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Jairo Hernández, de Colombia

 

   Textos poéticos enviados por Jairo Hernández, de Bogotá, Colombia.

 

    Contra-tiempo

Sé que el tiempo corre y me recorre. De a pocos me priva y me desliga, y no es que tema a la muerte que inerte llevo en el vientre de cada célula. Pero, siento como corre y rompe, destilando una rutina desecada y carcomida.

Veo cómo el tiempo me corta y me destroza. Le ofrezco las paces y me ignora. Lo encadeno, se rebela. Lo mato, se venga al dejarme estancado. Lo ignoro, llama recuerdos que son un ejército pretérito; en estado de sitio, me abrasan, cortan, desolan. Como corre y recorre ese campo que es mi mente pegada al cuerpo, ese que es encarcelado por el alma.

Tiempo, ¿y si nos sentamos a hablar? Tú tan eterno y yo tan etéreo, en algún punto nos vamos a cruzar. 

 

   Intra-verso

El universo está en el silencio de la roca y el estruendo del trueno, en el arrullo del mar y el imperioso choque contra el acantilado. Se posa en la voz de una mirada y el silencio del descanso. Entre los alaridos de la sangre y el canto de la herida cerrada.

Su tiempo no grita encantos, ni murmura el pánico, mucho menos se deja asesinar. No soporta la arbitrariedad del reloj, vive una rutina magnánima, un ciclo colosal, que se manifiesta en un sueño de ecos, resurgiendo en un suspiro con vida propia.

Se tiende, desplegado a sus anchas, en un grano de arena mientras la vastedad del sol le resulta estrecha, se extasía en el instante en que la unión de dos células genera una existencia nueva. Medita sobre la sangre que se derrama para evitar el llamado de la violencia, recuerda trillones de víctimas y lamenta cada memoria.

Es la muerte que reencarna en una vida joven y la lucha de un anciano por otro latido, la alegría en los ojos de un suicida, la apertura de una semilla y la sequía que ahoga.

Se alimenta de la sofocante saciedad; que gesta en su vientre el hambre futura. Marca las punzadas del deseo oculto en la sombra, siempre dispuesto a una tregua; mas nunca interesado en la calma.

Encara a cada segundo la hipócrita racionalidad pariendo rabias por doquier: la paz y sus discursos de guerra. Todo el tiempo inhala el aire de una sala de partos y exhala kilómetros de cementerios. Cada iris es una galaxia, cada casualidad la confirmación de una ley velada ¿estará este universo en el interior de un átomo, como el reflejo de un espejo contra otro espejo? La caracola del tiempo dejando partículas de vida en su inquebrantable viscosidad. 

¿Cómo encontrar el universo? Búscalo en el centro de tus pupilas, siéntelo en el vapor que regalan tus pulmones al viento, el ritmo de tu pensamiento, la indomable paciencia con la que tus uñas crecen, la inefable furia de tu sangre transitando tu cuerpo, el grito de tu corazón, tus ojos que escuchan las exhortaciones de la naturaleza. Allí está.  

 

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