• @_marazi
    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
  • @SIELALSOYYO
    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
  • @DivinaOnix
    También lo imposible puede ser amado
  • @LunaPara2
    El que se va en silencio, lo ha dicho todo
  • @Ghouls99
    A veces acumulamos, densos y potentes, para arrasar en el siguiente desborde
  • @siete_verdes
    Es espesa, grumosa y fría. Llamémosla decepción
  • @JanoTwoFaces
    Dejad de ordenar caos y provocad alguno
  • @sammasathi
    Sueño, luego insisto
  • @TISHA77
    La poesía también es presagio
  • @juanita_amore
    Escribir porque el tiempo nos viene a leer
  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Pablo Roncal, de España

 

   Prosa poética enviada por Pablo Roncal, de Pamplona, España.  Pablo publica en http://flechassindiana.blogspot.com.es/ y está presente en Twitter, en la cuenta @erronkari

 

   La última noche

La noche estaba a punto de despedirse... y nosotros también. El día había marcado en rojo nuestro adiós en su fatal calendario y, varios whiskys después, nuestros sedientos corazones se bebían de un trago la madrugada. Últimos momentos de manos anudadas, de risas desatadas que jugaban a esconder los nervios, de labios que me acariciaban susurrando confidencias, de miradas cómplices que en silencio lo decían todo, de besos de terciopelo en tus ardientes mejillas... 

Las farolas apagaban sus luces contra el cemento como quien pisa un cigarrillo en agonía; la vida empezaba a desbordar su efervescencia por el asfalto de las calles dormidas; escapaba el alba a los últimos coletazos de una húmeda noche de verano; caminaban tortuosas dos almas noctámbulas barruntando su triste destino. 

Entonces, sin mediar palabra, te colgaste de mi cuello, ebria de felicidad, sonrisa desafiante ante mis ojos que, muertos de amor, sólo leían en tu cuerpo las páginas del deseo. Mis dedos, sumergidos en tu blusa negra, acariciaron tu espalda. Te apretaste a mí en un abrazo sin fin, tus latidos haciendo temblar mi pecho, dejándose llevar mi corazón por tu onda expansiva. Y un segundo antes de que muriera la noche, se cruzaron nuestras miradas pidiendo un amanecer bajo las mismas sábanas... 

Sonó lastimero el despertador de nuestros sueños zarandeando dos cuerpos desnudos, cercenando una aventura tan efímera como imposible, tocando a su fin nuestra triste canción entre lágrimas saladas y besos desbocados. Piel contra piel, sin tiempo que perder, atravesamos por última vez el túnel del placer sabiendo que al final nos aguardaba la luz del nuevo día, el primero de mi vida sin ti. Y los gemidos de deleite se tornaron gritos de maldición, y los suspiros fueron un sollozo sin consuelo, y el abrazo en el que habíamos dormido nos asfixió hasta matarnos... la última noche.

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