Artículos

Las ruinas de México

 

   José Emilio Pacheco

 

   1

 

Absurda es la materia que se desploma,

la penetrada de vacío, la hueca.

No: la materia no se destruye,

la forma que le damos se pulveriza,

nuestras obras se hacen añicos.

 

 

 

   2

 

La tierra gira sostenida en el fuego.

Duerme en un polvorín.

Trae en su interior una hoguera,

un infierno sólido

que de repente se convierte en abismo.

 

 

   3

 

La piedra de lo profundo late en su sima.

Al despetrificarse rompe su pacto

con la inmovilidad y se transforma

en el ariete de la muerte.

 

 

   4

 

De adentro viene el golpe,

la cabalgata sombría,

la estampida de lo invisible, explosión

de lo que suponemos inmóvil

y bulle siempre.

 

 

   5

 

Se alza el infierno para hundir la tierra.

El Vesubio estalla por dentro.

La bomba asciende en vez de caer.

Brota el rayo en un pozo de tinieblas.

 

 

   6

 

Sube del fondo el viento de la muerte.

El mundo se estremece en fragor de muerte.

La tierra sale de sus goznes de muerte.

Como secreto humo avanza la muerte.

De su jaula profunda escapa la muerte.

De lo más hondo y turbio surge la muerte.

 

 

   7

 

El día se vuelve noche,

polvo es el sol,

el estruendo lo llena todo.

 

 

   8

 

Así de pronto lo más firme se quiebra,

se tornan movedizos concreto y hierro,

el asfalto se rasga, se desploman

la vida y la ciudad. Triunfa el planeta

contra el designio de sus invasores.

 

(Estos poemas de “Las ruinas de México (Elegía del retorno)”, se refieren al terremoto padecido por México en 1985. El autor los inscribe a la memoria de los muertos. Los poemas son del libro “Tarde o temprano, Poemas 1958-2009)”, Colección Nuevos Textos Sagrados, dirigida por Antoni Marí, Tusquets Editores, Ciudad de México, 2010. Esta antología incluye “Los elementos de la noche”, 1958-1962; “El reposo del fuego”, 1963-1964; “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, 1964-1968; “Irás y no volverás”, 1969-1972; “Islas a la deriva”, 1973-1975; “Desde entonces”, 1975-1978; “Los trabajos del mar”, 1979-1983; “Miro la tierra”, 1984-1986; “Ciudad de la memoria”, 1986-1989; “El silencio de la luna”, 1985-1996; “La arena errante”, 1992-1998; “Siglo pasado, desenlace”, 1999-2000; “Como la lluvia”, 2001-2008; y “La edad de las tinieblas”, 2009. José Emilio Pacheco nació el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, y murió en ese mismo lugar el 26 de enero de 2014. Su relación con la literatura y sus actividades en ella comenzaron en la revista “Medio Siglo” de la Universidad Nacional Autónoma de México. Posteriormente dirigió colecciones y publicaciones vinculadas con las letras. Se especializó en literatura mexicana del siglo XIX, y estudió al argentino Jorge Luis Borges. Se lo considera uno de los exponentes de la “Generación de los cincuenta”, también llamada “Generación de medio siglo”, junto con Salvador Elizondo, Eduardo Lizalde, Carlos Monsiváis y Sergio Galindo, entre otros escritores. Sus publicaciones de poesía comenzaron en 1963 con “Los elementos de la noche”. Después de la antología “Tarde o temprano”, de 2009, se publicaron “Como la lluvia” y “La edad de las tinieblas”, en el mismo año, y “El espejo de los ecos”, en 2012. Fue también novelista, cuentista, ensayista y traductor. Obtuvo gran cantidad de premios, entre ellos el Cervantes, en 2009, el Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, en 2005, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2004, y el Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2003).

 

Memorias de Septiembre

    

   Jorge Montealegre

 

   Alta poesía

 

Todos los vecinos de mi barrio duermen siesta,

pero hay chicos que golpean puertas fastidiando:

piden pan y no dejan

escribir los mejores poemas sobre el hambre.

