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Nueva investigación de la etapa de García Lorca en Nueva York

¿Todo está examinado y dicho sobre la etapa crucial de Federico García Lorca en Nueva York, en 1929 y 1930? El investigador español José Antonio Llera Ruiz está convencido de que faltaba bastante por ver y se aboca al menos a una parte, tratando de situarse junto al poeta granadino en la ciudad estadounidense.

 

   Aunque parte de reconocer que “Poeta en Nueva York” es una obra muy explorada por estudiosos y críticos virtuosos, Llera buscó internarse en Nueva York y acercarse cuanto fuera posible para observarla y sentirla como pudo hacerlo Federico, y por eso se informó sobre cómo eran sus calles en la época, el cine y en general todas las expresiones artísticas.

   Con esa óptica escribió “Lorca en Nueva York: una poética del grito”, publicada por Reichenberger, en Kassel, Alemania.

   José Antonio Llera Ruiz nació en Badajoz, en 1971, y en junio de 2017 ganó el XVII Premio Internacional Gerardo Diego, un concurso sobre investigaciones literarias, con un trabajo sobre el poeta Miguel Labordeta.

   En el diario La Opinión de Murcia, Francisco Díez de Revenga, al dar cuenta de la novedad editorial, destaca “el acierto de Llera, que reconoce en las primeras páginas de su libro lo que numerosos ensayistas y críticos aportaron a la comprensión del libro”.

   “Mientras que los anteriores estudios enfocaban el libro muy legítimamente teniendo en cuenta a su autor y las circunstancias vitales en que Lorca escribió su obra, Llera se sitúa en la propia ciudad de Nueva York en 1929 y recupera, como elementos que le ayudan a comprender a Lorca y a sus poemas, las numerosas y sorprendentes intersecciones entre literatura, pintura, fotografía y cine de ese momento histórico que tienen a Nueva York como protagonista”.

   La reseña dice que el libro tiene tres capítulos que “llevan unos títulos que quizá puedan asombrar en un primer momento: el vómito, la sangre y la orina, pero no han de extrañar estos términos por varias razones”.

   Es que, dice el investigador, se trata sobre todo de “un libro sobre el cuerpo y sus representaciones. El cuerpo y el deseo como reflejos de un amor atormentado, en el que confluyen lo individual y lo colectivo. La segunda razón es que estos términos tan escatológicos están, como el grito, en los títulos y en los contenidos de poemas muy sustanciales del libro neoyorquino”.

   Así ocurre, dice, con el vómito en “Paisaje de la multitud que vomita (Anochecer de Coney Island)”, orina en “Paisaje de la multitud que orina (Nocturno de Battery Place)”, y la sangre en “Vuelta de paseo y Nueva York”.

   Díez de Revenga agrega en La Opinión de Murcia que “esta división se corresponde con tres estadios: el cuerpo mutilado, el cuerpo sacrificado y el cuerpo como objeto de suciedad y humillación. Entre rosas de carburante y la quijada fría de los metales, persignándose sobre el humo granulado de los barcos, Lorca canta el misterio del deseo con las piernas azotadas, el misterio del cuerpo sometido o el de aquel que transgrede la norma y es castigado en su pureza”.

 

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