• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Ricardo Gálvez

Poema enviado por Ricardo Gálvez, de Dresde, Alemania. Ricardo publica textos suyos en mundospropios.com

Asimismo, Ricardo está en Twitter: @herrgalvez

Cancerbero

Cancerbero que vives cuidando los rituales,

orlados con serpientes de la medusa muerta,

sabes que no es posible deshojar ideales

cuando son habitados por la carne despierta.

La gloria que recorres no sabe del zarpazo

que viene con los siglos a devorar tu hambrienta

escultura de sombras y el origen del trazo

que te nutre de llantos e inocencia violenta.

El divino Tiresias no soporta las huellas

ni el hedor de los grises de tu cuerpo sin vida,

que tiembla entre la savia de todas las estrellas

de esas voces que buscan la palabra perdida.

Caronte que no sabe de óbolos gastados,

reclamará a tu lengua que canceles el viaje

por la voraz Estigia con los besos robados,

para que te sumerjas en su oscuro paraje.

La estética del buitre no conoce ese viento

que viene con los siglos a levantar cadalsos,

donde los versos vivos del que sufre sediento

serán la roca cierta que aplastará a sus falsos.

El águila dorada ya cesó de expandirse,

ya no cruzan los mares sus ávidas legiones

y los oros robados no alcanzan a fundirse;

Marco Aurelio está triste, ya olvidó sus canciones.

Y en nuestro continente vociferan las fauces

de lobos con aromas a muerte de profetas,

a sangre de cantores que ensayan en los cauces

del río de la vida su nado sin caretas.

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