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Roque Dalton

 

   Como tú

 

Yo, como tú,

amo el amor, la vida, el dulce encanto

de las cosas, el paisaje

celeste de los días de enero.

 

También mi sangre bulle

y río por los ojos

que han conocido el brote de las lágrimas.

 

Creo que el mundo es bello,

que la poesía es como el pan, de todos.

 

Y que mis venas no terminan en mí

sino en la sangre unánime

de los que luchan por la vida,

el amor,

las cosas,

el paisaje y el pan

la poesía de todos.

 

(Este poema circuló clandestinamente en El Salvador, firmado con el pseudónimo de Timoteo Lue).

 

 

   Casi elegía

 

           Para B.C.

 

No es que me entusiasmara demasiado tu olor

    a miel

yo venía de un hervidero de abejas

y prefería las asociaciones de ideas que

   culminaran en Bambi

pero el maduro azar y sus implicaciones

las labores astrales de las señoras que dan

   los permisos

lo echarían todo a perder.

 

A pesar de que tu aspecto de venadito era

   reglamenario

y tu desnudez no tenía aún la menor herrumbre

por el contrario atraía los gatos como un tazón

   de leche

y en ella se podía uno refugiar de la policía

o rtener a la Cenicienta hasta el siguiente

   atardecer

o cortar mangos tiernos ya peladitos y salados

o mojar puntas de flechas en una estrofa de la

   Internacional.

 

¿Por qué entonces nuestro retrato de bodas

iba a ser el retrato de bodas de nuestros hijos?

Las hojas se secaron entre las obras de Kipling

huélelas y recuérdame

límpialas de diamantes y recuérdame

pon polvo de su polvo en los deseos de tu

   juventud.

 

La culpa es de la vida que se deja vivir

amor mío.

 

 

   Cita

 

                Para C., in memoriam.

 

Tu desnudez es la eternidad

debo decirlo ahora

porque no fue sólo el agua sino que será

   siempre la sed

porque había sido el peligro y el premio

la pregunta contestada para la sal de todas

   las playas del mundo.

 

La toqué y me vistió de luz y sombra

me hizo pedacitos la sabiduría para que la

   repartiese por los caminos

me hizo tener hijos de oro y enemigos náufragos

   en la hiedra

me dio un nuevo nombre que sonaba como un

   golpe central

soltado por el desencantador en la puerta

   invencible.

 

Sé que por otra parte pronto te fugarás de la

   tumba

construirás una vena hacia el mar

(hasta donde nuestros cardos filiales

tiemblan por su podrido porvenir)

y surgirás como el hermoso amanecer para

   estos ebrios

que olvidaron su religión y su mugre

en las esquinas de la última noche.

 

Descansa hasta esa fecha:

sin que se entere la paz cobra fuerzas de fiera

y en el dorso quemado de una hoja otoñal

escríbeme la hora

y el nombre de la playa.

 

 

   Poema jubiloso

 

         (Homenaje a un poema de André Bretón)

 

En mi patria hecha para probar catapultas y

   trampas

vive esta mujer que amo.

 

Ah cómo brota de la mañana tímida mi mujer

herida en su niñez por el mar menos pensado

por el mar platicador y soberbio que no depone

   la esperanza

contra ciertas virginidades caóticas.

 

Ah cómo surge mi mujer que conserva en un

   saquito

el corazón y una vértebra de sus padres

   moribundos

ah cómo luce mi mujer de poros voraces

   donde darse cita

en ciertas tardes incendiadas por los flamboyanes

   del tedio

ah cómo sirve mi mujer guerrera y acechada

poblada de húmedas culebras

que alivian a las grandes bestias polvorientas

ah cómo compromete mi mujer que vive sin

   avisarme

que se gana el pan con el rubor de la gente

directora de grandes llamas esclava

de maestros enclenques que huyeron

   desesperados

al conocer la preñez de mi madre.

 

Mi mujer es la más gloriosa retórica de esta

   patria

donde no morirá jamás Balzac o Copérnico

ni los comunistas estrangulados ostentarán sus

   descomposiciones

en los escaparates por el incendio del Reichstag

mi mujer es la conversación de los peces bajo

   la luna

el fervor de quien pintó las manchas del leopardo

los sabores del pan armado en los pregones

la prohibición de una nueva ley contra los

   crepúsculos.