 

 

   Agenda

 

Septiembre liceo

 

Septiembre mi casa

 

Septiembre Serrat Principito ahijada

Septiembre liceo

Septiembre lluvia corte de pelo Margot

Septiembre mi casa

Septiembre jeep manos en la nuca bala en la boca

Septiembre Escuela Militar

Septiembre camioneta

Septiembre Estadio Nacional

Octubre Estadio Nacional

Octubre parlante disco negro Velódromo

Octubre Primera Comunión

Octubre Estadio Nacional

Noviembre Estadio Nacional

Noviembre burla buses bultos Santiago de Chile

Noviembre carretera

Noviembre Valparaíso

Noviembre Andalién cubierta bodega Océano Pacífico

Noviembre Antofagasta

Noviembre tanquetas trencito camiones desierto de Atacama

Noviembre Chacabuco

Diciembre Chacabuco

Diciembre cartas plantones torres toque de diana

Diciembre primer poema.

Diciembre Chacabuco

Enero Chacabuco

Enero choquero visita sucucho allanamientos

Enero Chacabuco

Febrero Chacabuco

Febrero misa coro reflectores lista

Febrero despedida

Febrero Chacabuco

Febrero desierto de Atacama cerro Moreno avión FACH

Febrero Cerrillos

Febrero culata bus Estadio Chile

Febrero de frente y de perfil

Febrero Estadio Chile

Febrero casa vacía

Febrero casa de mi prima

Febrero casa de una tía

Febrero

Marzo

Abril

Mayo casa de Gustavo casa de Sergio casa de Ignacio

Mayo casa de otros casa de Gustavo

Mayo cumpleaños

Mayo Pedahuel

Mayo pasaporte

Mayo turbinas

Mayo cordillera

Mayo Aconcagua

Mayo vértigo

 

Mayo lejos

Mayo lejano de 1974

 

(De "Poesía chilena de hoy, de Parra a nuestros días", selección de Erwin Díaz, ediciones/metales pesados, 11ª. edición, 2012. Jorge Montealegre nació en Santiago, en 1954. Apenas concluía el ciclo de enseñanza media cuando los militares de la dictadura del genocida Augusto Pinochet allanaron su casa y lo apresaron. Pasó por varios centros de detención, aludidos en el poema "Agenda". Como relata en esos versos, se fue al exilio a Europa, donde realizó tareas periodísticas y literarias. Publicó en París "Huiros", en edición a mimeógrafo. Regresó a Chile en plena dictadura y mientras trabajaba como publicista y guionista de humor realizaba ediciones literarias clandestinas. Ya en democracia, publicó "Frazadas del Estadio Nacional", memorias sobre el centro de detención y exterminio de la dictadura. Entre varios reconocimientos, recibió la Beca Guggenheim, en 1989; el Premio Municipal de Literatura de Santiago, en 1996; el Premio Altazor en la categoría ensayo, en 2004, y en poesía, en 2008).

 

   Juan Cameron

 

   Video clip

 

Desaforados fuimos gracias a Dios y a Kafka bajo la dictadura

En los discursos del necio poníamos la radio

le hacíamos

cantar jazz y cumbias

Risa envasada a sus ladridos fue nuestra militancia

 

Y porque nos jodió los mejores años le jodimos perorata

(un auto cada seis habitantes     una casa por tres familias

Caperucita el 89)

La risa interrumpe este video

El vino fue mejor la tarde cuando

Argentina campeonó por vez primera

en una vieja TV que aún cloquea en blanco y negro

Desaforados fuimos gracias a Melville y Lowry y Woody Allen

si nuestros muertos no viven en la risa bajo la santa tierra

   de la memoria

que a los ojos salpica al alzarlos en brindis

sin derramar una palabra.

 

 

   Fe de ratas

 

Donde dice amor no debe decir absolutamente nada

basta con las manchas olvidadas por tu lecho

Donde dice libertad léase justicia

léase calor    muslo    ángel de la guarda

líbrame de las balas locas

Donde dice orden léase hijos de la grandísima

pero léase en la clandestinidad

léase debajo de un crepúsculo

porque el tipógrafo

es un tipo con santos en la corte.

 

 

   Cada vez que regreso a mi país

 

Cada vez que regreso a mi país

cada vez que de un corto viaje regreso a mi país

Los viajeros que regresan después de un largo viaje

aplauden en la losa

aplauden largamente al término del vuelo

y en el extenso aplauso logra posarse el ala

con un graznido sordo como rumor de plumas

Algunos lloran en silencio

aplastan su nariz así un niño en la vidriera

y pequeñas figuras agitan sus brazos a lo lejos

más allá de los ínfimos vehículos y de las escalerillas

y aplauden y aplauden hasta tomar los bolsos

y arrastrar las valijas como un ave enjaulada por los corredores

camino a las aduanas

¿Qué aplauden los viajeros?

