• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
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    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
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    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
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  • @NaEnEspiral
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  • PacoParra14
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  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

Pablo Neruda

 

   Nació el 12 de julio de 1904 y por ello se están realizando en Chile recordaciones, lecturas y homenajes, y las llamadas “intervenciones urbanas”, así como donación de libros.

 

 

   Walking around

 

Sucede que me canso de ser hombre.

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro

navegando en un agua de origen y ceniza.

 

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.

Solo quiero un descanso de piedras o de lana,

solo quiero no ver establecimientos ni jardines,

ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

 

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas

y mi pelo y mi sombra.

Sucede que me canso de ser hombre.

 

Sin embargo sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado

a dar muerte a una monja con un golpe de oreja.

Sería bello

ir por las calles con un cuchillo verde

y dando gritos hasta morir de frío.

 

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,

vacilante, extendido, tiritando de sueño,

hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,

absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

 

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba,

de subterráneo solo, de bodega con muertos

ateridos, muriéndome de pena.

 

Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

 

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,

a hospitales donde los huesos salen por la ventana,

a ciertas zapaterías con olor a vinagre,

a calles espantosas como grietas.

 

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos

colgando de las puertas de las casas que odio,

hay dentaduras olvidadas en una cafetera,

hay espejos

que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,

hay paraguas en todas partes, y venenos, y

ombligos.

 

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,

con furia, con olvido,

paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,

y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:

calzoncillos, toallas y camisas que lloran

lentas lágrimas sucias.

 

  

   El canto

 

La mano en la palabra,

la mano en medio

de lo que llamaban Dios,

la mano en la medida,

en la cintura del alma.

 

Hay que alarmar las cajas del idioma,

sobresaltar hasta que vuelen

como gaviotas las vocales,

hay que amasar

el barro

hasta que cante,

ensuciarlo con lágrimas,

lavarlo con sangre,

teñirlo con violetas

hasta que salga el río,

todo el río,

de una pequeña vasija:

es el canto

la palabra

del río.

 

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