• @jex_javier
    El eclipse del lector es su imaginación
  • @isona_clarck
    Me gustan los lugares deshabitados por promesas sin salida
  • @EvaLopez_M
    La de cosas que pasan sin que ocurran
  • @hipst_eria
    No es lo que escribes, es lo que borras
  • @JacGoldberg
    El horror salivea en nuestra nuca
  • @Sofia_Insomnia
    Los herejes tenemos que organizarnos
  • @Sinsintidez
    A los tristes los delata la música
  • @yonosoycarmen
    Irse por fuera, quedarse por dentro, esa complicación
  • @NaEnEspiral
    Aquí, donde venimos a disfrazar epitafios con el traje de postal
  • @_soloB
    Yo he dormido lo insuficiente como para no tener pesadillas despierta
  • @tearsinrain_
    No te asustes, solo es otro futuro mas
  • @arbolador
    Algún día se perdonarán haberse conocido

Ricardo Gálvez

Poema enviado por Ricardo Gálvez, de Dresde, Alemania. Ricardo publica textos suyos en mundospropios.com

Asimismo, Ricardo está en Twitter: @herrgalvez

Cancerbero

Cancerbero que vives cuidando los rituales,

orlados con serpientes de la medusa muerta,

sabes que no es posible deshojar ideales

cuando son habitados por la carne despierta.

La gloria que recorres no sabe del zarpazo

que viene con los siglos a devorar tu hambrienta

escultura de sombras y el origen del trazo

que te nutre de llantos e inocencia violenta.

El divino Tiresias no soporta las huellas

ni el hedor de los grises de tu cuerpo sin vida,

que tiembla entre la savia de todas las estrellas

de esas voces que buscan la palabra perdida.

Caronte que no sabe de óbolos gastados,

reclamará a tu lengua que canceles el viaje

por la voraz Estigia con los besos robados,

para que te sumerjas en su oscuro paraje.

La estética del buitre no conoce ese viento

que viene con los siglos a levantar cadalsos,

donde los versos vivos del que sufre sediento

serán la roca cierta que aplastará a sus falsos.

El águila dorada ya cesó de expandirse,

ya no cruzan los mares sus ávidas legiones

y los oros robados no alcanzan a fundirse;

Marco Aurelio está triste, ya olvidó sus canciones.

Y en nuestro continente vociferan las fauces

de lobos con aromas a muerte de profetas,

a sangre de cantores que ensayan en los cauces

del río de la vida su nado sin caretas.

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