¿Aplauden su regreso    la pericia del vuelo

la imagen de la casa después de tantos años?

Sepa Dios que aplauden los viajeros al posarse en la losa

el ala que los guía

mas agitan sus brazos como una gaviota

sorprendida en el nido en medio de la noche.

 

(Los primeros dos poemas son de "Veinticinco años de poesía chilena", Teresa Calderón, Lila Calderón y Tomás Haqrris, compiladores; Colección Tierra Firme / Poetas Chilenos, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1996; el tercero es de “Versos atribuidos al joven Francisco María Arouet y otros textos desclasificados”, LOM Ediciones, Santiago, 2000. Juan Cameron nació en Valparaíso, en 1947. Se licenció en Derecho en la Universidad de Chile y fue periodista en Suecia, donde estuvo exiliado tras el golpe de estado de Pinochet, en 1973. Entre sus libros de poesía publicados están: “Las manos enlazadas”, en 1971; “Perro de circo”, en 1979; “Cámara oscura”, en 1985; “Como un ave migratoria en la jaula de Fénix”, en 1992; “// í go back/ Si regreso”, en 1993; “Visión de los ciclistas y otros textos”, en 1998; “Jugar con la palabra”,  antología, en 2000; “50 poemas”, en 2007; y “Treinta poemas para leer antes del próximo jueves”, en 2007. Recibió los premios "Gabriela Mistral", en 1982; "Revista de Libros", "Consejo Nacional del Libro y la Lectura", en 1999; Premio Internacional de Poesía Ciudad de Alajuela, en Costa Rica, 2004; el  Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero, del Ecuador, en 2014; y el Premio Internacional de Poesía "Pilar Fernández Labrador", de España, el mismo año. Figura en una treintena de compilaciones de poesía chilena y latinoamericana).

 

   Marco Antonio Campos

 

   Entre dos plazas

    (11 de septiembre de 1973-9 de noviembre de 2004)

 

                        a Manuel Silva y Gonzalo Millán

   Desde el balcón central del palacio de La Moneda, en esta Plaza de la Constitución, Allende se dirigía al pueblo. Nada quedó de entonces, nada.

   En las calles y plazas del centro de Santiago las flores de los ceibos destellan su breve llamarada roja.

   Camino hacia la puerta de La Moneda. Hace treinta y un años caligrafiaba casi a diario un cuaderno de sueños. Todo ha cambiado con las generaciones de los gorriones

sucesivos que se paran sobre las ramas. En vez de apuntarme a la cabeza, los carabineros me revisan con un detector.

   Entro. Doy vueltas en torno del Patio de los Naranjos. Me miro caminando entre espectros hasta contra el número 67. Con angustia, el que dirige, mira los aviones. La

Moneda se sacude. Se adensan humaredas. Caen las bombas sobre techos y patios. Oigo la llegada de los tanques. Oigo el sonido de las botas de los soldados. El lloro del

martes ya desangra el lunes. Entre el fuego cruzado alguien se acerca y me dice al oído: “La historia se repite. Tarde o temprano la historia se repite”.

   Huyo. Salgo a la Plaza de la Constitución. La atravieso. Por las prisas no me doy cuenta de que se cayó de las manos el cuaderno de mis sueños. Siento los soldados detrás de mí, inmediatamente detrás de mí. Las balas zumban. Corro más fuerte por calle Morandé, giro hacia Huérfanos y después a Estado. Entro a Plaza de Armas. En el aire las cartas vuelan como palomas que no saben adónde ir. Un Cristo en llanto sale de la catedral. Me siento en medio de la plaza y recojo una a una las flores del ceibo, y roja es la tarde.

(De “¿Dónde quedó lo que yo anduve?”, el suri porfiado, de Argentina, y Círculo de Poesía, revista electrónica de literatura, de México, Buenos Aires, 2016. Marco Antonio Campos nació en Ciudad de México, en 1949. Es también narrador, ensayista, traductor y editor. Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde fue miembro del taller de poesía de su compatriota Juan Bañuelos. Como docente, fue profesor huésped de varias universidades, entre ellas la de La Plata, Argentina, en 1992. Sus publicaciones de poesía comenzaron con “Muertos y disfraces”, de 1974. En 2007 publicó “El forastero en la tierra, 1970-2004”, su poesía reunida. Entre gran cantidad de premios se destaca el Xavier Villaurrutia, en 1992 y 1993; el Casa de América de Poesía Americana de Madrid, en 2005; el Iberoamericano Ramón López Velarde, en 2010. Tradujo a Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Antonin Artaud, Umberto Saba, Giuseppe Ungaretti, Salvatore Quasimodo, Cesare Pavese, Carlos Drummond de Andrade y Nuno Júdice, entre otros).

