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"Si hay tinta, se escribe con tinta. Si hay sangre, se escribe con sangre", dice el mexicano Rodrigo

El poeta escribe con los materiales disponibles. Si impera la luz, serán versos con luminosidad, pero si hay sangre "escribe con sangre". Son palabras del mexicano Balam Rodrigo, quien intenta llevar poesía a sectores de las ciudades y pueblos de su país más asolados por la violencia y la desigualdad.

 

   La poesía mexicana, dice, está en una disyuntiva, entre dar testimonio de la tragedia diaria o en cierta forma apartarse, para seguir un curso separado de esa realidad.

   Balam Rodrigo nació en Villa de Comaltitlán, Soconusco, Chiapas, en 1974. Fue jugador de fútbol y esa es una pasión que no se ha apagado. De hecho, en diálogo con La Poesía Alcanza, traza permanentemente conexiones entre ese juego y la escritura, además de que las proezas en las áreas, las fintas y la pasión en las tribunas le sirven para entrar en diálogo con jóvenes mexicanos vinculados con la violencia, con quienes termina hablando de poesía.

   Además de su país, cuenta con publicaciones en Chile, Guatemala y España, y ganó varios premios, entre ellos el Jaime Sabines, en 2014.

   Sobre lo que se llevó de su participación en el Festival Internacional de Poesía de Medellín 2017, realizado en julio, mencionó "la enorme voluntad de cambio del pueblo colombiano, que se refleja en el Festival, que tiene casi treinta años".

     "Me parece que el pueblo colombiano se cansó de la violencia y uno lo puede ver en todos sus espacios", dijo, para agregar que el trabajo que realiza en Medellín la Corporación Prometeo "permite asomarnos a una ventana de reestructuración del tejido social".

     Así se comprueba "cuando uno se pone a leer junto con los compañeros, con decenas y cientos de personas, cuando en otros lugares estos locos pasaríamos desapercibidos… Personas que van a eso, llegan específicamente a escuchar poesía, a disfrutar, a llenarse de placer durante horas".

   En el Festival de Medellín "se busca la participación activa, no pasiva", a diferencia de la práctica en otros países, donde por ejemplo son llevados estudiantes a un recital, lo cual es "un reflejo de las políticas de proselitismo colonialista, de darle a los chicos alguna especie de favor con tal de que vayan".

   Rodrigo dijo que lo llamativo de Medellín es que "en un tiempo de inmediatez, de velocidad, de vértigo informático, hay personas que aportan su presencia a la poesía, su participación muy activa, se detienen por horas a estar en esa hoguera  que es la hoguera del lenguaje, de la poesía".

   La Poesía Alcanza le mencionó que el Festival de Medellín mostró a una poesía colombiana muy atenta a la expectativa de paz, una poesía que evoca a los desaparecidos, y le preguntó si en México, dada la situación de crisis que sufre el país, sucede algo similar.

   "Como conciencia no está amalgamada entre los poetas -respondió-. De hecho hay una disyuntiva: hay quienes insisten y persisten en que no debe ser esa la vía en que debe comunicarse de algún modo este reclamo, que la poesía tiene y debería tener otras maneras, otros derroteros, menos la vía de lo testimonial, incluyendo allí lo social, lo político, lo ideológico, o lo que llaman poesía comprometida, y que yo prefiero llamar testimonial".

   Agregó que "no está amalgamado, además, por ser un país tan extenso, y con aproximadamente 70 por ciento de ingobernabilidad de todo el territorio nacional, porque el narcotráfico tiene ahí el control. El resultado es esa guerra fratricida, emprendida contra estos poderes fácticos del narcotráfico, es decir del gobierno mexicano contra sí mismo, porque son sus intereses".

   Ante ese panorama, "hay una serie de escritores, tanto jóvenes como mayores, que si bien incluso en un principio eran reticentes a escribir poesía testimonial, la violencia ha sido tal que les ha llegado, ha resquebrajado su antigua visión de esta poesía límpida, bien escrita, perfecta, didascálica, clara, concisa, y que utilizaba la vía de la conversación para comunicar sentimientos de otra naturaleza".