 

Sus ojos inundados de eficacia

estimulan el llanto de los doce mejores

   candelabros del mundo

pues entre olas pétreas entre orquestaciones

de caracoles penosamente edificados

ha puesto a descansar sus espumas de pena.

 

Su sangre bella y brutal sólo está limitada por

   los halcones

por ciertas grietas en el sonido de los dados

   rojos

y por los pistillos de la azucena horadando las

   partituras del ciego.

Sus enfermedades son cuadros de jóvenes

   pintores franceses

estacionados en la decadencia del mirto

en las aleluyas de la cábala

o en la ternura final de los asesinados junto a

   un río de yeso.

 

(De “Con manos de fantasma”, antología con recopilación y prólogo de Vicente Muleiro, Editorial Nueva América, Buenos Aires, 1987. Roque Dalton nació en 1935 en San Salvador, donde murió en 1975. Estudio Derecho en las universidades de Chile, El Salvador y Autónoma de México, aunque no obtuvo título académico. En Chile comenzaron sus aproximaciones al marxismo y a la poesía. De regreso en su país, se integró al Partido Comunista, con lo que vino la persecución. Cayó preso y luego fue expulsado. Esa etapa de exilio incluyó a Cuba, donde participó de la vida cultural, se afianzó en la escritura y recibió instrucción militar. Otra vez de regreso a El Salvador, cayó presó nuevamente. En 1969 volvió a Cuba, donde le fue adjudicado el premio Casa de las Américas, por su obra “Taberna y otros lugares”. Se integró en 1973 al Ejército Revolucionario del Pueblo. Tuvo diferencias con la conducción del grupo guerrillero. Compañeros suyos lo asesinaron, en 1975, en un hecho que sigue sin ser juzgado. En el prólogo, Muleiro sostiene que Dalton “creyó que con la poesía era posible decirlo todo, como lo explica en uno de sus poemas”, al tiempo que su relación con la época y con su determinación militante “se respira en cada uno de sus libros”. Y estos textos “prevalecen”, agrega, porque “quien los ha escrito era un poeta”, es decir alguien que “sabía que la expresión con la palabra es un serio juego de niños donde las concesiones se pagan con el olvido”. En mayo de 2017, el poeta salvadoreño Álvaro Rivera Larios escribió una nota en la que afirma que la obra poética de Dalton está desaprovechada en su país).

Washington Benavides, un viejo trovador

 

   El poeta se arma de valor

¿Y la poesía para qué? Sí,
para qué. Para quién. (¡Eh,
de la casa... Eh!)
Está oscura la casa. Oscura y
erizada de ortigas. Flor
de la contrahierba. Flor sin flor.
¿Quién va a escucharla? ¿Quién?
Escribir para los ángeles. No.
Me imagino que no. Pero no sé.
Como el obrero de la iglesia medieval
allá en lo alto (solo) trabajás...
lejos del ojo humano; trabajás...
¿Para quién trabajás? ¿Para quién?
(Si Dios te mira) Si Dios lo ve
y te ve. Tal vez valiera la razón.
Pero un obrero cae también
(y no solamente dentro de una canción).
Y entonces, ¿la poesía para qué?
¿Para quién? (Para mí, para vos).
¡Eh, de la casa...! Eh!
Nadie contesta. Nadie no:
canta un pájaro. Un pájaro responde
modada de rocío su canción.
La noche es ese mirlo. Luna es
el ojo vivo. Campo arisco su voz.
La serranía aquella que miré
-borroneado de llanto mi mirar-
también responde. Y entiendo para quién
rezo malditos versos. Gruño-canto a la par.
Hoy la casa está oscura y crece el ortigal;
mañana no estará. Pero estaré.


   Canción de tu cuerpo

Tu cuerpo no es refugio
del miedo
es una puerta
para salirle al mundo

no es el desván de acecho
y pesadilla
del réprobo de una
generación perdida

tu cuerpo es una puerta
ciego reconociera
sus amadas maderas

no es una escapatoria:
se sale allí o se entra
a la luz o a la fosa.