Los desaparecidos

 

   Jorge Boccanera

 

   De "Contra el bufón del rey"

 

                        Las preguntas aquí formuladas datan de los últimos días de la guerra y

                        fueron encontradas en los ojos de un campesino desnucado. Se cree que

                        ellos están referidas a los miles de prisioneros políticos, que el pueblo

                        daba como desaparecidos y el bufón como inexistentes

 

 

CONSUMIDOS SERÁN DE HAMBRE, Y COMIDOS DE

FIEBRE ARDIENTE Y DE AMARGA PESTILENCIA;

DIENTE DE BESTIAS ENVIARÉ TAMBIÉN SOBRE

ELLOS, CON VENENO DE SERPIENTE DE LA TIERRA.

 

por qué camino van los desaparecidos los pobres

abandonados a su perra suerte arrastrando sus colas

de demonio como una obstinación o simple culpa?

 

quién encontró sus huellas en la playa desierta sus

restos de comida sus otoños jadeantes siguiéndolos

     detrás?

 

dónde consiguen nombres bellosrostros comida salud

fotografías intuición armas beso odio cobija luz?

 

con qué dedos construyen sus cigarros sus abarcas

precarias con qué boca nos dan sus salivazos con

     qué lengua sus cantos?

 

y qué recuerdos sangran qué aullido les desgarra la

ropa qué bala en la garganta les anuncia una muerte

     que no aceptan?

 

y quién cubrió sus nombres con escombro y navaja

creyendo en la inmortalidad del albardán histrión

bufo risible gran inmundo de todo lo obediente?

 

y quién cubrió sus nombres con escombro y navaja

creyendo en la inmortalidad del albardán histrión

bufo risible gran inmundo de todo lo obediente?

 

y qué manos amigas recogieron sus voces para luego

esconderlas como hogueras prohibidas como tubas

doradas como peces luchando todavía en redes de

     ceniza?

 

con qué cuchara curan lo amargo del terreno y bajo

qué guitarra despiertan sus ideas

por qué camino van los desaparecidos?

                                       ¿miles?

 

 

ECHARÍALOS YO DEL MUNDO, HARÍA CESAR DE

ENTRE LOS HOMBRES LA MEMORIA DE ELLOS.

 

 

   De "Palma Real"

   XXXVIII

 

Centellea, entre las mandíbulas del diablo, una brizna

   de hierba, señales del derrumbe.

 

Lo siento entre las vísceras con un ala de filos, silbos

   de sucumbir.

 

Ciego frente a la Palma Real, ignora que ella es muchas

   si abraza, corre, gira por la espuma del goce.

 

Hay un bosque quemado en el centro de mi juventud.

Son treinta mil esos sueños talados.

 

Quiero urgencia y memoria

cuando el horror enjuague su rostro en el follaje.

Que nadie ofenda al bosque.

 

Palma cortada es holocausto.

 

(El primer poema es del capítulo "Contra el bufón del rey" del libro "Tus ojos del pájaro quemado", colección "Poesía Centro y Suramericana", Editorial V Siglos, Ciudad de México, 1980. El segundo es de “Palma Real”, Colección Visor de Poesía y Ediciones Continente, Buenos Aires, 2009. Jorge Boccanera nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. “Música de fagot y piernas de Victoria”, “Los ojos del pájaro quemado”, “Polvo para morder”, “Sordomuda” y “Bestias en un hotel de paso” son algunos de sus obras poéticas, con las que se componen compilaciones y antologías como “Marimba”, “Antología personal” y “Servicios de insomnio”. Con “Palma Real” obtuvo el Premio de Poesía Casa de América, que se otorga en España, en 2008. Coordinó y editó numerosas antologías, como “Anillo del silencio, Centroamérica en la Poesía”, y “Animales del azar”, de Juan Gelman. Sus trabajos en condición de ensayista son numerosos. Entre ellos, “Confiar en el misterio / La poesía de Juan Gelman” y “Luis Cardoza y Aragón: solo venimos a soñar”. Integra frecuentemente jurados de concursos poéticos internacionales, como lo hizo en 2016 para el Pablo Neruda, en Chile. “Palma Real” fue traducida al italiano y viene publicándose en varios países, después de las ediciones en España y Argentina. La más reciente, en 2016, apareció en Costa Rica. Se trata de una edición que cuenta con fotografías de Luciano Capelli).

