• @SalvadorTannis_
    Lo que sé se lo agradezco al silencio
  • @Innestesia
    Besas como si hubiéramos leído los mismos libros
  • @karlisjar
    ¿De cuántas sinfonías está hecho un aguacero?
  • @fumivora
    Después de la tormenta, un barquito de papel
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    A cierta distancia nos leemos más cerca
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    Probé de la pulpa nueva/ ¿pecaminoso jugo de la historia?/ para que la memoria/ se tejiera de gravedad

Héctor Veloso Espinosa, de Chile

 

   Poema enviado por Héctor Veloso Espinoza, de Concepción, Chile.

   El autor publica textos en el espacio http://www.mamutdecristal.blogspot.com/

 

   El día en que la muerte no fue capaz de matarme

 

En el suelo de las sílabas encontré un golpe feroz en mi rostro.

Estaba en el bosque,

era de noche,

las sílabas no se sostenían.

Por momentos,

los corvos asesinos se clavaban en mi piel

más allá de lo soportable,

me rebanaban la cabeza

y se revolvían los jugos gástricos.

Las venas bailaban como hilos de títeres,

pero sabía que existía una salida.

A lo lejos observé al lobo hambriento,

aullando, muriendo de hambre

Se acercó cual meteorito a la atmósfera,

arrancando de cuajo tendones y uñas que encontró a su paso.

A mí sólo me maldijo,

escapó y nunca más lo vi.

Cuando sangraba tenía la esperanza,

algo había en mí,

algo que no podía imaginar,

pero algo existía que me hacía ver el paraíso.

Quería decir basta,

gritar, dejar de mentirle al mundo,

ya era suficiente,

fui yo mismo quien se dejó agredir.

El olor de mi sangre no es la que prefieren los lobos,

soy carne de insectos coloridos,

de arañas nuevas y vírgenes.

Algún día, algún día, podré gritarle al viento tibio

que la muerte no fue capaz de matarme.

 

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