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    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
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    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Vicente Aleixandre

 

   Nació en Sevilla, el 26 de abril de 1898, y murió en Madrid, el 13 de diciembre de 1984.

 

 

   Después del amor

 

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,

como el silencio que queda después del amor,

yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo

hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.

Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir retraído.

Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace

              un instante, en desorden, como lumbre cantaba.

El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su

              forma continua,

para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de la llama,

convertirse otra vez en el cuerpo veraz que en sus límites se rehace.

 

Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios,

              delicadamente desnudos,

se sabe que la amada persiste en su vida.

Momentánea destrucción el amor, combustión que amenaza

al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,

sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas

la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente la vida,

la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad nos llamaba.

He aquí el perfecto vaso del amor que, colmado,

opulento de su sangre serena, dorado reluce.

He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado pie,

y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,

la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa nacido,

y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro

              amor, que allí lúcido vela.

En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla

              caldea sin celo,

está la boca fina, rasgada, pura en las luces.

Oh temerosa llave del recinto del fuego.

Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,

mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.

 

 

   Adolescencia

 

Vinieras y te fueras dulcemente,

de otro camino

a otro camino. Verte,

y ya otra vez no verte.

Pasar por un puente a otro puente.

-El pie breve,

la luz vencida alegre-.

 

Muchacho que sería yo mirando

aguas abajo la corriente,

y en el espejo tu pasaje

fluir, desvanecerse.

 

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