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Diana Araujo Pereira

 

   XXI

 

Come deprisa porque vienen los lobos y las trincheras están marcadas

por señas y pobladas de vientos huracanados.

Nada es estéril si se trata de lo humano, en peligro o en la paz de los

dioses, somos entero conflicto de voces que resuenan por todas partes.

Sonreímos perlas en las casuchas tristes; lloramos el oro y la plata que

comen los santos. Vivimos de sacar las piedras de adentro y con ellas

inventamos los nuevos horizontes por donde caminar.

 

 

   II

 

Desde la hendidura

se ven los pasos que despiertan polvos antiguos

de muebles guardados en el tiempo.

Niebla que hace arder los ojos pero no llega a cegar.

Niebla que asusta al inicio

pero se deshace serena

cuando encuentra el paisaje.

 

 

   III

 

Corro en los pasillos de la muerte que asombran mis días.

Niebla y pétalos de placeres cedidos,

blasón de serpientes en pie de igualdad.

La aventura comienza en el primer escalón

y sólo se acaba el juego de dardos

al enroscarse a las estrellas.

La aventura y el orden

que entre sí negociar el devenir

o el signo que nos toca y enmarca.

 

 

   V

 

                            Para Alfredo Bryce Echenique

 

Soy loca por el alma rota y los pies descalzos de la bella

América.

Ternura y violencia de siglos, saqueos de pies y de manos, la

frente escondida, la miel añorada, la sonrisa desierta.

Hermosa y triste América Durmiente, soñolienta, envejecida,

América de américas, de lejanías recorridas despacio.

La tarde ahora te convoca al entierro de tu viejo nombre, y te

conviertes en paseo de vientres y recorrido de pájaros.

 

 

   VII

 

Lejos, donde la piel del tiempo se pega al espacio,

acontecen los reversos y se crean vertientes.

Por las grietas del horizonte vemos.

Por sus fragmentos nos sabemos hijos,

Cómplices, testigos, sondeos…

 

El ojo que mira y crea el camino

se abre y se cierra con el desdén del paisaje,

el de dentro y el de fuera,

del cuerpo y del alma,

vida y muerte.

 

 

   X

 

Sustancia pegajosa clavada a la página,

el verbo se convierte en puro aire,

en humo selecto.

Sombra que te observa desde el techo y la noche

para atraparte la mañana y la tarde.

Sólo el silencio y el encuentro de letras perdidas

alcanzan el túnel que se abre en los ojos.

 

Los libros nacen del Tiempo.

Las palabras florecen en las sucias ramas de la sociedad.

Los dedos escriben sobre el dolor acumulado

en capas de historia y de vida.

Capas de polvo lúgubre y desértico.

Escribir es tender puentes sobre abismos de olvido.

 

 

   XII

 

Por el borde del camino

por la frontera de arriba o de abajo

por las escaleras pisadas

(y vueltas a pisar)

de tantos siglos de caminar y seguir

comprobamos los descaminos del tiempo.

Sometidos al sueño imperecedero

(pero cargados de idiosincrasias y temblores)

tocamos los timbres del viento.

Somos tierra y cielo

participación incongruente

formas desconectadas

islas de amores y odios

que se sientan para el té de la tarde

o para ver el programa que nos toca en la tele.

 

 

Sorprendidos en la tierra del fuego

nos establecemos bajo árboles de frutos prohibidos

y rescatamos los sueños que flotan en el estanque del olvido.

Es nuestro quehacer diario.

Son nuestras preguntas cotidianas.

Labores corrientes que se esparcen

por territorios y tramas.

 

Hay gigantescos pasos

y otros tan chicos.

Hay nombres en los bordes de las cosas

                                                colgados.

 

(De “Horizontes partidos”, Artepoética Press, edición bilingüe, Nueva York, 2016. Diana Araujo Pereira nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1972. Publicó “Vientreadentro”, con Adolfo Monteo Navas, en 2006, y “Otras Palabras/Outras Palavras”, en 2008. Participó en las antologías “Cancionero Pluvial del Iguazú”, en Lima, 2012, y “Multilingual Anthology”, Nueva York, 2014. Es doctora en literaturas hispánicas y docente en la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana en Foz do Iguacu, Brasil. Participó del Festival de Medellín, Colombia, en julio de 2017). 

