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Paralelo Poesía

   El Encuentro Internacional Poesía en Paralelo Cero 2017 se celebra entre fines de marzo y comienzos de abril en Ecuador, con actividades en la capital y otras ciudades y localidades. Cuenta con la participación de gran cantidad de autores ecuatorianos e invitados de Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, España, México, Perú y Puerto Rico. El Ángel Editor, que conduce el poeta Xavier Oquendo, es organizador de este festival y el espacio oficial ofrece un servicio muy completo: qué es el Encuentro, la programación y los libros disponibles a partir del 28  de marzo. En cuanto a los poetas participantes, hay una presentación que contiene una ficha biográfica, una fotografía y un poema. De ese espacio, http://elangeleditor.org/poetas-participantes-paralelo-cero-2017/, son tomados los poemas que siguen.

 

   Antonio Preciado

 

   Poema con pájaro rojo

 

Ya está de nuevo aquí

el pájaro de fuego

que viene por las tardes cuando escribo

y se queda conmigo por poemas enteros,

gorjeo tras gorjeo,

palabra tras palabra

yo contemplo en silencio su afable llamarada

                cuando con devoción anida entre mis versos

y permanece quieto

mirándome,

mirándome,

como queriendo ver si también tengo alas.

 

   (Nació en Esmeraldas, Ecuador, en 1941. Es el poeta homenajeado en la edición 2017 de Paralelo Cero).

  

   Carlos Luis Ortiz

  

   Nueve

 

¿Quién me asesina hoy?

Una cama helada donde  las sábanas sean remolinos para hundirme.

¿Quién me asesina hoy?

El poste donde vivió mi amigo el truhán, el alcohólico morado de tanta soledad,

los perros con baches en la piel.

Los ojos quebrados que intuyeron la bondad de la ceguera.

Las canastas rotas del parque y el alimento vacío.

¿Quién me asesina hoy?

La herida cerrada que dejó de jugar con la sangre

¿O la sangre tan amplia que predice el meridiano?

¿Quién me asesina hoy?

 

   (Nació en Guayaquil, en 1979. Además de poeta, es profesor universitario y comunicador).

 

    Christian Zurita

 

    Lluvia y Descartes

 

La duda, como lluvia

no es cognitiva,

sino metódica.

Llueve a cuentagotas

y apenas se percibe el elemento,

ingobernable,

por oficio per cápita

de enjugarnos el alma.

 

No hay lluvia que se pierda

la maravilla de dibujar tu anatomía,

ni caudal que soporte los latidos,

cuando llueve en el poema.

Llueve tanto que parece nostalgia.

 

Me desgasta la cabeza su orquesta transparente.

Un andar de nube silencia el adjetivo

de la lluvia que se duerme.

Escampo bajo el árbol de la infancia rota,

apenas y su sombra se sumerge en el asfalto.

 

La simiente en mi reflejo advierte perspectiva:

Dejé de ver al cielo cuando llueve,

de soñar con lluvia en Saturno,

de ser pájaro en lluvia de junio.

 

Sin embargo…

Mana  el sol,

enconándose en el Quito húmedo,

pinta de dorado las calles centenarias.

 

Donde tu paso de dama despejó el rocío

y otros cielos.

 

   (Nació en Quito, en 1993. Es también comunicador.)

  

   Eufemia Sánchez

 

    Entierro

 

Y la muerte será silencio

 

No tendrá más color el océano y será seca por fin la nube

el desierto, más cercano

y el sol se hundirá en una piedra

en una sola piedra del tamaño del mundo

 

Serán oscuridad y silencio por fin la única voz que escuches

Desde adentro, un solo color desconocido

no sé si sea gris o, acaso la luz única y final.

 

Desde afuera una sola piedra cubrirá tu cuerpo, tu rostro

Tu voz, callará

para siempre

aunque grite los colores que antes sonaban en tus cuerdas vocales

 

En tu muerte estarán todas las muertes.

Todos los colores de la tarde que el mausoleo ve

verá morir en sus paredes de piedra.

 

Nadie, ni el sol regurgitando despertará tu risa.

La lluvia no caerá más sobre el jardín:

no habrán más flores,

ni postres,

ni dulces.

 

Contigo se habrá enterrado también mi risa franca

y se habrá quedado algo de tu voz en la mía.

 

   (Nació en Sucre, Bolivia. Además de poesía, publicó un ensayo sobre Manuela Sáenz).

