• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
  • @Tu_Infortunio
    Te espero después de la última vez
  • @esthercbrls
    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

José Saramago

   Nació en Azinhaga, Santarém, Portugal, el 16 de noviembre de 1922, y murió en Tías, Lazarote, España, el 18 de junio de 2010.

 

   No escribas poemas de amor

 

                                 Rainer María Rilke

 

 

¿Por qué, Rainer Maria? ¿Quién le impide

Al corazón amar, y quién decide

Las voces que en el verso se articulan?

¿Qué nos impone la gallina ciega

De sumar infinito a infinito?

La tan larga escalera que subiste

Se ha roto en el vacío, cuando la sombra

Del Otro en los peldaños se repartía.

Al vértigo aéreo de tu vuelo

Opongo yo la dimensión del paso,

Terrestre soy, y de este ser terrestre,

Hombre me digo hombre, poemas hago.

 

 

   Declaración

 

No, no hay muerte.

Ni esta piedra está muerta,

Ni muerto está el fruto que ha caído:

Les da vida el abrazo de mis dedos,

Respiran en la cadencia de mi sangre,

Del aliento que los ha tocado.

También un día, cuando esta mano se seque,

En la memoria de otra mano perdurará,

Como la boca guardará callada

El sabor de las bocas que ha besado.

 

 

   Amanecer

 

Navego en el cristal de la madrugada,

En la dureza del frío reflejado,

Donde la voz ensordece, laminada,

Bajo el peso de la noche y el gemido.

 

Abre el cristal en nube desmayada,

Huye la sombra, el silencio y el sentido

De la nocturna memoria sofocada

Por el murmullo del día amanecido.

 

 

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