   No obstante, dijo Rodrigo, "sigue siendo criticada todavía la poesía testimonial, que es más cruda. Hay que decir lo que hay que decir con lo que se tiene. Si yo tengo tinta para escribir, escribo con tinta, si hay sangre, escribo con sangre. Si hay luz, seguramente escribo de la luz, pero si tengo oscuridad, si tengo dolor, voy a escribir sobre eso. Por fortuna, poesía testimonial como la de Efraín Huerta, Abigael Bohórquez, Miguel Guardia, Ramón Martínez Ocaranza, Juan Bañuelos, Oscar Oliva, la espiga amotinada que surgió en algún momento de esa poesía, es ahora más vigente que hace cincuenta o sesenta años".

   Expresa extrañeza porque no haya "un movimiento incluso en Chiapas, donde soy originario, de una poesía propia, e excepción de la que hicieron los zapatistas. Eso es extraño. Lo que sucede es que los golpes, el dolor por el derrocamiento de esa estructura de clases castiza y muy colonial, todavía no termina de pasar por la garganta el trago amargo de tener que romper su ego y reconocer mayor igualdad e integración en Chiapas. Es uno de los temas de mi interés en la poesía".

   En su caso, la realidad se impone en su escritura poética. "Temas principales, como lo son 300 mil muertos y desaparecidos en los últimos veinte años de la guerra contra el narcotráfico, y a eso hay que sumarle más de cien mil centroamericanos muertos. Son cifras escalofriantes. No puedo dejar de hablar de eso en mi poesía. Y por fortuna hay una serie de escritores y artistas que estamos formando colectivos y levantando la voz".

   Insistió en el valor testimonial de la poesía, que no está sometida a intereses mercantiles, "como el auto-ayuda o la superación personal, o los libros que intentan explicar fenómenos de moda, desde los diarios o las revistas que comunican los chismes. Lo que tiene la poesía es que es intemporal y no es vendible, porque es cercana a la conversación, a la charla, y eso no se puede vender, no se puede tasar como una novela o un libro de historia. Entonces no permite que se la mercantilice".

   Esa condición "la hace más cercana a una forma intemporal de arte que intenta rehumanizar, recordarnos el asombro, la maravilla, la fascinación, pero también la condición humana profunda, el dolor, la oscuridad, la muerte, la terrible orfandad, y eso permite precisamente que la poesía sea una forma de comunicación".

   Sobre su trabajo en las zonas "duras" de la violencia, Rodrigo dijo que da talleres en 28 estados (provincias o departamentos). Tras definir a Guerrero como el lugar más peligroso en que asistió a hablar de poesía, relató que "me aproximo a ellos a través del futbol y la literatura, o también de la canción popular, que está muy cercana del romancero. Porque es lo que tiene la gente en lo inmediato"

   El hip-hop, "la canción popular que se escucha todos los días, tienen algo de la estructura de la poesía, y me sirve como llave de ingreso, como pretexto, para ir platicando. Les paso poemas musicalizados. Vamos charlando en torno de la cultura popular, y entonces después uno puede meter la cuña y ya están leyendo un poema".

   El poeta explicó que "esas estructuras verbales que son las canciones las veo como jaulas, a veces sin ningún pájaro cantor, o con un pájaro mecánico que está repitiendo sus rimas una y otra vez. Lo que yo intento hacer es que las personas vean la jaula, cuenten dos o tres barrotes, que se den cuenta que es una jaula, pero que no hay pájaro ahí. Y que se den cuenta que el pájaro invisible de la poesía puede estar en una rama, en su casa, cantándoles al oído".

   En cuanto a la relación entre el mundo digital y la poesía, sostuvo que "el peligro que se vive es cuando se comienza a tasar una poesía, un autor, un poema o un libro, a través de la popularidad cibernética. Tenemos a un chico adolescente que escribe toda suerte de cosas sobre lo que las hormonas causan en su cuerpo, y cuando le dan diez mil o cien mil 'likes' eso se hace atractivo para una editorial. Hay editoriales españolas que tienen una deshonestidad porque ya no publican obras de arte, publican simples revistas de la vanidad, de lo efímero, porque les rinde mucho". 

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