Poetas en Medellín / 2017 (IV)

   Publicamos la cuarta selección de poemas de autores presentes en el Festival Internacional de Medellín, del 8 al 15 de julio, en la ciudad colombiana. El espacio oficial del Festival en internet ofrece información detallada sobre los participantes y su obra. En algunos casos, además, se incluyen textos con su posición sobre el arte poético y su ubicación en el mundo.

   Los textos que siguen son tomados de la edición de julio de la Revista Prometeo, Memoria del 27° Festival Internacional de Poesía de Medellín, publicada a propósito del encuentro.

   El espacio oficial del Festival es el siguiente:

   https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Intro/index.htm

 

 

   José Luis Díaz Granados

 

   La fiesta perpetua

 

Mi historia está llena de silbidos y dédalos,

de voces y de veces, de jodidas preguntas,

de estaciones narradas para un inventario

de cicatrices y de resonancias.

 

Mi historia es una casa que envejece

con sus recintos intactos. Mi historia

es un cuerpo que habita entre estupores

y una boca que incendia las palabras

cuando bebe el amor. Mi historia debe ser

un banquete,

una fiesta perpetua

donde conviven el duende y el disturbio.

 

 

   Las palabras

 

El niño Sartre me enseñó su parábola

Una noche, a través de millares

De piedrecitas plateadas.

 

No cabía en mi cuerpo de diecisiete años

Tanto júbilo claro y oscuro y culminante.

 

Cada palabra de Las palabras era una piedra

De plata, pero también una gota de lluvia,

Una brasa en la nieve y una uva.

 

Al amanecer, estaba embriagado de campanas.

 

(José Luis Díaz Granados nació en Santa Marta, Colombia, en 1946. Publicó “El laberinto”, “La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002”, “El laberinto, antología poética, 1968-2008”, “Poesía completa” (en tres tomos). También publicó poesía para niños. Obtuvo el premio de poesía “Carabela”, en Barcelona, en 1968. Es también novelista, profesor universitario y periodista).

 

 

   Hugo Rivella

 

   Guerra

 

Los ojos para qué si ya no veo,

me cegaron al tiempo en que la muerte iba en el mástil

                                                         de todas las banderas.

Cava las piernas del caído,

llena de sal su nombre,

lo despelleja.

Ha cercado la luna con sus fraguas y el vientre deformado

                                                                           de mi madre.

¿Y quién es quién entre los padeceres?

¿Qué rezo va lavando lo que queda del muerto?

¿Qué boca le pregunta por sus uñas?

¿Quién derrama una lágrima sobre su sepultura?

 

La guerra es una cruz con el hombre sangrando,

 

un alarido quebrado en el silencio.

 

 

   Amenaza

 

Un animal feroz ante la noche hociqueando mi dentro

y mi secuestro,

lo que enceniza al tiempo,

la palabra sudada,

la celda en la que soy su prisionero.

Pulsa la sien del verso,

late como un estruendo de cigarras,

el animal acecha mi esqueleto y el hálito de mi último relámpago.

Yo sé que viene a mí, viene y previene,

o viene de mil formas con sus garras,

golpe la puerta cuando me descuido y arremete hasta los últimos

                                                                         rincones de la casa.

Poesía,

en la garganta como un tajo,

el animal que eres me amenaza.

 

(Hugo Rivella nació en Rosario de la Frontera, provincia de Salta, Argentina, en 1948. Algunas de sus obras publicadas son “Algo de mi muerte”, “Agua de mis manos”, “Caballos en la lluvia”, “Centro de tormentas”, “Putas (La cacería del ángel)”, “La sombra en el espejo, Antología personal”, y “Poemas en la lengua de un sonámbulo”. Entre los reconocimientos que recibió figuran el primer premio en poesía del Certamen Literario Universidad Nacional de Córdoba, primer premio del IV Certamen Internacional de Poesía de Jaen, España, primer premio del concurso Gilberto Owen Estrada, UNAE México, y primer premio en el concurso de Paralelo Cero.)