   Aviso primero

El niño va de asombro en asombro
descubre inventa la manzana
la mosca nombra la liviana
palabra ésta que nombro

palabra o cosa fangtasma objeto
va proveyéndose de todo
no sabe si irá en grupo o recoleto
sabe que va o irá no importa el modo

siente su cuerpo en esa intensa
luz y en la ignorancia
del tiempo ¿la niña? es su fragancia
un niño que usa trenza

un niño que parece su enemigo
y que no le es indispensable
para mañosamente abrirle el postigo
a lo probable

a correr pelotas o gatos
o volarse muros
a hablarle duro a los retratos
serios callados oscuros

a cazar un relámpago verde
a inaugurar la rebatiña
a guardar (cuidadosamente) lo que se pierde
a la piñata o a la piña
y de pronto una voz -más que nombrarlo- muerde:
entonces el niño inventa a la niña

y ya está todo dicho
habrá en su mundo mucha cosa nueva
sensación artefacto nube o bicho
pero todas son máscaras de eva

y el mundo ardor y sueño
crece súbitamente y lo devora
y ya ignorar lo más será su empeño
y perseguirla hasta la aurora

 

   Oficio de ciego

Me tienes compasión
porque escribo biografías de pájaros,
hazañas de crepúsculos y hombres.

No entiendes cómo
en el siglo veinte
puedo vivir sin ser
perito en contabilidad,
argucioso en Tablada,
martín pescador en el Río de la Bolsa,
o al menos político.

Y me la paso con una sonrisa
que suple -en mi silencio- al griterío
de tanto correligionario
de la vida...

No es acción lo que pides,
pides impulso,
una dinámica desordenada
de arrimar piedra a piedra
los cimientos
de un edificio alzado a voluntad
-sin plano alguno-.

Ni tú ni nadie sabe qué saldrá
de tanta piedra superpuesta:
un muro para el viento,
un hotel para el sol,
una cárcel de nubes...

Me pides que coopere con mi hombro
para elevar su majestad babélica.

Me pides que le ponga un nombre lindo
o un niño muerto,
que corte flores
para el día de difuntos...

De tanto andar conmigo
alguna vez me entiendo:
mucho le debo al sol
para cerrar los ojos.

Compadéceme, y deja
que escriba de los pájaros.


(De "Un viejo trovador", antología, con epílogo de Rosario Peyrou, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2004. Washington Benavides nació en Tacuarembó, Uruguay, en 1930. En 1955 publicó “Tata Vizcacha”, su primer libro, que deambuló entre el humor y la sátira sobre algunos de los personajes de su ciudad natal. Grupos ultraconservadores locales buscaron todos los ejemplares de la obra disponibles en librerías y los quemaron en plaza pública. Esa obra fue seguida entre otras por "El Poeta", “Poesía 1959-1962”, "Las Milongas", que a partir de 1965 tuvo ocho ediciones, “Poemas de la ciega”, “Murciélagos”, “Finisterre”, "Fotos” y "El molino y el agua", obra con la que recibió en 1990 el primer premio de Poesía Inédita, otorgado por la Intendencia de Montevideo. Profesor de literatura y músico con tres discos editados, poemas suyos tuvieron versiones musicales a cargo de Daniel Viglietti y Alfredo Zitarrosa, entre otros artistas).

Día de los Trabajadores

 

      Carlos Hugo Aparicio

 

       Pedro Orillas

 

Qué pobre es el pobre Pedro Orillas

con su diario encararse a su jornal,

trabajando del alba hasta hora tal

que regresa a su casa de rodillas.

 

Su mujer y sus hijos, sus dos sillas

y su mesa de siempre, la cabal

del que nace sin nada y muere igual,

arrastrando el otoño en sus mejillas.

 

Quién se duele de él y su arrabal

y le ayuda en sus fiebres más sencillas,

quién le pone un cariño a su puñal;

 

nunca nadie, y siguen sus astillas,

y seguirán las rachas de su mal;

ay, qué pobre es el pobre Pedro Orillas.

 

 

   Canción del domingo

 

Todos los días son pozos

pero el domingo es un río,

Pedro Orillas abre el cielo

con su puerta, en el domingo,

y ve la luz cómo juega

de rodillas con sus hijos.

Toda su sangre despierta

de otro sábado con vino,

y la pena de la luna

en medio de sus amigos.

Pero los días son pozos

y tan ancho es el domingo,

que por ser Orillas siente

que adentro le pasa el río.

Por fin derecha la espalda,

sin esconder su silbido,

dueño del tiempo, saluda,

sin apuro a sus vecinos.

Paredes todos los días,

pero el domingo un camino

siguiendo el rastro de un árbol

y al pulso a solas de un grillo.

