• @Primvers
    A veces yo también les llevo flores a mis cicatrices
  • @carolineberl
    Lo que me gusta del tiempo es que todo lo cura con personas
  • @UlisesKaufman
    Cuando seamos invisibles, recordaremos la belleza del gris
  • @canocs19
    Canta la tristeza/ sus secretas sílabas/ en la música azul/ de la tarde quieta
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    Te espero después de la última vez
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  • @Tayler_burdel
    Toda locura merece un gran amor
  • @nuberrante
    Escribir es soñar con precisión

Carlos Eduardo Silva, de Puerto Rico (II)

   Poemas enviados por Carlos Eduardo Silva, nacido en Ponce, Puerto Rico, en 1993. Es egresado de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Ganó el Certamen de Poesía del diario El Nuevo Día y el Certamen Literario de la Universidad Politécnica de Puerto Rico, entre otros. En el 2013 representó a Puerto Rico en el Certamen Nuevas Voces de PEN International. Es cofundador y editor del blog Generación Jípster (generacionjipster.weebly.com), donde publica su poesía constantemente.

 

   Lapsus

 

Tu nombre me cruza la boca

como una bala fugaz,

o como quinientas balas saliendo

de una uzzi o alguna otra ametralladora

de la cual no conozco el nombre.

Y le digo a mi abuela tu nombre,

y me digo a mí mismo tu nombre cuando me hablo.

Es cuando más me pasa, cuando hablo solo,

que te confundo conmigo mismo

y mi alter ego y mi reflejo en el espejo

llevan tu nombre ahora.

Porque así, como algo palpable,

tu nombre me cruza la boca cuando le da la gana

sin importar el día o las horas o el sitio

o la cara que tenga en frente.

Tu nombre tiene su voluntad propia

y mi mente suele arrodillársele,

súbdita y vulnerable, sin saber a quién más llamar.

 

 

   No te preocupes por mí...

 

                                 “Find what you love

                                            and let it kill you.”

                                                            - Charles Bukowski

 

Yo te encontré a ti

y voy dejando que me cortes

con tu sonrisa puntiaguda,

me vas desangrando con tus leves chuponcitos

en la frente, en los ojos, la nariz.

Tengo la yugular a tu disposición,

arráncamela si quieres,

si apeteces un baño de sangre.

Se me han caído las uñas

y mis gritos de dolor se han guardado

debajo de tu blusa.

He dejado que me mates poco a poco

con esta levedad, esta caída

de puro algodón maltratado.

Así lo he permitido

repitiéndote una y otra vez

que no te preocupes

por mí.

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