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Alejandra Pizarnik escribía como vivía, "al borde del abismo"

Alejandra Pizarnik escribía "al borde del abismo todo el tiempo", como reflejo de su propia situación personal o su estado existencial, porque ella misma "estaba al borde del abismo".  Así lo afirma Ivonne Bordelois, la ensayista argentina que mantuvo una relación muy intensa con la poeta, con quien compartió lecturas, indagación en la literatura y una actividad periodística que incluyó un reportaje a Jorge Luis Borges.

 

   De ella y de su poética aprendió "ese mirar detrás de lo que se dice, a través de lo que se dice y cómo se afina el sentido musical", agregó.

   Ivonne Bordelois, licenciada en Letras en la Universidad de Buenos Aires y con estudios en La Sorbona, publicó como ensayista los libros "Correspondencia Pizarnik", "La palabra amenazada", "El país que no habla" y "A la escucha del cuerpo".

   La entrevista a Jorge Luis Borges es uno de tantos momentos especiales que compartió con Alejandra Pizarnik. "Ella trabajaba para una revista venezolana que se llamaba 'Zona Franca',  le pagaban muy bien y le habían pedido entrevistas".

   Eran mediados de los años 60. "La mayor parte de las preguntas las preparó Alejandra. Ella era muy buena entrevistadora y yo me reservé dos o tres preguntas".

   El encuentro, relató al diario Página/12, había sido en París, unos años antes, cuando las presentó una tía de Bordelois que vivía en la capital francesa.  "Mi tía hizo de nexo entre nosotras, nos invitó a un pequeño restorán y ahí comimos con Alejandra, y allí arrancó nuestro vínculo. Alejandra se presentó vestida de camionero, puteando, carajeando, muy provocativa, un tanto lumpen, ella quería evadir la trampa de las señoras burguesas de Buenos Aires, pero a lo largo del almuerzo me di cuenta de que era una persona de enorme talento, por las cosas que decía, por el sentido crítico y por su humor. Intercambiamos las direcciones y después nos empezamos a ver".

     Siguieron encuentros en París. Alejandra "tenía un samovar en un departamento con un desorden indescriptible, pero ahí escuché las mejores ficciones literarias de mi vida y era muy interesante, porque yo podía confrontar desde los clásicos franceses, Mallarmé, Valéry, Rimbaud, todos ellos, y compararlo con lo que me decían a mí en La Sorbona. En general era más interesante lo que decía Alejandra, se apartaba de todo el aparato académico pero leía a fondo cada palabra".

   Bordelois fue la primera de las dos en regresar a Buenos Aires. Se escribieron hasta que la poeta llegó también a la capital argentina. Relató: "Escribimos juntas varios artículos. Pero cuando estuvo allá fue muy amiga de Octavio Paz, de Julio Cortázar".

   Acerca de si compartían lecturas de poesía y discutían de lo que Alejandra escribía, afirmó que "los poemas de 'Los trabajos y las noches' y de 'Árbol de Diana' los empezamos a trabajar en París y lo continuamos acá. Notaba un estilo que no se parecía a ninguno y además ella tenía mucha confianza con respecto a un tema muy delicado que en general no se trabaja mucho entre poetas, y es cómo se ordenan los poemas de un libro". 

   Sergio Kisielewsky, periodista de Página/12, le preguntó si a Pizarnik "le preocupaba más sugerir que decir en un poema". La ensayista respondió: "Sí, e ir a través del silencio, ciertas pausas que tenía que asombran. A ella lo que le importaba era cómo transfigurar el lenguaje, cómo el lenguaje podía de alguna manera transformar la vida, porque la vida iba transformándose y había que encontrar el lenguaje que iba acompañando esa transformación y creando él mismo esa transformación. Ella no sólo leía poesía sino a los ensayistas de esa época: Bachelard, Michaux, Rimbaud, Baudalaire, eran como biblias para ella".

   Sobre si "vio venir el final trágico" de Pizarnik, expresó: "Ella era un persona que escribía al borde del abismo todo el tiempo; ella estaba al borde del abismo. En París la habitaba una especie de energía, fue un momento muy bueno, y cuando ella volvió tienen mucho éxito sus libros de poemas, obtiene el Premio Municipal de Poesía, algo extraordinario, al fin y al cabo ella era muy joven y no tenía tanta obra publicada. Ahí ella se afirma y empieza a tener un grupo de admiradores que están cerca de ella o de colegas como Manuel Mujica Laínez y poco después obtiene la beca Guggenheim y se va a Estados Unidos".

   Agregó que además de una nueva etapa en París no tan fructífera como la primera, a su regreso a Argentina murió su padre y "fue un golpe tremendo para ella".

   "Ahí empieza un poco el derrumbe. El otro tema es que desde adolescente se había acostumbrado a tomar anfetaminas para estar delgada y también tuvo varios desencuentros amorosos", continuó.

   Justo en ese período Bordelois se fue del país, porque había sido despedida de la Universidad durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. En la correspondencia de este período hasta 1972, año de la muerte de la poeta, ya se notaba "un desencanto", junto con un estado de ruptura con su poética anterior. Como se sabe, fue hospitalizada bajo un sistema ambulatorio, y en una de las salidas se quitó la vida.

   Acerca del legado de la poesía de Pizarnik, la ensayista lo consideró en peligro, porque "el posmodernismo borró todo, empañó todo, ironizó todo, porque ella fue muy lejos, fue hasta la frontera de lo decible".

   La nota completa está disponible en este enlace:

https://www.pagina12.com.ar/54935-era-una-persona-que-escribia-al-borde-del-abismo-todo-el-tie

 

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