• @martamj32
    Eres el primer lugar donde me buscaría
  • @annablue22
    El espejo intacto y nosotros rotos
  • @Hora_Teta
    Algo no va bien y yo voy dentro
  • @sirena_sinmar
    Vivir para regalar flores a los vivos
  • @mikhailenko
    La madrugada es un género literario
  • @ferxdexleon
    Solo con música se le concede a la palabra su breve deseo de muerte
  • @MarilarAlei
    Mi silencio también quiere estar contigo
  • @aquinomires
    Avisadme cuando abrir los ojos merezca la pena
  • @morganfredman
    Llueve como narrando algo. Lluvia ciega.
  • @aliferod
    Con las ganas de irte no te quedes
  • @lilith19751
    No sé decir lo que beso
  • @Tu_Funamiento
    El tiempo no espera a sus acompañantes

Espacio Abierto

Ana Vicente, desde Viena

   Poema enviado por Ana Vicente, de Guadalajara, España, y residente en Viena.

   La autora publica textos en el espacio www.elocasodeana.wixsite.com/blog

 

 

   La asfixia en la ciudad

 

Brilla el sol por la ventana
y yo aquí,
entre cuatro paredes
encerrada.
Una asfixia sin color,
ni salsa
ni picazón.
Un día más,
he perdido el olor del día.
Si hoy no he sentido
el roce del sol
sobre mi tez,
no he sentido la alegría de la vida.
Hoy.
Al salir de aquí
la nube negra
cubrirá
los suelos de asfalto
¿dónde están las estrellas?
La ciudad no me deja
ver las constelaciones bellas,
solo el campo
de eléctricas luciérnagas.
Así es la vida
en la ciudad.
Campo civilizado y ordenado
en el que reina el caos
y el esfuerzo se mide en
los precios de Hacendado.

Pero yo quiero salir,
correr desnuda
bajo la lluvia
por los campos,
siendo las gotas la única música
que oiga a mi paso.
Oler la tierra mojada,
el murmullo del viento junto a un árbol.
Dejarlo todo allí,
en la ciudad.
Los prejuicios y la falsedad
y tan solo contemplar.

Mirar y observar.

Esta es mi única certeza.
Mi única realidad.

Claudia Brancati, de Argentina

   Poemas enviados por Claudia Brancati, de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina. La autora está presente en: https://www.facebook.com/lamiseriadelasrosas/

   En Twitter, @BrancatiClaudia

 

   (Del libro “El pueblo y mis ojos”)

No es quietud, es piedad.
Un pequeño barco que está en el mar
se mece
Es clemencia al tiempo, a los pasos bien dados
Cruzo corriendo la Plaza de la Libertad
Estoy del lado de ese milagro,
de ese escenario alado de viejos faroles
que pone a cada uno en sus trampas
o en sus roles.
Un horizonte menos, un horizonte más,
y paz, no es rendirme.
Serena es la tarde, el sol sigue cayendo rojo.
Mujer pueblerina pasea a su antojo
un loro posado en los hombros.
Se lleva las llaves del pueblo y mis ojos.
Ha puesto la mesa,
ha barrido el escombro.

 

   Agosto diecisiete

En el medio del caos
saber quién es quién
es la verdadera muerte.
Cuando los ojos comienzan
a zigzaguear entre los buenos,
en busca de la confianza
perdida.

 

   Nocturno

Vamos, que la luna está siempre atrincherada
del lado de la montaña,
no despiertes a los perros por la noche.
Te repito, rueda un papelito,
el miedo se ajusta entre las piedras.
Sospecho una ventana, un zigzag pueblerino,
una noche prodigiosa de todos modos.
La acera es siempre la misma,
con esos cuadraditos numerables
para los pasos que no van a ninguna parte.
Sin luz amarilla sería distinto
respirar en verano
la madrugada y la escalera
que me esperan en el hueco del segundo escalón gastado
de tanto mirar el mar
o inmovilizar la huellas.

 

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