• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Clarisa Tomás Campa, de Alicante

Poema de Clarisa Tomás Campa, de Alicante, España, tomado con su aval de su portal

http://clarisatomascampa.blogspot.com.es/

Clarisa está también en Twitter: @DMClarisa

Agua corriente

Hoy se terminaron las últimas reservas,

el odre vacío, las intenciones secas.

Volví la mirada a la pared aquella,

aquella que de niña me impedía salir,

fugarme al paraíso.

Las ventanas son tapias ajenas al consuelo,

lejanas al espacio donde nació mi vida.

Y tal vez nunca hubo luces en aquella mañana,

tal vez aún duermo en el seno materno,

tal vez estoy dormida...

La natural cascada de los delirios suena,

oigo voces de tierra, de árboles que sangran,

de avecillas sin plumas temblando en la hojarasca.

Caen a millares los sueños derribados,

como cometas viejos,

como planetas rotos,

como furia incendiaria que arrasa.

Vacío y sin promesas el estanque es un hueco,

ni la lluvia lo llena...

Los cisnes lo habitaron alguna vez dichosos,

y el loto dibujaba corazones al agua,

y el agua se movía y abría su boca dulce,

y el agua sonreía, el agua sin batallas.

Premura del silencio,

arrullo que no cantas,

palabra que no naces,

aliento que te callas...

¡Vuelve a mí!, color de la nacencia,

si entre tus lápices alguna vez estuve:

píntame sonrisas y una boca rosada.

¡Vuelve a mí!, aroma prístino del latido,

alentador misterio que hizo brotar mi sangre.

¡Vuelve a mí!, atisbo de la dicha del suspiro,

dulzura de caléndula,

enebro entre el espino,

edelweiss de las nieves:

¡ponedme aquel vestido!.

Engarzad mi frente

con pétalos sin sombras;

mimbreras de la orilla,

chopos blancos del oeste,

besadme y acunadme,

entre aquellas aguas corrientes...

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