• @_marazi
    Sentimos demasiado como para salir ilesos
  • @HilseCaracas
    Se afiebra el corazón cuando la luna se lleva por dentro
  • @LunaFractal
    Escribir, volver a las andanzas
  • @mediamente
    Los tiempos que corren deberían ser detenidos
  • @NicolasPaulsen
    El monstruo niega su soledad multiplicando los espejos
  • @Naomi_Her
    Todas las flores lloran, incluso las que somos de papel
  • @sontusnubes
    El tiempo, para el poeta, habita en los labios
  • @gensoctavia
    Soy un fragmento de mi asombro
  • @patytemple74
    Con dedos de granizo y largas llamaradas, abriendo mi pecho, mil veces traspasado, malherido
  • @silencioenletra
    Soy de las que empiezan a desvestirse quitándose las cicatrices
  • @annemidi
    Inmigrantes de intimidades heridas somos todos
  • @PedroLuna73
    Soñar es un acto político

Denise Levertov

 

   Nació en Inglaterra, en 1923, aunque en 1948 se instaló en Estados Unidos y formó parte de la denominada Generación Beat. Una antología publicada recientemente en España procura rescatar a las poetas norteamericanas de ese movimiento, incluyendo a Levertov, quizá la mujer que más visibilidad logró dentro de aquel impulso que, pese a ser cuestionador del sistema y la cultura imperantes, mantuvo la discriminación de género.

 

   No tener…

 

No tener sino ser.

El corazón negro de la amapola,

ah, yacer allí como semilla.

Transformarse en la amada.

Mientras el mundo termina, entrar

en la última nota de su música.

 

 

   Para Antonio Machado

 

Aquí, en el bosque de la montaña

una pequeña fuente furiosa

se canaliza a través de jóvenes árboles huecos

hacia un gran tanque de madera biselado con musgo,

y desde allí se desborda a una cisterna de cemento

y desde la cisterna, apaciblemente

en modestos arroyuelos

a la pradera donde pastan las vacas

y encrespados claveles salvajes, blancos y dulces

crecen al borde del sendero.

Machado,

                  viejo hombre,

                                            hombre muerto,

                  quisiera que estuvieses aquí, vivo

para beber de la fría, fiel primavera con sabor a tierra

recibir las numerosas voces

de este arroyo,

ver sus danzas de furia y de ternura,

y escribir el poema austero

que hubieras visto en él.

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