• @dianalefaz
    Son tantas las veces que no estamos aquí, donde pisamos
  • @Anadimeana
    Mi próxima línea viene con raíces de rosa del viento
  • @Xhuvia922:22
    Los sauces llorones mojan lo que resta de tu sombra
  • @LaPetit10
    El miedo es la distancia más larga
  • @cochambrossa
    Un corazón donde la nostalgia acomode su ingravidez
  • @Genrus
    Nada como el asedio de lo irreparable para mantener el corazón encendido y las velas desplegadas
  • @largabreve
    Todo el amor es una breve esperanza, una contención indebida, enajenadora
  • @SimoneBella7
    No tardes que el silencio arrecia, hoy solo basta con que insinúes un suspiro para volverme agua
  • @ReneValdesM
    La poesía saca lo mejor que no tenemos
  • @_Annai_
    Un don es una sombra liberada
  • @___Sputnik___
    Nadie verá el estante vacío
  • @entiyparati
    Poner el alma a las palabras y que respires de ellas

Carlos Eduardo Silva, de Puerto Rico (III)

 

   Poemas enviados por Carlos Eduardo Silva, nacido en Ponce, Puerto Rico, en 1993. Fue ganador del Certamen de Poesía del periódico El Nuevo Día y del Certamen Literario de la Universidad Politécnica de Puerto Rico. En 2013 representó a Puerto Rico en el Certamen Nuevas Voces de PEN International. Recientemente, fue galardonado con el Premio de Poesía del Ateneo Puertorriqueño. Edita el blog Generación Jípster (generacionjipster.weebly.com).

 

 

   Mi jeva y yo

 

                                                "Hoy nos habitamos, mi jeva, la ciudad y yo"

                                                                                           - Gallego

 

   I

 

Hoy nos componemos

de lo que fue un apartamento

casi casi a la orilla del mar, 

entre un montón de pilas de cemento

y hoyos interminables

que nos hacían abrazarnos

cada vez un poco

más intensamente.

 

Nos habitamos el uno al otro

porque en el recuerdo

y en el piso de loseta que afirmamos hoy

hay muchas gotas de la misma luz

que forman un mapa

de lo que nunca fue un destierro

sino un vuelo circular por la brea.

 

Y nos vamos dando cuenta

de que no son los postes ni las maromas

sino ese mirarnos a los ojos

lo que compone esta ciudad que creemos conocer.

 

 

   II

 

Mi jeva y yo nos quedábamos

dormidos

mientras intentábamos

ver Netflix en las noches

en que debimos

estar estudiando.

Suspirábamos la terraza un rato

como si fuéramos a quedarnos

fumando,

mirando las luces de las montañas

porque las de la ciudad

no cruzaban

tantas casas.

 

Nos creíamos un rato

que el mar se asomaba

a las barandas de madera

y después de varios bostezos

nos acostábamos

y nos perdíamos las películas.

 

La ciudad siempre estaba mirándonos.

 

El mar se escuchaba si apagábamos el aire.

 

Seguimos durmiendo y apenas nos dimos cuenta.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.