• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Claudia Brancati, de Argentina

   Poemas enviados por Claudia Brancati, de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina. La autora está presente en: https://www.facebook.com/lamiseriadelasrosas/

   En Twitter, @BrancatiClaudia

 

   (Del libro “El pueblo y mis ojos”)

No es quietud, es piedad.
Un pequeño barco que está en el mar
se mece
Es clemencia al tiempo, a los pasos bien dados
Cruzo corriendo la Plaza de la Libertad
Estoy del lado de ese milagro,
de ese escenario alado de viejos faroles
que pone a cada uno en sus trampas
o en sus roles.
Un horizonte menos, un horizonte más,
y paz, no es rendirme.
Serena es la tarde, el sol sigue cayendo rojo.
Mujer pueblerina pasea a su antojo
un loro posado en los hombros.
Se lleva las llaves del pueblo y mis ojos.
Ha puesto la mesa,
ha barrido el escombro.

 

   Agosto diecisiete

En el medio del caos
saber quién es quién
es la verdadera muerte.
Cuando los ojos comienzan
a zigzaguear entre los buenos,
en busca de la confianza
perdida.

 

   Nocturno

Vamos, que la luna está siempre atrincherada
del lado de la montaña,
no despiertes a los perros por la noche.
Te repito, rueda un papelito,
el miedo se ajusta entre las piedras.
Sospecho una ventana, un zigzag pueblerino,
una noche prodigiosa de todos modos.
La acera es siempre la misma,
con esos cuadraditos numerables
para los pasos que no van a ninguna parte.
Sin luz amarilla sería distinto
respirar en verano
la madrugada y la escalera
que me esperan en el hueco del segundo escalón gastado
de tanto mirar el mar
o inmovilizar la huellas.

 

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