 

 

   Francisco Urondo

 

 

   La verdad es la única realidad

 

Del otro lado de la reja está la realidad, de

este lado de la reja también está

la realidad; la única irreal

es la reja; la libertad es real aunque no se sabe

bien

si pertenece al mundo de los vivos, al

mundo de los muertos, al mundo de las

fantasías o al mundo de la vigilia, al de la

explotación o de la producción.

Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel

cuerpo, ese vaso de vino, el amor y

las flaquezas del amor, por supuesto, forman

parte de la realidad; un disparo en

la noche, en la frente de estos hermanos, de estos

hijos, aquellos

gritos irreales de dolor real de los torturados en

el angelus eterno y siniestro en una brigada de

policía

cualquiera

son parte de la memoria, no suponen

necesariamente el presente, pero pertenecen a

la realidad. La única aparente

es la reja cuadriculando el cielo, el canto

perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz

fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo

inmenso cubriendo la Patagonia

porque las

masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,

como

la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia

estival: son la realidad, como el coraje y la

convalecencia

del miedo, ese aire que se resiste a volver

después del peligro

como los designios de todo un pueblo que

marcha hacia la victoria

o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a

defenderse, a rescatar lo suyo, su

realidad.

Aunque parezca a veces una mentira, la única

mentira no es siquiera la traición, es

simplemente una reja que no pertenece a la

realidad.

 

                  Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

 

 

   Benefacción

 

Piedad para los equivocados, para

los que apuraron el paso y los torpes

de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura

o presión de cualquier tipo, para los que supieron

callar a tiempo o no pudieron mover

un dedo; perdón por los desaires con que me trata

la suerte; por titubeos y balbuceos. Perdón

por el campo que crece en estos espacios de la

época

trabajosa, soberbia. Perdón

por dejarse acunar entre huesos

y tierras, sabihondos y suicidas, ardores

y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.

 

(De "Poemas de batalla", Obras Maestras de la Poesía, Planeta, Buenos Aires, 1999. Francisco Urondo nació en Santa Fe, Argentina, en 1930, y murió en 1976 en Guaymallén, Mendoza, donde fue acribillado cuando huía de un grupo de militares de la dictadura que asolaba entonces a su país, y que lo perseguía por su condición de integrante del grupo guerrillero Montoneros. En poesía, publicó “Historia antigua”, en 1956; “Breves”, en 1959; “Lugares”, en 1961; “Nombres”, en 1963; “Del otro lado”, en 1967; y “Adolecer”, en 1968. La antología “Larga distancia” fue publicada en Madrid, en 1971. Fue también cuentista y guionista de televisión y cine).

 

   Juan Gelman

 

   III

Dios se fue al vacío que dejó su muerte. La sombra traga los regresos y los favores del amor en cualquier calle se abandonan. La vida se pareció a la vida alguna vez/ya la mentira ni siquiera vuela. Hay que barrer el mundo en sucio estado/otra vez ponen huevos de serpiente/viejos.

 

   XXXIII

Los caminos del duelo eluden el deber cumplido, tienen audacias para sobrevivir/países/escondrijos de estar. La imposibilidad de borrar huellas ancla en el real con péndulos indetenibles/su semejanza con la muerte es un escándalo.

 

   XXXVI

Se abren rostros feroces cuando el amor conoce los instrumentos de su muerte. Rincones de la palabra se desbaratan en incertidumbres, mares sin playa, pisan la transparencia de un diamante. La razón levanta fierros sin temblor, analfabeta de la dicha que hubo. Un ave come el canto de una acacia y vuela en contenidos fijos sin puerta ni salida. La furia nace sola/recuerdan a dos jóvenes los tilos/sus paseos en noches que volvían suaves/entre balazos de la época. Pasean hoy mismo como sombras y no dicen por qué.

 

    Desaparecidos

 

La dispersión del jazmín

llena el cuarto

cercado por la mañana.

Han desaparecido los barcos

que navegó mi juventud en

un vacío incesante. Ahí se hunden,

rozan el luto sucio

de una lengua cortada.

