebriedad de la luz, ebriedad de la palma

en sus ojos sabiendo

y el agua, sus palabras sobre la sed del mármol.

Bebiste la poesía del hontanar más puro.

También en Velintonia con el clauso jardín

y la excusada puerta: diván, tabardo, Góngora

avizor desde frías penumbras velazqueñas.

Allí huerto, vergel, edén o paraíso,

el árbol de su vida creciendo en lumbre, en brasas,

en entrega total, en rapto deslumbrante,

tendía los ramajes ígneos sobre el que llega

palpitante al oráculo,

como cobija el bosque anocheciente al niño.

 

Y es ésta la ciudad, interminable noche

que defiendes tu cripta con uñas de negrura,

de sus días marinos, del dintel de la dicha,

perdidos como un agua desvelada que pasa

silenciosa y no vuelve.

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