• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Espacio Abierto

José Araque, de Venezuela

   Poema enviado por José Araque, del Estado Anzoátegui, Venezuela.

 

   Una noche

             Poema dedicado a los nietos exiliados



Una noche
bajo otro cielo
partí de sus algarabías

Sus manitas
flameaban el silencio
aturdían en el alma
ahogaban la despedida

En otros Ríos
otros malecones
otras callecitas
otras arboledas
disipaban la brisa
como suspiros de ternura

Hoy
a la orilla del mar
una copa de vino
desborda recuerdos

Sólo
somos briznas inquietas
en el océano de virtudes

Te quedaste
en los pórticos de mi existencia
donde reinan los anhelos del abuelo

Yo me alojé
en su contagiosa sonrisa
oculta en el equipaje

Rubén A. Martinetto, desde Chile

   Poemas enviados por Rubén A. Martinetto, argentino residente en Santiago de Chile, quien tiene publicados los libros “Memoria Encallada”, en 2015, e “Inventario de Cielorraso”, en 2016. Martinetto espera la publicación de su siguiente obra, “Mismidad”.

 

   Y el mar vació sus aguas

aquella noche de vino ciego
aún sediento peregrino
de la esperanza maldita;
aprovisioné palabras
por si
su roja flor de fuego
osara abrasarme
en su dédalo
de risas esperanzadoras,
de sueños alcanzables,
de gracia silenciadora
suspiré o expiré
hasta que hube de hallar una rendija
una máscara de misterio
tal vez una barca

un naufragio acompañó
aquellas horas irredentas
enmudeció
mi mar emancipado
aquel vino
sobrevivió su noche
al peregrino que vació su alforja
y al sol transfundido
que liberó su aurora
un reloj sin agujas,
arena, ni memoria

 

   Entelequia

ha tenido que ser
que el amor
no vive donde se lo ve

que ocultó su rostro la alborada
cuando cesó su baile el girasol

que sólo son recurrencias
de titilantes constelaciones

que impone silencio 
tanta risa desmadejada


que naufragó un cuento
de héroes en cuarentena 

que un vino al descorche 
soltó un tiempo verde

ha tenido que ser
que a otros amantes los salvó
el amor creyendo que era la muerte

 

   Absolución

prerrogativa de gracia 
amar y morir en la misma dispensa
o con ellas abrazar 
la misma necesidad
y viceversa

 

   Aquél árbol de manzanas

que dulce fue amarte 
mientras ondeaban 
las cruces como lienzos 
tan allá 
de nuestras velas de sepultura 

y las ausencias 
ingrávidas 
cuando anunciaban 
que morir era así de bello 

que dulce fue amarte 
extraviado 
en los filos de una fe paseante 
por la arcadia de mis sueños 
camino al santo huerto 

y efusiones de esperanzas 
como puente colgante 
cruzaban ciegas el abismo 
asidas como sombras 
en espera del medio día 

que dulce fue amarte 
durante aquel tiempo 
de golondrinas en los huesos 
agua bendita en los labios 
como surcando un cielo

 

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