 

 

   Zingonia Zingone

 

Desde el claustro de la cárcel se levanta un alarido de sangre. En una celda con vista al oriente, encorvado, el cuervo despluma su pasado. Ella llega como pan tibio, un verso atrapado en el piso de su mente. Como San Pedro, el carcelero agita trozos de metal entre los dedos. Nueve pasos separan de su puerta las rejas del fuego. Ella abre el libro. La llave gira en la cerradura. Desnudo el hombre abraza a su soledad. Se estremece. De su puño huye un verso: tan lleno de amor que reviento / las jaulas del odio. El carcelero escupe en el suelo. El firmamento pregona el canto del cuervo.

 

 

   El Tíber no es una serpiente

 

Rómulo mató a Remo.

Marte ilumina el cielo romano

y las alas plateadas de las gaviotas.

 

Uno recorre las orillas del Tíber

se ampara a una virgen pagana

busca la higuera sagrada

miel de lactancia

que alimentó los cimientos

de la urbe.

 

Encuentra la cesta vacía

(de Vesta solo queda

un templo en ruinas)

 

hay hedor a rata embotellada

espuma amarillenta

polímeros

arbustos intoxicados.

 

Uno recorre los muros de contención

como lagarto suicida

se ampara a un vértigo adolescente

al vahído de una civilización ávida

-insoportable-

de aguas turbias y naufragios.

 

Marte sigue parpadeando sobre el Tíber.

El Tíber no es una serpiente.

 

Rómulo juró matar

a aquel que traspasara

los límites urbanos.

 

Uno cruza el puente más antiguo

y escupe hiel en la corriente.

 

¿Habrá la loba engullido la esperanza?

¿Quién insiste irrespetando los confines?

 

(Zingonia Zingone nació en Inglaterra, en 1971. Vive entre Costa Rica e Italia. Tiene publicaciones en Costa Rica, España, Francia, India, Italia y México. Entre ellas, las más recientes son “Los naufragios del desierto”, “Petit Cahier du Grand Mirage” y “Light, the Templation”. Mantiene una publicación de poesía internacional para la revista italiana Minerva. En su condición de traductora, llevó al italiano la obra más reciente de Claribel Alegría, titulada “Voci”. Es fundadora del Movimiento Poético LibredeCadenas, que se desarrolla en una prisión para hombres en Roma.)

Poetas en Medellín / 2017 (III)

   Publicamos la tercera selección de poemas de autores que estarán presentes en el Festival Internacional de Medellín, del 8 al 15 de julio, en la ciudad colombiana. El espacio oficial del Festival en internet ofrece información detallada sobre los participantes y su obra. En algunos casos, además, se incluyen textos con su posición sobre el arte poético y su ubicación en el mundo. De allí salen los poemas que siguen.

   El espacio oficial del Festival de Medellín (al que La Poesía Alcanza asistirá en su integridad para informar sobre su desarrollo), es el siguiente:

   https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Intro/index.htm

 

   Margarito Cuéllar

 

   Los indomables


                           Para María Belmonte

Llevan la mano al aire, así cortan el paso de las bestias.
Si les quitan la tierra hilan su propio suelo
si anochece dirán “bello es el día en su traje de bastos”.
No los pisen, no los exterminen
no les laven el alma con clavos benditos.
No aceptan oro a cambio de alabanzas
beben agua del arroyo y el sol
–muchacho manso– les colorea el tallo de los huesos.

 

   Cardumen

Celebremos 
ahora que el día pierde  su camisa de luces
y una estela amarilla de gaviotas 
es el signo vital de su presencia.
Es tiempo de extraviarse 
en la selva de los nombres:
marísima, babel, limantia, sulamita.
Celebrar del verano la llama y sus muchachas
sus hermosas muchachas 
a la medida del corazón.
A sumergirnos en el río del amor,
si alguien sale vivo que lo cante.
El que canta celebra
El que celebra sana las heridas del mundo 
con astillas de luz.

 

   Río Nubia, parte de guerra

¿Han oído, señores
que observan desde sus miras telescópicas,
hablar de la constelación de Nubia?
¿Cómo se comprueba
poetas de la geometría euclidiana
un signo exacto de la cabeza a los pies?
¿Qué dicen los horóscopos de los que nacen
bajo el signo de Nubia?
¿En qué punto del mapa de Colombia,
Antioquia o Monterrey
se fundó Nubia?
Oigan el canto serpenteado
a cada golpe de piedra:
es el río Nubia que se dirige al mar.


