• @nimarlu
    De tristezas que no dejan costura por reventar y de otros amores impensables
  • @L0laM0ra
    Suelen anidar las ilusiones en la tímida noche buscando la última estrella
  • @monarcamanni
    Lo que nos rompa primero: el olvido o una canción
  • @Anadimeana
    Algunos inundan puentes y ventanas, otros llueven estrellas: cada palabra con su mano vuela
  • @xhuvia922
    Las esponjas del mar borran el horizonte
  • @nancyeldarjani
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  • @DeNegraTinta
    También te quiero a deshoras
  • @DLobosyQuimeras
    Barcos de papel en dique seco
  • @LaPetit10
    Yo ya no quiero sueños intocables
  • @BlueDement_
    El día que te conozcas, vas a enamorarte de mi
  • @RecMaria
    El tiempo matará lo que no defiendas
  • @EstebanPerezsan
    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño

Jorge Boccanera (II)

 

   Nació en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1952.

 

   Cuaderno de Ana Frank

 

   I

 

Duermo la noche de la presidiaria.

Grandes olas de trapo para un cuerpo pequeño.

Los mismos corazones que hablan con el aullido de los

         monos y besan como joyas hambrientas.

Vientos del país del diablo me relatan largas historias

         de gente cuerpo a tierra.

Donde estaba mi calle, una almohada se pudre bajo los

         aguaceros.

Y soy la noche de la presidiaria, que sueña con

         linternas que talan todo el bosque.

Apenas.

Una caja de música en la parte más alta de la hoguera.

 

 

   II

 

No hay otra que bañarse en un fuentón a oscuras.

Otros se bañarán bajo la ducha y entonarán canciones,

pero aquí será siempre un fuentón y un profundo

          silencio.

Afuera, vigilan cada calle, cada piedra en la calle,

aquí la oscuridad abre su boca

y yo salgo a pelearle con un jabón pequeño y perfumado.

 

 

   III

 

Busco el centro del silencio, ahí está, lo tengo. Apunto

bien y arrojo al suelo un plato sopero de la vajilla de la

señora Van Pels. No hago añicos el plato, hago pedazos

al silencio. Y el silencio me mira con sus pedazos

regados por el suelo. Ahora todos están furiosos

conmigo. Somos apenas un plato quebrado contra el

piso. Esta noche soñaremos con el bombardeo.

 

 

   IV

 

Estoy agarrada al filo de una callecita.

Mis ojos me sostienen.

Cuelgo de una cornisa. Hay una calle angosta tallada en

          el abismo.

El miedo de los hombres ha rodeado mi casa.

Me sostiene una risa de metales preciosos,

una ronda que juega con mis pasos, me da confianza

          un árbol que se truena los dedos.

 

 

   V

 

Mucho más que estar sola,

alejada de los demás,

es estar sola, así,

sin los demás, por eso

yo voy siendo los otros,

y decir estoy sola

es nombrar mucha gente.

 

 

   VI

 

Hoy nos toca paseo

y vamos a subir por la escalera.

Tomados de la mano, en un peldaño y otro

vamos a regresar por la escalera.

La escalera es redonda como el mundo antes de

          ser redondo.

Tal vez la vida sea un sueño repetido: el acero del

          hacha contra un árbol de arena,

la escalera me lleva, me trae, de ningún lado.

Yo sé cuántos peldaños tiene, es un número inútil.

Cuando puedo elegir escojo la baranda. Es suave y

          es muy firme.

Todo se ve distinto desde arriba.

Abajo cruje un mar inmenso. Entre una tabla y

otra, brillan las estrellas hundidas.

Hoy me toca paseo, por eso estoy al pie de la

          escalera.

Y vamos y venimos agarrados del brazo.

Cuando subo saludo a los que bajan.

Cuando bajo saludo a los que suben.

 

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