Oh corazón sin horario,

voluntad de lluvia, limpio

orgullo de hombre que clava

a su gusto sus latidos.

Pedro Orillas abre el cielo

con la puerta del domingo

y siente que sueñan alas

sus hombros sin otro oficio.

Todos los días son pozos

pero el domingo es un río.

 

(De “Pedro Orillas”, el suri porfiado, Buenos Aires, 2014. Carlos Hugo Aparicio nació en La Quiaca, Jujuy, extremo norte argentino, en 1935. La primera edición de “Pedro Orillas” data de 1965, y el músico Dino Saluzzi compuso una obra tomando esos textos como base. Es también narrador).

 

 

   Jacobo Rauskin

 

   La clase obrera ya tiene su museo

 

Son todos dentistas, policías, turistas.

Son curiosos curioseando.

Hay exposiciones, curadores hay.

La vieja fábrica es un museo abierto al público

en días de oficina y horas de museo.

El piso es puro mármol reconstituido, reimplantado.

El último obrero no ha vuelto,

dejó su ropa de trabajo.

La dejó colgada de un clavo de la memoria

a falta de pared.

La pared es textura saqueada.

 

(De “El arte de la sombra”, colección Pez Náufrago, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011. Jacobo Rauskin nació en Villarrica, Paraguay, en 1941. Obtuvo en 2007 el Premio Nacional de Literatura. Es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Algunas de sus obras: "Jardín de la pereza", "La noche del viaje", "La canción andariega", "Alegría de un hombre que vuelve", "Fogata y dormidero de caminantes", "Adiós a la cigarra", "El dibujante callejero", "La ruta de los pájaros", "La rebelión demorada", "Espantadiablos", "Los años en el viento".)

 

 

   Pablo Neruda

 

   Obreros marítimos

 

En Valparaíso, los obreros del mar

me invitaron: eran pequeños y duros,

y sus rostros quemados eran la geografía

del Océano Pacífico; eran una corriente

adentro de las inmensas aguas, una ola muscular,

un ramo de alas marinas en la tormenta.

Era hermoso verlos como pequeños dioses pobres,

semidesnudos, malnutridos, era hermoso

verlos luchar y palpitar con otros hombres más allá

     del océano,

con otros hombres de otros puertos miserables, y oírlos,

era el mismo lenguaje de españoles y chinos,

el lenguaje de Baltimore y Kronstadt,

y cuando cantaron “La Internacional” canté con ellos:

me sabía del corazón un himno, quise decirles:

     “Hermanos”,

pero no tuve sino ternura que se me hacía canto

y que iba con su canto desde mi boca hasta el mar.

Ellos me reconocían, me abrazaban con sus poderosas

     miradas

sin decirme nada, mirándome y cantando.

 

 

   La huelga

 

Extraña era la fábrica inactiva.

Un silencio en la planta, una distancia

entre máquina y hombre, como un hilo

cortado entre planetas, un vacío

de las manos del hombre que consumen

el tiempo construyendo, y las desnudas

estancias sin trabajo y sin sonido.

Cuando el hombre dejó las madrigueras

de la turbina, cuando desprendió

los brazos de la hoguera y decayeron

las entrañas del horno, cuando sacó los ojos

de la rueda y la luz vertiginosa

se detuvo en su círculo invisible,

de todos los poderes poderosos,

de los círculos puros de potencia,

de la energía sobrecogedora,

quedó un montón de inútiles aceros

y en las salas sin hombre, el aire viudo,

el solitario aroma del aceite.

 

   Nada existía sin aquel fragmento

   golpeado, sin Ramírez,

   sin el hombre de ropa desgarrada.

   Allí estaba la piel de los motores,

   acumulada en muerto poderío,

   como negros cetáceos en el fondo

   pestilente de un mar sin oleaje,

   o montañas hundidas de repente

   bajo la soledad de los planetas.

 

(De “Canto General II”, Editorial Losada, Buenos Aires, octava edición, 1982. Pablo Neruda nació en Parral, Región del Maule, en 1904. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1971, y Gabriel García Márquez lo consideró “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”. Comenzó a publicar poesía a los 17 años. En 1924 publicó “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, que contiene algunos de los poemas que son conocidos mundialmente. Fue también un activo militante político de izquierda. Llegó a senador de su país pero tuvo que escapar al exilio. Murió en 1973 en Santiago, el 23 de septiembre, pocos días después de que el genocida Augusto Pinochet había asaltado el poder a sangre y fuego. Los motivos de su muerte siguen siendo, cuatro décadas después, objeto de dudas y controversias, pues hay denuncias de que fue asesinado por agentes de la dictadura en la clínica en la que estaba hospitalizado).