   País

Estamos nerviosos por la situación de la patria
y a diario dañamos la capa protectora de los sueños.

(Margarito Cuéllar nació en San Luis Potosí, en 1956. Obtuvo reconocimientos en su país y en el exterior.  Ganó dos premios nacionales de poesía y uno de cuento. Tiene publicaciones en Colombia, Chile, Ecuador y España. Su poesía reunida, “Música de las piedras”, fue publicada en 2012 por la editorial Praxis. Fue traducido a varias lenguas).

 

   Felipe Posada

 

   Sacudirse la muerte

Como un perro recién mojado echa fuera de si todas las goteras
luego se larga a ensuciar nuevamente sin importar más
Porque es hora del parto y sale triunfante el nacimiento 
Miren: En el muñón del tronco germina con vitalidad otra rama 
Después del frío retoman el pulso los corazones
Pues los panales están llenos de nuevas abejas y mieles
Desde siempre las células multiplican sorpresas
Amores se incuban sin preguntar su porvenir
Sacudirse la muerte ya que es vida todo lo existido

 

   Danza

Llueve, día tras día 
cuando no en la mañana si en la tarde o noche
las goteras no avisan y despiadadamente atinan al seco
Mojémonos 
chapoteemos en el pantano 
abracémonos fuerte, exprimamos lo tibio

altura clarea 
cresta de montaña puntea   
abre flor
prende hoguera
evapórate charco con tu aceitoso arco iris

desempañen los días
bailemos 
bajo la opacidad
y este repicar del agua chocando 
las nubes al pensar que nos burlamos de ellas 
se arrojaran más fuerte 
entonces Escampará 

 

   Fantasía


Un fruto maduro, muy maduro
Desde su rama hacia el suelo se lanza como kamikaze

Un fruto maduro, muy maduro
Quiere explotar
matar su madurez
regar sus entrañas en la tierra

Un fruto maduro, se da duro
Una fruta muy madura, no dura
Se lanza contra el ave rapaz, paz, pam, pun
punza el gusano no lo deja crecer
cabum, contra el hambre del hombre que la desea comer
tin, tan, para el mordisco animal
Fruto hado, alado, amado por su madre árbol
naturaleza, esa, no esta la del humano, que no brinca cuando madura;
se pudre,
Si salta estalla, se halla, allá está pura la fruta madura bombardeando
esta tierra de que quien quiere vivir de una paz, bun, bang, tin, tan,
de fruto que madura se dé un pepazo y dé el otro paso

(Felipe Posada nació en San Carlos, Antioquia, Colombia, en 1985. Su familia es una de las tantas desplazadas por el conflicto armado interno y se trasladó a Medellín. Además de poeta es cuentista y músico. Es promotor cultural y realiza talleres de artes para niños de la ciudad).

Poetas en Medellín / 2017 (II)

    Publicamos la segunda selección de poemas de autores que estarán presentes en el Festival Internacional de Medellín, del 8 al 15 de julio, en la ciudad colombiana. El espacio oficial del Festival en internet ofrece información detallada sobre los participantes y su obra. En algunos casos, además, se incluyen textos con su posición sobre el arte poético y su ubicación en el mundo. De allí salen los poemas que siguen.

   La primera serie de estos autores está disponible en este enlace:

   http://www.lapoesiaalcanza.com.ar/poemas/3535-poetas-de-medellin-2017

   El espacio oficial del Festival de Medellín (al que La Poesía Alcanza asistirá en su integridad para informar sobre su desarrollo), es el siguiente:

   http://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Intro/index.htm

 

   Camilo Restrepo

 

   1

¿Cuánto ha pasado desde que miramos el primer reloj?
¿Cuántos siglos
cuántas casas derrumbadas
cuántos sueños imposibles se han abierto
tras el rito arcano del primer hombre 
que se decidió a cerrar los ojos y pensar?

