• @monarcamanni
    Cada quien/ le escribe/ a la sed/ que le sostiene
  • @_Annai_
    Precipitado/ los lugares expandes/ beso callado./ Todo el cielo nos llama/ con su alma de montaña.
  • @Anadimeana
    Mira cómo viene la tarde: descalza de voz, vestida en agua y viento
  • @magiamorena
    Un adiós sin maquillaje
  • @carinaldad
    El silencio respira tu perfume
  • @franc_murcia
    La literatura es una infusión de sueños
  • @Indephinida
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  • @DeseosCulpables
    Es agotador escribir de amor, y no hacerlo
  • @amanecerdemar
    Hay silencios que sustentan la vida de todas las palabras...
  • @SimoneBella7
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  • @Luzsoldepapel1
    Día cenizo/ entre la llovizna/ el pájaro afina
  • @danielatome
    La vida y sus dientes de sable y mis ojos, que no terminan de resignarse

Mariana Taboada, de México

Poema enviado por Mariana Taboada, de México, quien publica en su blog http://mareasdelaroja.blogspot.mx/

Mariana está también en Twitter, en la cuenta @mareroja

A la bestia por ciudad



Resuelvo que regreso,
que sabiendo lo que implicas,
más leyenda que ciudad o emblema,
yo no he sabido mirarte.

Ya te enfrento, te disfruto...
Pero todo lo demás, lo oscuro y lo trivial
es una cortina que cae lento, muy lento,
como volviendo de otro tiempo.

Es que en mí tus calles son misterios,
las que no taladran peor,
están pobladas de muertos.

Aquí no existen ojos que no observen,
no hay trastornos que ocultar,
aquí todo ha ocurrido ya,
aquí... No me sirven mis talentos.

Esta vez te vi ciudad,
a través de los ojos de la memoria y el desierto,
te descubrí como un ajeno
y tienes tanto qué contar.

Tienes tanto que recordarme,
tienes tanto de mi.

Y yo entré al teatro de las almas
y estando todas y tantas,
yo soy sólo una y todas vienen a mí.

Porque sigo siendo vasta y en lo mucho que poseo
también poseo historias aquí;
historias que han hecho un mito de esta mortal,
que se van y volverán como oleaje de mar.

También descubrí cuánto me gustas,
cuánto me puedes impresionar,
me gustó verte a la distancia de los años,
con todas mis viejas ganas revolcándose en tus plazas.

Te he visto con el corazón,
te he sabido contemplar,
pero a tus ojos no los soporto,
a mirar por los sucesos que cuentas como túneles del tiempo.

¡Qué ciudad tan extranjera!
¡Qué manera de castigar al navegante que vuelve a puerto!
¡Qué forma tan cálida de reclamar!

Y en tu poder te burlas,
pues hoy es también una historia más
que te places en escenificar.
¡Qué orgullosa ciudad!

Sólo escribiéndote te puedo cantar,
sólo cantando te dejas descifrar,
hay tanto que me puedes revelar.

En el laberinto de los cuentos,
los míos y los que he escuchado de otros ya,
de quiénes no podemos evitarlo
y hacemos cuento en la ciudad.

Sólo quiero recordarte que aún me hierves,
que en tus calles hice arte,
que me vuelves a tentar.

¿Qué quién diría gélida ciudad?
En tus noches me has visto amar,
he sido aquí, en tus caminos,
una amante que se halla amada y ama más.

¡Qué orgullosa ciudad!

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