• @cenizalunatica
    La luna borra su forma y yo sigo buscando semejanzas
  • @karlisjar
    El viento es una armónica de mil tonos
  • @Suspiro_DeLuna
    Magia es que te sostengan unos brazos que jamás te han tocado
  • @Tu_Funamiento
    Me busqué en otras personas y en todas te encontré
  • @Innestesia
    Viajo por si me encuentro
  • @fumivora
    Aparento más mariposas de las que tengo
  • @letrasdemorado
    Ya no hacen el pasado como antes
  • @itzarbepoesia
    He guardado bajo mis párpados caminos de agua por los que volver al hogar de tu recuerdo
  • @AlejandroLanus
    Juego como un niño que no sabe morir
  • @leonbenIarregui
    Cada vez más insomnes y menos soñadores
  • @vforte
    la tristeza es la rabia parada bajo la lluvia
  • @Yennifercc
    El que vive a solas con la poesía anda descalzo porque no cree en las heridas

Albeiro Montoya Guiral, de Colombia

 

   Poemas enviados de Albeiro Montoya Guiral, de Santa Rosa de Cabal, Colombia, que tomó de la muestra de poesía colombo-peruana “En tierras del cóndor”, (2014), que contó con selección de su compatriota Juan Manuel Roca. Ensayista y profesor universitario, Albeiro dirige el portal literario www.literariedad.co. Está presente en Twitter, en la cuenta @amguiral.

 

 

    El nombre del fuego

 

La vida es amarga, en consecuencia, besa.

Quémate si el fuego en que amamos es el último.

No temas a mis manos que aprietan tus senos

como si fueran dos azucenas vencidas por la noche,

así como yo no temo a tu delicada forma de abarcar mi cuerpo

de hombre o de sueño o de árbol ─qué sé yo─,

aprendí a olvidar de qué extraña sustancia amanezco

construido cada día.

Amar es lo único que nos queda por hacer.

Vivir en esta instancia de la muerte

es ínfimo comparado al amor.

Desnudarnos fue un acto apenas cotidiano

como soñar con rosas o bailar antes del sueño.

Desnuda sé amarte como si estuvieras hecha

de azucena estremecida

o de lluvia amaestrada para caer en la melancolía.

Sabe amar mi cuerpo desnudo de hombre o de sueño o de árbol.

No prestes atención a las dos palabras estremecedoras de mis ojos.

El nombre del fuego no se pronuncia:

se besa.

 

 

   Eres hijo de ti mismo y te muerdes

 

Padre, tu único hijo ha muerto para que mis manos nazcan,

tu único silencio fue invadido

por guaduales y lámparas.

Tristes caballos miran la llovizna

de la infancia caer en la ciudad lejana.

 

Eres padre de ti mismo, infortunio.

Eres hijo de ti mismo y te muerdes.

Padre, tu único hijo ha muerto

y está habitando los zapatos del olvido.

 

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.