Nuestros muertos han renacido una y otra vez del polvo
para acomodarse en los armarios de la historia
y aún no termina la espera

Tal vez a esta hora llueva lejos de mi casa
y las plazas sigan convirtiéndose en abismos
o el mundo en un gran barco para los borrachos
mientras yo
sigo aquí esperando para ver mi rostro entre las aguas
como si otro
uno que habitara allí del otro lado
luciera la máscara de mi gemelo para burlarse de mí

¿Algo o alguien tocará mi espalda?

 

   30

Si al besar una boca
encuentras un espectro,
huye

Suelen ser profundas las heridas del pasado
y el camino del amor compartido
largo y espeso como la niebla

Mas si eres fiero
si tu amor ha encallado ya en esa costa
no te queda más que iniciar la contienda

Lucha
al final, tal vez
haya dos lenguas
para lamerte las heridas.

 

   De los viajes

Un día
entras en la noche
para siempre
y después
el sol
ya no te reconoce.

(Camilo Restrepo nació en Medellín, en 1987. Recibió varios reconocimientos, en su país y en el exterior. Poemas suyos fueron incluidos en antologías y en publicaciones de varios países. Es también narrador y promotor cultural, con impulso a lecturas, publicaciones y talleres).

 

   Graciela Maturo

 

   Aquello que amaste permanecerá

                      What you lovest will remains
                                               Ezra Pound

Ha de durar aquello que has amado
dijo un día Ezra Pound
ese insano
poeta recluido.
Lo sé, lo supe siempre.
No morirán las palabras estremecidas
ni las hojas del álamo que el viento desprende ahora.
Todo tendrá su tiempo perdurable
su reino, su medida.
El rostro de los muertos nuevamente
aparecerá dibujado
sobre la tela
del aire.

 

   Las mariposas

Las mariposas siguen
ardiendo
sobre los radiadores de esas máquinas
que los hombres llaman automóviles
Arden hermosamente
junto con nuestras trenzas, con las hojas
recogidas en el parque al atardecer,
con los cuadernos dibujados y el sueño
de las adolescentes
absortas de amor
que sabían mirar desde el lado del pájaro.
Arden aún con sueños que resplandecen.
Es su manera de existir
de decir su delirio entre los muebles
que crujen en el alba
entre los libros fósiles
desordenados en los viejos pupitres.
Ese minuto de su muerte dura para nosotras
es un rito
reconocido por dos chiquillas  que se encuentran
en un lugar sin  tiempo
para volver al parque donde un árbol espera
y descubrir que nada está perdido
que nunca nos alejamos de su sombra
y estamos aquí
danzando
esperando a los ángeles
entre alacranes insomnes
y mariposas que se suicidan.

 

   Señales en el naufragio

Desolación de los días finales
bullicio efímero de la feria.

flotan dispersas las maderas
que usaremos
quizás 
para
construir
alguna  barca.

Ya  no queda más tiempo
Alguien solloza
¿Alguien percibe la catástrofe?
Flotan dispersas las maderas
y una gacela  desorientada
se vuelve 
sobre los cuerpos mortales
que yacen en el páramo

Desolación de los días finales

 

(Graciela Maturo nació en Santa Fe, Argentina, en 1928. Comenzó a publicar a los treinta años, con “Un viento hecho de pájaros”, y desde entonces erigió una obra extendida y muy ponderada. Poemas suyos fueron integrados a varias antologías. Es también ensayista e investigadora, en cuya condición publicó obras como “Julio Cortázar y el Hombre Nuevo”, “La razón ardiente. Aportes para una teoría literaria latinoamericana”, y “La poesía: un pensamiento auroral”).

Hamlet Lima Quintana

  

   El os dirá cantando

 

Dadle al Poeta

la cuchara del albañil.

 

Dadle la cal

y los cantos de las cunas.

 

Dadle las palabras

que crecen entre surcos.

 

Dadle todas las lágrimas

que contiene una hora de vida.

 

Dadle la música

de los silencios ciudadanos.

 

Y dadle un poco de viento

para que pueda fabricar los sueños.

 

Dadle al Poeta

la sal ardida del mar.

 

Dadle el primer impulso de las vírgenes,

y la primera mentira

que nuestros hijos encienden.

 

Y un poquito de Luz,

un poquito de Luz como una rosa.

 

Dadle los rostros y las cosas

sin términos gastados.

 

Y la mirada recta de los simples.