La memoria es una cajita

que revuelvo sin solución. No encuentro

umbrales. ¿Es

una forma de la emoción?

A medias sola, odiada,

prospera su ira de fuego.

 

(Los primeros tres poemas son de “Hoy”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2013. Sobre este libro, el poeta argentino dijo en su momento que eligió escribir textos “breves, muy condensados, para no molestar al lector”. "Desaparecidos" es de "País que fue será", Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2004. Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930 y murió en México, el 14 de enero de 2014. Obtuvo el premio Nacional de Poesía en 1997, el Cervantes 2007; el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005; el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2005, entre otros. Algunas de sus obras son "Gotán", "Cólera buey", "Los poemas de Sidney West", "Fábulas", "Hechos y relaciones", "Si dulcemente", "Citas y comentarios", "Hacia el Sur", "La juntaluz", "Composiciones", "Anunciaciones", "Interrupciones 1", Interrupciones 2", "Violín y otras cuestiones", "Miradas", "Carta a mi madre", "Salarios del impío", "dibaxu", "Incompletamente", "Valer la pena", "Mundar", "de atrasalante en su porfía" y "amaramara", edición póstuma. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, checo, chino, francés, holandés, inglés, italiano, japonés, portugués, sueco y turco).

Balam Rodrigo

 

Baldía la luz de amor baña los álamos del bosque. Pocos los pájaros que trinan al apenas sol. Quizá su canto añora ese costal de oscuridad que moraba la víspera los tordos corazones. Paladeo sílabas huérfanas cuando digo oscuridad o digo noche. Sin embargo, una palabra es la que corta la sangre de mi lengua: ¿es niebla o es luz? Baldía la luz de amor baña los álamos del bosque.

 

 

La niebla es un ángel sin rostro que toma un cálamo de leche y escribe en nuestro insomnio los limpios sueños de una roja meretriz que tatúa el invierno y el silencio con la sal de sus pezones.

 

 

El poema atraviesa el corazón y su limo hondo y silencioso. El poema atraviesa la página y su bosque nevado como un ejército de pájaros que marcha por un campo abandonado al invierno y sus fantasmas. Al otro lado del bosque nos espera el poema –bruñendo en las manos del ángel- con su daga de luz fría. Bajo la sombra de los árboles, y en medio del silencio y la tierra escarbada por cuchillos de luz muerta, alguien me dicta con sílabas negras este oscuro testamento de niebla: el poeta es un ángel que atraviesa el corazón con la lengua desenvainada.

 

 

Bebí de los espejos el ártico reflejo del invierno, sus médanos de rabia, su caspa glaciar y punitiva. Y amén del vino servido en manos gastadas por querubes y ángeles de luto, bebo del poema y su gélido veneno quemándome la vid que vaga entre mis venas. He aquí también tus ojos ebrios mirando hacia la página: densas lunas negras muriendo de tiempo y de silencio con el impuro tatuaje de la nieve.

 

 

Sueña la niebla un memorial de agua quemada, un abalorio que desata sus cuentas en piras de humo. Y más allá de la memoria, la montaña y su pezón de nieve en el umbral del alba que deshiela témpanos en vasos de agua clara: sed en forma de silencio, nota ebria, diáfana. Así también la voz enciende yerbas y fósiles pizarras: aliento de ángeles que ejecutan las notas del silencio y escriben su inédita música en el cielo coronado por el vasto y azulado corazón del iceberg.

 

 

Aquí la luz extiende y desparrama la horizontal laxitud de su verbo, difumina líquidas vísceras en el aire y hunde su dardo en las mantelerías de la niebla como quien hace el amor en frescos pozo de leche. Tacta y palpa rodajas de horizonte, moja lívidos y lustrales labios en las charcas, bruñe el oro templado de los icebergs y enciende el acre olor de las hembras fustigadas por el yelo y por la nieve. Vencidos ya por el láudano y el frío –lembranza de la niebla- somos breve llaga en el impuro vocablo de la luz.

 

 

Tocadas como un arpa por un dios solo y cansado cabalgan las crines de la niebla por llanuras más vastas que la sed y la memoria. Y no puede ser sino la misma niebla la que atiza su costal de brumas y diamantes molidos al tacto del ojo y de la luz. Ángeles son también lascas de niebla que devoran el cielo y nadan siglos la luz y la mirada.