Poetas de Medellín / 2017

 

   Publicamos una selección de poemas de autores que estarán presentes en el Festival Internacional de Medellín, del 8 al 15 de julio, en la ciudad colombiana. El espacio oficial del Festival en internet ofrece información detallada sobre los participantes y su obra. En algunos casos, además, se incluyen textos con su posición sobre el arte poético y su ubicación en el mundo. De allí salen los poemas que siguen.

   El espacio oficial del Festival de Medellín, del 8 al 15 de julio (al que La Poesía Alcanza asistirá en su integridad para informar sobre su desarrollo), es el siguiente:

   https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Intro/index.htm

 

   Andrés Álvarez

 

   Guerra

 

Alguien hablaría de la casa vacía
o del alero inclinado
al paso rasante de las bombas,
pero unos tienen los ojos llenos de tierra,
otros tienen la boca seca 
por acunar camadas de polvo,
y nadie sabe la lengua extranjera. 
Alguien contaría la noticia
                del país deshecho
para recibir los dones de la hospitalidad,
si el anfitrión no fuera su verdugo.
Alguien diría algo más
pero sus palabras serían las palabras
de una boca muerta.

 

 

   Apología II


Perdóneme, muchacha,
pero quiero regalarle abismos:
no lo demás.
Abismos como la sucesión cromática
del cielo.
Los ojos imantados
               –en los astros–
                             derivan las intermitencias.
No las pasiones contenidas.
No la madurez que presumen
entendimientos que no han dado fruto.
Muchacha,
todo arraigo está en los abismos:
no en lo demás.

 

 

   Günter Grass para motociclistas

 

Bajo el rojo incendio del ocaso,
el insensato
buscando arándanos en motocicleta.
Su cuerpo pesaría sobre el pavimento.
Pero la muerte tiene
la levedad de los pájaros.

 

(Andrés Álvarez nació en El Carmen de Viboral, Antioquia, en 1991. Es también abogado y profesor universitario. Es cofundador de la revista cultural “Opinión a la Plaza” e integra el grupo literario Savia desde 2007. Tiene dos libros inéditos, “Ese olor de árboles muertos” y “La mujer de Job”. Artículos y cuentos suyos son incluidos en varias publicaciones del país).

 

   Timo Berger

 

   Surco, hacia Chorillos

 

Otros se paran describiendo
cuadros en museos, yo no
veo museo alguno en este

distrito, pero veo colores
veo granos, veo sustancias
susceptibles, veo la sombra

del viaducto por el que hace años
dentro de años pasaría un metro,
veo a mis espaldas una pechuga

abierta con un tajo perfecto
en las brasas, veo
cómo sobre los ruidos

de los vehículos que nadie dibuja
aparece una escala de grises
a través de un cristal tintado

 

(Timo Berger nació en Stuttgart, en 1974. Además de poeta, es traductor y productor de actividades culturales. Autor de varios libros, radicado en Berlín, es cofundador del Festival Latinale, que se realiza en esa ciudad y concita la participación de autores latinoamericanos. Su presencia es frecuente en América Latina, para participar de festivales y realizar talleres y presentaciones).

 

   Elvira Hernández

 

   Noticias de Atenas

 

Dicen que ni la guerra del Peloponeso
concentró tantas tropas.
Que en el mar Egeo
hay más misiles activados que islas.
Que los helicópteros son como nubes
comediantes.
Que los aparatos de los aparatos
detectan hasta el nóumeno.
Que las coronas de olivo tienen un chip
que gusta de navegar por el Canal de Silvio.

 

   Lo que sigue

 

               Para Álvaro Hoppe

 

Asoma una nube de polvo
quizás el polvo en que nos convertimos.
De los confines llegan
las hermandades de la pértiga y la raqueta.
Son la bruma de la presencia
y tantas desconocidas banderas
rostros interminables
decididos venablos
despedazadas tierras
puños en alto
y no moscas invitadas a la fracción del segundo.