 

Me diréis: ¿Para qué,

si los Poetas, tienen

la luna y los espejos?

 

Es que el canto se ha deshecho

y nos quedan hilachas

como el humo de los trenes.

 

Entonces,

dadle al Poeta

la cuchara del albañil.

 

El os dirá cantando

cómo se construyen los hombres puros.

 

 

   El pájaro es igual que el corazón

 

El pájaro es igual que el corazón

y a veces se distrae

en contemplar su propio drama.

 

Un hombre,

un pobre hombre,

un día tiene un gesto como si diera al tiempo

su propio ser,

su dimensión de alfarería.

 

El hombre mira para adentro

toma su historia por las hojas,

se hace el héroe,

como podría hacerse el asesino,

pero tiene sentido,

percepción de su imagen,

y el hombre,

el pobre hombre,

dispone un bofetón

que enrojece hasta el cielo de vergüenza.

 

Un hombre es sólo un hombre;

un héroe es sólo un héroe.

Un corazón es sólo un corazón

que canta

que transita

que comparte,

y a veces,

a pocas veces,

disculpa al padre y al abuelo

o los ama entrañablemente y justifica,

o les enseña a hablar.

 

Un corazón es sólo un corazón,

que pueblo a pueblo se amanece.

 

El pájaro es igual

y nadie sabe dónde muere.

 

 

   Poema once

 

Puesto que no se trata, digamos, de nosotros,

de ti o de mi, sino de todos,

es que a veces la soledad nos muerde

como un perro en la tarde, como un misterio,

como una incertidumbre.

Puesto que no se trata de ponerse la ropa

o desnudarse delante de la gente.

Puesto que no se trata de vivir hacia atrás,

entre espejos de historias ni memorias,

ni se trata tampoco de iluminar la escena

ni maquillarse el rostro para un dispuesto aplauso,

es como si todo fuera a amanecer

desamparado, inútil, tonto.

Puesto que no se trata de robar a los otros.

Ni tampoco, quizá, de que nos roben.

No se trata de hacer que nos dispongan

alguna sociedad para la muerte,

ni tampoco perder la dignidad que queda

en los acuerdos de relaciones públicas.

Puesto que todo se halla así, como dispuesto

por una autoridad incompetente,

puesto que nadie dice la palabra

ni el eco, ni lo pensado anoche,

es una soledad como un misterio,

absurda, cómica,

insondable.

 

 

   Y ésta, mi mano sabia

 

Porque la mano es simple, es tonta, es importante

y es cuidando la palabra, indispensable.

La mano es caridad cuando recibe la limosna

y no cuando la da;

la mano es la ternura cuando sale

a saludar al viajero y a la gente

desde el borde ocreverde del camino;

la mano es la justicia cuando acaricia a un perro

y es un perro cuando baja la espalda;

la mano es la música del brazo,

la voluntad debajo de la frente,

el vuelo imperceptible del cerebro;

la mano es el adiós de los suicidas

y la presentación del asesino;

la mano es, además, la fuente del milagro,

la que indica el furor,

la que analiza, investiga las cosas,

la que vuelca aquella caja antigua

de las fotografías familiares

y la que da la cachetada,

la que señala

y apunta al corazón y se persigna

o se esconde la luna en el bolsillo.

Ésta, mi mano que estudió la ciencia

y se ganó sabiduría

acariciando el alma de tu piel

y descubriendo tu sexo en su ternura.

 

(De “Poesía necesaria, antología I”, con selección de Dora Giannoni, editora patria grande, Buenos Aires, 2011. Hamlet Lima Quintana nació en Morón, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1923. Murió en la capital argentina en 2002. Recibió numerosos reconocimientos por una obra muy extendida, que comenzó a publicar en 1954, con “Mundo en el rostro”. Fue autor de alrededor de cuatrocientas canciones de folclore argentino, además de que en una etapa se dedicó al canto y en otra al recitado de poemas, que grabó. Se identificó con una corriente musical vinculada al testimonio social y político, en el que se inscribe como gran referencia la cantante Mercedes Sosa. Es muy posible que muchos argentinos tengan incorporadas canciones, por la gran popularidad de composiciones suyas, aunque no puedan determinar su autoría).

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