 

(De “Iceberg negro”, Colección Atrasalante Poesía, Ediciones Atrasalante, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Gobierno del Estado de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 2015. Balam Rodrigo nació en Villa de Comaltitlán, Chiapas, en 1974. Publicó en 2005 “Hábito lunar”, seguido por “Poemas de mar amaranto”, “Silencia”, “Libelo de varia necrología”, “Larva agonía”, “Icarías”, “Bitácora del árbol nómada”, “Cuatro murmullos y un relincho en los llanos del silencio”, “Logomaquia”, “Braille para sordos”, “Libro de sal”, “Desmemoria del rey sonámbulo”, “El órgano inextirpable del sueño” (en Guatemala), “El corazón es una jaula de relámpagos” (en España), “Oricios del neólogo”, “Bardo. Pequeña antología” (en Chile),  “Morir es una mentira grande que inventamos los hombres para no vernos a diario”, “Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles)”, y “Silbar de mirlos para la hermosura”. En 2012 ganó el certamen internacional de literatura Sor Juana Inés de la Cruz, y en 2014 el premio internacional Jaime Sabines. Es biólogo, graduado en la Universidad Nacional Autónoma de México, y diplomado en teología pastoral). 

Camila Charry Noriega

  

   Lo desaparecido

 

Ahora que ha bajado la marea

nombramos estos huesos

pulidos por la lengua de la sal.

Son vértebras que el oleaje no sorteó

y brillan sobre la arena calcinada.

 

Lejos, en el litoral,

la carne flota

resplandece también,

pero su claridad

es la de una flor crepuscular

que aprecia del fondo

la certeza de lo desaparecido.

 

  

   Fuego de los días

 

            De espera en espera consumimos nuestra vida.

                                                                       Epicuro

 

Por acá todo es casi fuego a diario,

el perro olfatea en la cocina

las cenizas de la luz;

eso es la desaparición

la ausencia de la lengua sobre el pan,

los ojos que desean lo que se hunde

en el misterio del mundo.

 

Yo no sé si es bueno nombrar,

yo no sé,

pero a veces

cuando amenaza el fuego lo más elemental,

uno se pregunta si de esa manera debe ser todo.

 

En la cocina

la tetera canta exasperada

y el olor a hierro quemado es el único vestigio

de un agua seca y reseca,

inexistente

entre el fondo negro de la olla.

 

Otro día es un cigarro que se encuentra entre silbidos

el blanco corazón de la colilla que se ahoga,

allí el fuego es pasado,

certeza limpia.

 

Así también pasa con el cuerpo

y uno sigue preguntándose

qué lo quemará:

una enfermedad en los pulmones,

un carcinoma,

un balazo, una traición.

 

Quién sabe qué extraño fuego

acabe esta espera.

 

 

   Intemperie

 

Afuera

mi padre a la intemperie

no cabe en su cuerpo,

es tiempo y recuerdo.

 

Afuera, solo,

sabe que su marcha

a sus casi ya 70 años

es la del río al revés.

 

 

   Variable

 

La claridad de una palabra

surge del hambre.

No se puede escribir con el estómago lleno,

dice Henry Miller.

Se escribe con la entraña lacerada

en medio de la sed y a la intemperie.

 

Yo escribo en mi casa

que flota entre el humo

y pensando en el hambre que no tengo hoy.

Escribo desde la sed y a la intemperie

aunque no parezca esta geografía

de muebles y de libros un desierto.

 

Un amigo dice que la punzada

es siempre la misma en el estómago

y que la abundancia proviene a veces

de una extraña fiebre

que hace colapsar;

de la impotencia de presentir en las palabras

un más allá que no se alcanza.

 

La exuberancia, no la aridez

y su esquiva sustancia,

también sostiene el poema;

las palabras son a veces simplemente

la imagen de un pozo, una nube

o un símbolo que los años mudarán.

 

(De “Arde Babel”, con selección y cuidado de Juan Manuel Roca, colección Un libro por centavos, Universidad Externado de Colombia, 2017. Camila Charry Noriega nació en Bogotá, en 1979. Publicó “Detrás de la bruma”, “El día de hoy”, “Otros ojos”, y “El sol y la carne”. Obtuvo el segundo lugar en el concurso internacional de poesía Ciro Mendía, en 2012; el premio Tomás Vargas Osorio, en 2016; y el Nacional de Poesía Casa de Poesía Silva, el mismo año. Poemas suyos fueron traducidos al francés, inglés, italiano, polaco, portugués y rumano).

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.