• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Albeiro Montoya Guiral, de Colombia

 

   Poemas enviados de Albeiro Montoya Guiral, de Santa Rosa de Cabal, Colombia, que tomó de la muestra de poesía colombo-peruana “En tierras del cóndor”, (2014), que contó con selección de su compatriota Juan Manuel Roca. Ensayista y profesor universitario, Albeiro dirige el portal literario www.literariedad.co. Está presente en Twitter, en la cuenta @amguiral.

 

 

    El nombre del fuego

 

La vida es amarga, en consecuencia, besa.

Quémate si el fuego en que amamos es el último.

No temas a mis manos que aprietan tus senos

como si fueran dos azucenas vencidas por la noche,

así como yo no temo a tu delicada forma de abarcar mi cuerpo

de hombre o de sueño o de árbol ─qué sé yo─,

aprendí a olvidar de qué extraña sustancia amanezco

construido cada día.

Amar es lo único que nos queda por hacer.

Vivir en esta instancia de la muerte

es ínfimo comparado al amor.

Desnudarnos fue un acto apenas cotidiano

como soñar con rosas o bailar antes del sueño.

Desnuda sé amarte como si estuvieras hecha

de azucena estremecida

o de lluvia amaestrada para caer en la melancolía.

Sabe amar mi cuerpo desnudo de hombre o de sueño o de árbol.

No prestes atención a las dos palabras estremecedoras de mis ojos.

El nombre del fuego no se pronuncia:

se besa.

 

 

   Eres hijo de ti mismo y te muerdes

 

Padre, tu único hijo ha muerto para que mis manos nazcan,

tu único silencio fue invadido

por guaduales y lámparas.

Tristes caballos miran la llovizna

de la infancia caer en la ciudad lejana.

 

Eres padre de ti mismo, infortunio.

Eres hijo de ti mismo y te muerdes.

Padre, tu único hijo ha muerto

y está habitando los zapatos del olvido.

 

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