 

(Elvira Hernández nació en Lebu, provincia de Arauco, Chile, en 1951. Tiene una muy extensa obra publicada y su libro “La Bandera de Chile”, de 1991, es citado casi ineludiblemente en las referencias a la poesía contemporánea de su país. Poemas suyos están incluidos en numerosas antologías nacionales e internacionales).

 

   Sabino Esteban Francisco

  

   Remiendo

 

En la sombra rural
de estos cerros,
la miseria
no sólo rompe las ropas:
los campesinos
remiendan hasta el corazón. 

Si rompiera también 
la sombra
ellos pondrían 
un remiendo de luz. 

 

   Otra vida

 

Después del bombardeo
resurgía la voz de las aves.

Como fuente dulce, 
alegre, hecho canto de vida.

Desde la trinchera
germinaban nuestras risas.

Y salíamos 
con retazos de carbón
y pedazos de tabla
a pintar otra vida
en el dorso de esa vida.

 

(Sabino Esteban Francisco, nacido en 1981, es guatemalteco de ascendencia maya q’anjob’al. Durante el conflicto armado interno, su familia se refugió dos años en Chiapas. Publicó los libros de poesía “Sq’aqaw yechel aqanej / Gemido de huellas”, en 2007; “Yetoq’ junjun b’ijan aq’al / Con pedazo de carbón”, en 2011; “Xik’ej K’al Xe’ej / Alas y raíces”, en 2013; y “Sq’och Xajaw/La Escalera de la luna”. Poemas suyos fueron incluidos en varias antologías).

Juan Bañuelos

 

   Viento de diamantes

 

                  La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo.

                                                                                W. Blake

 

Lo mismo que Adán sumergido hasta la alondra del

      silencio,

   sucio de humana noche en que he caído, rompo todos

      los pronombres

   para tenderme en el día óseo de la plenitud.

Acudo ebrio de musgo y tulipanes hasta las criptas de

      las piedras

   o de los ríos secos, donde muerden el silencio cárabos

      crepusculares

   y en donde un hombre solitario se hinca.

 

Pisando soledad entro en el día, porque es dable a las

      criaturas

   ver su hora crecer para hallar luego algo de los mortales

   en un grano de arena. Más también bajo las gradas

      seculares y

diviso el humo de las chozas de los hombres,

   veo los caminos cotidianos, las nubes que anuncian el

      otoño

   y a la mujer grávida de su fruto sentada en su

      hamaca

   viendo pasar las horas.

                                         Y me muevo con las hierbas,

      y con el menor movimiento del caballo, y siento que

      dentro de mí corro

   como ese río que estoy viendo que avanza.

¡Y miro alejarse la carreta del último cosechador!

 

E igual que una palabra lanzada a la mitad del mar

   caigo en el seno del prodigio. Y como el minero que

      se cubre

   con las manos la faz cuando de pronto, ciego, reencuentra

      la luz

   así la dulzura levanta su toga y me envuelve temerosa.

¡Ay, el hombre soy y no lo había advertido!

   el amparado por dioses tutelares de la iniquidad, el que

      frecuenta

   y ronda tanto reconr taimado del polvo con su cauda

      de crines blancas.

¡El hombre soy, mas no me basta!

   porque el sol tiene su trigo en llamas y el mar tiene

      los ojos tocados por la gracia.

El hombre soy

   pero toda cosa nacida con la aurora, con ella muere,

y toda criatura que engendra la noche

      con ella se aleja porque oscuro es su linaje.

 

Todo pasa.

Y como el agua y el sol, también todo queda. Un silencio

   que se sienta a esperar el primer ruido. Nuestra imagen

   que se pierde y se encuentra como el humo que no es

      más que el eco del fuego.

No otra cosa que la espuma negra

que va haciendo el arado sobre la tierra.

Y lejos de la memoria del viento que dejaron las épocas,

   un olor de centeno y anís hace volver los pájaros.

 

Y porque el horizonte no es más que una hoja larga de

      perfil,

   dejo que mudas tribus de peces muerdan los guijarros,

   dejo que brille el hocico del jabalí en la noche

   y que bajo el zumbido de las abejas

   los bueyes trillen las mies.

      ¡Ay, reivindicación bañada en el ojo inocente!

      ¡Oh, exultación del mar sostenida en el resplandor!

¿De qué remoto sueño hemos caído? ¿Por qué somos una

     rueda que grita enloquecida? ¡Ah! Triste es nuestro

     paso, en verdad,

¡No más que olas somos! Nos levantamos brevemente…

para seguir siendo mar.

