• @monarcamanni
    Cada quien/ le escribe/ a la sed/ que le sostiene
  • @_Annai_
    Precipitado/ los lugares expandes/ beso callado./ Todo el cielo nos llama/ con su alma de montaña.
  • @Anadimeana
    Mira cómo viene la tarde: descalza de voz, vestida en agua y viento
  • @magiamorena
    Un adiós sin maquillaje
  • @carinaldad
    El silencio respira tu perfume
  • @franc_murcia
    La literatura es una infusión de sueños
  • @Indephinida
    Mi niña interior juega con los sueños que yo misma he roto
  • @DeseosCulpables
    Es agotador escribir de amor, y no hacerlo
  • @amanecerdemar
    Hay silencios que sustentan la vida de todas las palabras...
  • @SimoneBella7
    Soy un cuerpo de mil caminos para su tinta desnuda
  • @Luzsoldepapel1
    Día cenizo/ entre la llovizna/ el pájaro afina
  • @danielatome
    La vida y sus dientes de sable y mis ojos, que no terminan de resignarse

Carlos Eduardo Silva, de Puerto Rico

 

    Poema enviado por Carlos Eduardo Silva, de Ponce, Puerto Rico. Es cofundador y editor del blog Generación Jípster (generacionjipster.weebly.com), donde publica su poesía constantemente.

 

 

   Bolero a la roca

 

Borrachos nos amamos más de lo posible

mi amada y yo,

no sé cómo y hasta hace poco

nos pensaba incapaces

de amar más todavía.

Pero la vodka, el whiskey, la cerveza

y el ron

nos regalan noches surreales

de amor imposible

y sexo desenfrenado;

nos dictan versos indecibles

al oído

y nos dan las instrucciones necesarias

para encontrar el amor

que se esconde en algún sitio

de nuestros cuerpos sobrios.

No es solo bellaquera

ni cursilería olvidada,

es algo que despierta con las burbujas del alcohol,

un sustituto del vómito de muchos,

un alcance inesperado de lo intenso.

Borrachos nos amamos demasiado

mi amada y yo;

nos recogemos del piso,

nos limpiamos

y buscamos en los bolsillos del otro

los besos que nos sobraron del día

para vivirnos lo que pensamos que hemos vivido

y no vivimos todavía.

Somos pedazos de constelaciones

bajo los efectos de lo borroso

y nos encontramos en el piso, en la cama

o en el teléfono

para delirarnos el uno al otro

el sexo que nos falta,

el amor que nos come por dentro

y el puente que tenemos trepado por las nubes.

 

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