• @Cataperdis
    ¿Cuándo dejamos de bailar solo porque nos estaban mirando?
  • @Lestat1414
    La realidad es una fantasía que se rindió
  • @sylviopolis
    Las personas se van y se llevan sus campos semánticos
  • @Ohzolli
    Ese ángel se llama ausencia. Cuando nos nombra, seguimos siendo ciertos
  • @poeticsilence__
    La madrugada es el primer ojalá
  • @carolineberl
    Mi golpe de suerte fue con un libro
  • @ITalkToRainbows
    Con tanta tecnología ya no se pierden los corazones como antes
  • @karla77_karla
    Uno se reinventa sin remedio cuando el amor ensordece
  • @sognos_
    Deberíamos pagar las consecuencias por adelantado
  • @NaEnEspiral
    Un Nosotros siempre es un dogma de fe
  • PacoParra14
    Échale más tinta a la herida
  • @Srta_Guacamole
    Era música para mis rugidos

José Saramago

   Nació en Azinhaga, Santarém, Portugal, el 16 de noviembre de 1922, y murió en Tías, Lazarote, España, el 18 de junio de 2010.

 

   No escribas poemas de amor

 

                                 Rainer María Rilke

 

 

¿Por qué, Rainer Maria? ¿Quién le impide

Al corazón amar, y quién decide

Las voces que en el verso se articulan?

¿Qué nos impone la gallina ciega

De sumar infinito a infinito?

La tan larga escalera que subiste

Se ha roto en el vacío, cuando la sombra

Del Otro en los peldaños se repartía.

Al vértigo aéreo de tu vuelo

Opongo yo la dimensión del paso,

Terrestre soy, y de este ser terrestre,

Hombre me digo hombre, poemas hago.

 

 

   Declaración

 

No, no hay muerte.

Ni esta piedra está muerta,

Ni muerto está el fruto que ha caído:

Les da vida el abrazo de mis dedos,

Respiran en la cadencia de mi sangre,

Del aliento que los ha tocado.

También un día, cuando esta mano se seque,

En la memoria de otra mano perdurará,

Como la boca guardará callada

El sabor de las bocas que ha besado.

 

 

   Amanecer

 

Navego en el cristal de la madrugada,

En la dureza del frío reflejado,

Donde la voz ensordece, laminada,

Bajo el peso de la noche y el gemido.

 

Abre el cristal en nube desmayada,

Huye la sombra, el silencio y el sentido

De la nocturna memoria sofocada

Por el murmullo del día amanecido.

 

 

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