• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Juan Calzadilla

 

   Nació en Altagracia de Orituco, Venezuela, en 1931.

 

   Escrito en el álbum de Emily

 

¿En dónde reside la grandeza de Emily?

En su jardín. En el asombro menudo de las hojas,

en los charcos con sapitos y légamos,

en la azucena y en la alondra,

en la abeja dactilógrafa

y hasta en una mosca espiando

por el vidrio de su ventana.

De la palabra mármol no le hablen. La empleó

contadas veces como cuando

a Amherst llegaron tropas del Norte

y ella para manifestar su agradecimiento

se imaginó cual doncella de Orléans

simulando en el mármol

tallados con su fe

unos labios para siempre sonrientes.

 

 

   Las palabras

 

No sé si las palabras reconocen

tan bien como el pan su sitio en la mesa.

Si poseen instinto para diferenciar a su dueño

con la precisión con que lo hace

el olfato del perro.

Si como el pan y el vino ocupan

un lugar exacto en la mesa

comunicando calor a las manos seguras

de alguien que sabe en este momento

lo que quiere. Si viven en su fuero a merced

de  lo que se espera de ellas tercamente

prestas a confiarnos,

cuando lo solicitemos,

el poema. O si, menos dadivosas que el pan,

sólo renuentemente y con rabia

sabias por fin entregan sus vidas oscuras y turgentes

a quienes, poniéndoles cerco,

obstinadamente ensayan descifrar sus misterios.

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