 

 

   Esta noche y sus viejos nómadas de blanco

 

Y todavía, todavía el ciego Tiresias va cojeando mientras

     recuerda al mar.

El astro de Quetzalcóatl anda buscando sitio entre la

     noche.

La noche con todas sus estrellas gira como un viejo

     molino de palomas,

y nosotros, resueltos ya en ruinas, de esta carroña deliciosa

sabremos ser tierra, sabremos ser fuego –sabré ser pájaro

     y su vuelo-

y consentiremos en nuestro propio corazón al hombre.

Ahora cerca del espíritu vamos a crear la palabra (un arco

     iris movido por el aire).

Que el tiempo nos separe como separa los días y las aguas,

que la palabra sea como la mano de Ananías y veamos

     por una sola vez,

por una, lo que no podíamos ver.

          Porque ¿qué es el crepúsculo

          sin los ojos del hombre?

          ¿Y qué es la pregunta sin que

          responda el que la sabe?

¡Ay, corazón, alégrate y deja tu palabra en mi boca!

   Hagamos nido en las llamas de la imágenes; que

          un grillo debajo de la lengua vigile el sueño de

          caracol del mundo

   mientras danzando, enloquecido el viento rasga sus

   ropas en los árboles.

¡Ay, corazón, alégrate, y ante un poco de agua del mar

          en nuestras manos,

   sintamos su grandeza al recordarlo!

Y porque nuestro tiempo no es tiempo para interrogar

         al Mar

   sino para poner su boca en el polvo,

y porque ¡ay! difícil es ver la hora desnuda de su arena,

   he aquí que un coro de lágrimas se oye en la noche

   y las estrellas tiemblan como párpados blancos en los

         ojos del agua.

-Mas un día oímos la voz de la humedad del río subir

   la sangre hasta la luz, y danzar astillándose en los

         corazones.

¡Ay, escribo sin medir camino ni palabras: no tropiece

         mi lengua para fundar el orden y la vida!

   Porque la vida es, y como la tierra, se embellece cuando

         arrojamos las semillas.

Sólo cuando construimos nos despojamos de la ebriedad

         de la tiniebla.

   -Duermen los siglos en las piedras y el silencio se hace

     tiempo;

   en el verano de los muertos, el adolescente es un peñasco

         estéril.

Sólo hila una tumba la arcilla que no conoce el agua.

Nosotros nos iremos por los viejos caminos transitados,

   por las vías donde desovan los reptiles, por donde

        se quedó

   una estrella que olvidó la noche recoger, por el lugar

        del sueño,

   por donde el colibrí canta y su canto es liquen que cae

        para formar nido en el ojo de un ciego.

¡Ah, esta noche y sus viejos nómadas de blanco!

 

 

   Anacreóntica

 

Colgué en sus labios el asombro.

Como un tigre violeta le sangraban los ojos.

Ahorré la luz debajo de su pelo.

Sol. Tertulias de sombra en sus pestañas

Rumoreaban como uvas de un lagar.

Reconstruí de súbito la fiebre,

Y el acoso flameaba entre sus medias.

Pequeña de los años –diecisiete-

Me despeñé desde su cuello

Cuando debajo del corpiño

Dos frágiles navíos

Se le iban a pique

 

(De “Poesía en movimiento, México 1915-1966”, selecciones y notas de Octavio Paz, Alí Chumancero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, con prólogo de Octavio Paz, Siglo Veintiuno Editores, vigesimoséptima edición, Ciudad de México, 1998. Juan Bañuelos nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1932. Estudió derecho, letras hispánicas y filosofía. Realizó una actividad literaria intensa en la Universidad Nacional Autónoma de México y en las de Chiapas, Guerrero, Querétaro y Sinaloa. Publicó sus primeros poemas como integrante del grupo La espiga amotinada. Publicó, entre otras obras, “Puertas al mundo”, “Espejo humeante”, “Destino arbitrario”, “A paso de hierba” y “Vivo, eso sucede”. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, en 1968; el Chiapas en Arte, 1984; el Nacional Carlos Pellicer, en 2001; y el de Poesía José Lezama Lima, en 2005. Defensor de los derechos de los pueblos originarios, fue titular de la Comisión Nacional de Intermediación, que organizó mesas de diálogo entre el gobierno mexicano y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Murió en Ciudad de México el 29 de marzo de 2017).

 

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