• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Ricardo Gálvez

Poema enviado por Ricardo Gálvez, de Dresde, Alemania. Ricardo publica textos suyos en mundospropios.com

Asimismo, Ricardo está en Twitter: @herrgalvez

Cancerbero

Cancerbero que vives cuidando los rituales,

orlados con serpientes de la medusa muerta,

sabes que no es posible deshojar ideales

cuando son habitados por la carne despierta.

La gloria que recorres no sabe del zarpazo

que viene con los siglos a devorar tu hambrienta

escultura de sombras y el origen del trazo

que te nutre de llantos e inocencia violenta.

El divino Tiresias no soporta las huellas

ni el hedor de los grises de tu cuerpo sin vida,

que tiembla entre la savia de todas las estrellas

de esas voces que buscan la palabra perdida.

Caronte que no sabe de óbolos gastados,

reclamará a tu lengua que canceles el viaje

por la voraz Estigia con los besos robados,

para que te sumerjas en su oscuro paraje.

La estética del buitre no conoce ese viento

que viene con los siglos a levantar cadalsos,

donde los versos vivos del que sufre sediento

serán la roca cierta que aplastará a sus falsos.

El águila dorada ya cesó de expandirse,

ya no cruzan los mares sus ávidas legiones

y los oros robados no alcanzan a fundirse;

Marco Aurelio está triste, ya olvidó sus canciones.

Y en nuestro continente vociferan las fauces

de lobos con aromas a muerte de profetas,

a sangre de cantores que ensayan en los cauces

del río de la vida su nado sin caretas.

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