• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Ricardo Gálvez

Poema enviado por Ricardo Gálvez, de Dresde, Alemania. Ricardo publica textos suyos en mundospropios.com

Asimismo, Ricardo está en Twitter: @herrgalvez

Cancerbero

Cancerbero que vives cuidando los rituales,

orlados con serpientes de la medusa muerta,

sabes que no es posible deshojar ideales

cuando son habitados por la carne despierta.

La gloria que recorres no sabe del zarpazo

que viene con los siglos a devorar tu hambrienta

escultura de sombras y el origen del trazo

que te nutre de llantos e inocencia violenta.

El divino Tiresias no soporta las huellas

ni el hedor de los grises de tu cuerpo sin vida,

que tiembla entre la savia de todas las estrellas

de esas voces que buscan la palabra perdida.

Caronte que no sabe de óbolos gastados,

reclamará a tu lengua que canceles el viaje

por la voraz Estigia con los besos robados,

para que te sumerjas en su oscuro paraje.

La estética del buitre no conoce ese viento

que viene con los siglos a levantar cadalsos,

donde los versos vivos del que sufre sediento

serán la roca cierta que aplastará a sus falsos.

El águila dorada ya cesó de expandirse,

ya no cruzan los mares sus ávidas legiones

y los oros robados no alcanzan a fundirse;

Marco Aurelio está triste, ya olvidó sus canciones.

Y en nuestro continente vociferan las fauces

de lobos con aromas a muerte de profetas,

a sangre de cantores que ensayan en los cauces

del río de la vida su nado sin caretas.

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