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    Yo ya me quedé contigo cuando ni estabas
  • @ciruelle
    Amar es ser verbo en todos los tiempos
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    No hay persona más peligrosa que la que no tiene sueños por cumplir
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  • @z_zyanya88
    Quieta, la noche/ versa amores calmos,/ suspira en paz

Carolina Bustos Beltrán, desde Francia

 

   Poemas de Carolina Bustos Beltrán, nacida en Bogotá en 1979 y residente actualmente en París. Participó en revistas de literatura de su país e internacionales y recibió varios reconocimientos. Publicó en 2014 el libro de relatos “Sueño Stereo”.

 

   Fantasmas

se les escucha vagando en las esquinas del nervio
así como sus voces son ecos de evocación y melancolía
asechan, se posan en los escaparates rotos
se llenan de polvo como los juguetes viejos que (ya) nadie quiere tomar
yo llevo viéndoles desde hace meses; mirarme sin recato
intentando disturbar el paso lógico de los días
reclamando que los tome entre mis brazos y les haga mimos
sonriéndoles con muecas tibias que buscan besos
son fantasmas alados, brillantes llenos de rústica poesía
fantasmas lúcidos, humanizados con perversa ironía
fantasmas alquilados para noches eternas de insomnio
son fantasmas (al final) con nombre propio
arrogante ignoro el rumbo de mi deseo
repelerlos, quizás cazarlos
embalarlos en frascos
exhibirlos en botellas o dejarlos olvidados en el mar
vosotros a los que he hecho germinar en mi vientre
victimas incesables de mi propio desasosiego
frutos rebeldes de mi tiempo… (paréntesis)
paradoja del placer, instante que emigra
oh fantasmas, dejadme seguir,
la larga ruta reivindica mi paso
su perfume sabio se escurre en mi manga; angustiosa telaraña
me ordenan temperar, no fundir mis huesos en su arena
fantasmas, yo con vosotros río
y vosotros os reís de mí
mirad atentos, la misma raíz erguida en la tierra
resiste en mantener intactas vuestras sombras

 

   1

Uno se vuelve vacuo,
pendejo
recalcitrante
etéreo

uno se nombra con palabras que no conoce
se hace sombra, viento, espejo
busca en el otro un poco de su yo

uno se cree de tantas maneras
que también se cree varias mentiras
y uno camina, rueda por el mundo
imprimiendo el informe del tiempo que le tocó vivir

uno va solo o acompañado
depende de cómo o con quién se levante
despeinado, sin afeitar
tímido, quizás con risa

y uno se vuelve dos
confundido en la composición de un número par
uno se enreda; se tropieza; se quema

se pegan a la piel trozos de aquel dos
para llevarlo como si fuera un llavero
a ese lugar donde se abren todas las puertas

y ese dos
vacuo
pendejo
recalcitrante
etéreo

abandona de repente el terreno
la unidad se encuentra insulsa
sola, triste, melancólica.

Uno debería aceptar
que es tan sólo eso:
un número sin par.

   (Poemas tomados con el consentimiento de la autora del portal http://www.entremaresmagazine.com/. Ambos forman parte de la obra titulada “Del fin al inicio”).

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