• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
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    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
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    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
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  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
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  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Jorge Boccanera (III)

 

   Tres poemas enviados a www.lapoesiaalcanza.com.ar por el poeta argentino Jorge Boccanera (Bahía Blanca, 1952), que forman parte de su obra “Monólogo del necio”, que publica en México en los primeros días de diciembre, en la Feria del Libro de Guadalajara, la Editorial Arlequin. El libro contiene también “Palma Real”, obra con la que Boccanera obtuvo en 2008 el premio Casa de América, que se otorga en España.

 

 

   ANIMALES BORROSOS

                                                     a Juan Manuel Roca

 

Muñón obsesionado, cede el paso,

hay que entregar un sueño,  muerto y alerta, tiritando.

Hurga entre los vendajes del aliento, respírale en la cara

al infortunio y acuéstate a dormir junto a los animales

   borrosos del enigma.

Interroga despojos del silencio en los huesos quebrados

del poema, sube a los carromatos donde viaja la orquesta

   con su tos de perro,  

busca un trofeo de aullidos en el océano de la noche.

 

No alimentes palabras como plantas carnívoras ni

   remiendes plegarias.

Calcula con navajas el azar y separa las hebras  del deseo. 

Luego, a lo tuyo:

escribirlo como la bestia, corregirlo como la bella.

 

Hacerlo y deshacerlo con tu puñal al cinto y el oído

   en el polvo

donde murmura el rastro de la presa y habla una estela

   de humo.

 

A esa ferocidad habrá que desollar, arrancarle colmillos,

arrebatarle el cuero, las aletas, desplumarlo y hervirlo hasta

   que se consuma  

y solamente quede al fondo de la olla,

   polvo de una pregunta.

 

 

   LA TORRE ROJA

 

Avisos luminosos se encienden y se apagan.

Sobre la torre roja me toca vigilar:

cada chispa en la almohada,

la boca de mi madre con dos vueltas de llave,

las palabras que cuentan y los días contados,

las linternas que talan la noche de los sueños,

las vísceras al aire de la selva.

 

Se encienden y se apagan marquesinas.

Me toca resguardar:  

la lengua en llamas de la sordomuda, 

el camino salvaje,

las ollas donde hierve sus colores el bosque,

las cartas del exilio que te rompen la boca

y el que maquilla espejos con estrellas de talco.

 

¿Y los escombros que acarrea el insomnio?

¿Y el ahogado golpeándome la puerta?

¿La que busca en el horno la rosa de la muerte?

 

Sobre la torre roja yo vigilo. 

El ojo del patrón engorda el ganado.

 

 

   AFANES DEL POETA

                                                     a Oscar Hahn

 

Paso el peine,

quito las hojas secas, lo ampuloso,

el oropel y el loro,

los piojos del decir.

 

¿Me salvé por un pelo?

¿Hubo un pelo en la sopa?

 

Otra vez paso el peine, es un peine muy fino,

quito la carambada,

las enumeraciones de la trenza, lo brumoso

y sus rulos.

 

De nuevo paso el peine,

saco el abrojo y el aceite rancio,

el comején,

el troppo ma non troppo.

 

Por las palabras, por los sueños

paso una vez, paso otra vez el peine.

Busco lo despojado, ese vislumbre,

lo desguarnecido.

 

Otra vez paso el peine

por la cabeza calva de la vida.

 

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