• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
  • @vidoq66
    Soy un fantasma triste en el cementerio de almas que es la ciudad
  • @marga_canseco_r
    Vendemos al mundo para comprar fuego, nuestro camino iluminado por hombres en llamas
  • @Tu_Infortunio
    Te espero después de la última vez
  • @esthercbrls
    Me asusta la mujer que me contempla desde el espejo
  • @osorio_jl
    La piel es la superficie del mar que te asola
  • @Desbalagada
    Qué puedo decir que no hayas leído
  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Espacio Abierto

Gustavo D'Orazio, de Argentina

 

   Poema enviado por Gustavo D’Orazio, de Buenos Aires, Argentina, quien publica en el espacio gdorazio.blogspot.com.ar.

   También está presente en Twitter, en la cuenta @gustavodorazio

 

 

   Romance

 

Lo nuestro fue un romance de lobos.

Salvaje. Aullado.

Carente de divinas palabras.

Despedazado el otro, con olor a rabia, fugamos al bosque. (*)

 

(*) Inspirado en el autor español Valle-Inclán

Diana Letícia Flores Azuara, de México

 

   Poema enviado por Diana Letícia Flores Azuara, de Pachuca de Soto, Hidalgo, México (presente en Twitter, en: @dianalefaz @sollariumle).

 

 

   Poema 4.9

 

Como dos paraguas mojados, que encierran en catástrofe de relámpagos fríos, tela cristalizada y jirón destellado…
Como dos bifurcaciones externas y sensibles en coordinación desnuda que toman y colorean, que hacen y deshacen... 
Como dos sustantivos abstractos sin predicado, perdidos, que levitan sobre aureolas parlanchinas, el encaje en extensión de terciopelo, un detalle escondido de posición la lectura de multiconceptos, que cobijan y saben a temperatura, paseando por el más sensible mapa del cosmos con música de la orquesta de un viento desdoblado... 
Ocupa arcilla pigmentada en sus más íntimos colores, como acuarelas en primavera, donde surgen fugaces y se acomodan a la altura de las caderas, entretejiendo lunares que parlotean y proliferan antítesis cálidas
Continúa el magnánime evento como ovoide en su única línea infinita, con sensaciones interminables, accionado desde adentro, sumergido desde fuera, puede ser tan sólo el epicentro en sus dedos con medida nueve, que electrizan y cablean, y las únicas culpables son sus manos

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