• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Pablo Roncal, de España

 

   Prosa poética enviada por Pablo Roncal, de Pamplona, España.  Pablo publica en http://flechassindiana.blogspot.com.es/ y está presente en Twitter, en la cuenta @erronkari

 

   La última noche

La noche estaba a punto de despedirse... y nosotros también. El día había marcado en rojo nuestro adiós en su fatal calendario y, varios whiskys después, nuestros sedientos corazones se bebían de un trago la madrugada. Últimos momentos de manos anudadas, de risas desatadas que jugaban a esconder los nervios, de labios que me acariciaban susurrando confidencias, de miradas cómplices que en silencio lo decían todo, de besos de terciopelo en tus ardientes mejillas... 

Las farolas apagaban sus luces contra el cemento como quien pisa un cigarrillo en agonía; la vida empezaba a desbordar su efervescencia por el asfalto de las calles dormidas; escapaba el alba a los últimos coletazos de una húmeda noche de verano; caminaban tortuosas dos almas noctámbulas barruntando su triste destino. 

Entonces, sin mediar palabra, te colgaste de mi cuello, ebria de felicidad, sonrisa desafiante ante mis ojos que, muertos de amor, sólo leían en tu cuerpo las páginas del deseo. Mis dedos, sumergidos en tu blusa negra, acariciaron tu espalda. Te apretaste a mí en un abrazo sin fin, tus latidos haciendo temblar mi pecho, dejándose llevar mi corazón por tu onda expansiva. Y un segundo antes de que muriera la noche, se cruzaron nuestras miradas pidiendo un amanecer bajo las mismas sábanas... 

Sonó lastimero el despertador de nuestros sueños zarandeando dos cuerpos desnudos, cercenando una aventura tan efímera como imposible, tocando a su fin nuestra triste canción entre lágrimas saladas y besos desbocados. Piel contra piel, sin tiempo que perder, atravesamos por última vez el túnel del placer sabiendo que al final nos aguardaba la luz del nuevo día, el primero de mi vida sin ti. Y los gemidos de deleite se tornaron gritos de maldición, y los suspiros fueron un sollozo sin consuelo, y el abrazo en el que habíamos dormido nos asfixió hasta matarnos... la última noche.

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