  

   Sylvia García

 

La calle

es una serpiente tornasol

que mueve su angustia en el ocaso….

déjame quitar tu desgastada piel

antes de que el sol carbonice tu suicidio

Te veo cerca línea imaginaria

piso tu membrana de soledad en cada travesía

y la muchedumbre que hay en mí

desdibuja los títeres de la memoria….

calle besos y amor

calle espanto y ruina

calle asalto

cansancio y lejanía

calle danza y desencanto

incidente y serenata….

tu sombra se alarga como alacrana en celo

mientras a tu lado reposan el trébol y la hormiga….

quédate quieta….calla

escucha el silencio de tu destierro

y déjame avanzar por tus historias

con las banderas y los hombres que te habitan…

 

   (Nació en Riobamba, en 1952. Además de poeta, es autora de biografías).

 

   Giovanni Gómez

 

   Rue laviolette

 

Los árboles arrastran  graznidos

al desprender sus hojas secas

Alguien sabe de su carrera de voces

atravesando esta calle sin dirección de nadie

Cree olvidar al cerrar los ojos

y el sol que seca la carne viva del árbol

seca también sus raíces

pero las palabras  no se van conmigo

ni se vuelven pájaros 

 

   (Nació en Bogotá, en 1979. Además de poeta, es editor y organizador del Festival Internacional de Poesía de Pereira).

 

 

   Harold Alva

 

   CAILLOMA 714

 

La rabia se inocula

Como el grito suspendido de una cobra

Lima de noche con mis manos en su espalda

Y un extraño rumor de vidrios

destrozados contra el ojo

Contra mi frente de cíclope extraviado entre los autos

Su inconsistencia

Para sostener el incendio de otras cicatrices

En los muros donde gárgolas invaden

El cementerio de mis pájaros

O la hacinada cueva donde habita

el roedor de la nostalgia

Su trompa de metal

Que se abre como la puerta del metropolitano

Cuando cruza Lampa

Voltea por Emancipación

Y la ciudad se eriza

Y la ciudad se levanta

Y Lima tartamudea un himno que la proyecta

Sobre un muro de quejas

Y la rabia crece

Y nadie tiene el poder

Para difuminar la espuma de mi boca

Su antídoto de historia

La frente sin laureles de las estatuas posmodernas

Sé que hay una ventana

Un vitral en el que otros ojos se inyectan

Contra el cielo de otra tribu

De otra civilización que nada tiene que ver

Con las marcas putrefactas de estos muertos

Otra lengua

Otro código que interpreta las flechas de mis manos

Sus líneas como quipus

O la rabia

Su nieve en la cresta de mis puños

Los pilares del tren

La bestia que cruza sus entrañas

Los corredores viales que unifican su tragedia

El color seco de su sangre

Mis brazos clavados como huesos

Agitándose como una bandera

Que nada tiene que ver con la historia de su patria

La voz despedazándose

Y el cráneo sembrado sobre un poste

A la merced de un cóndor

Que sabe que solo habitan tinieblas en mis ojos

Lima es una hiedra

Su trompa se abre como el insomnio de un loco

Que intercede por sus fantasmas

Y no hay lugar: no hay casa

No hay espacio inhabitado

Solo la lluvia

Quebrándose

Luciferina

Vertical

Solitaria.

 

   (Nació en Perú, en 1978. Es editor además de poeta.)

 

 

   Homero Carvalho

 

   Herencia

                            Para Brisa Estefanía, Luis Antonio y Carmen Lucía

 

 

No vayan a creer

en Adán y su manzana

en los héroes de la historia oficial

en la solemne Constitución

y sus cuentos de Leviatán

en los pronósticos del fin del mundo

ni en las lágrimas de los políticos

cuando hablan de la patria

la patria no es otra cosa

que alguien a quien amar

una ciudad elegida para vivirla

una canción que nos convoca

un paisaje imprescindible

y los abrazos de sus padres

y por cierto los nueve meses

que maduraron cual simiente nuestra

en el vientre acuático de su madre

y el amor que se estremecía

haciéndonos balbucear de alegría

cuando pateaban la luna

anunciando que pronto nacerían

eso hijos míos y que sepan

que cuando nacieron

descubrimos que nosotros

éramos sus herederos.

 

   (Nació en Oliva, Bolivia, en 1957. Además de poeta es cuentista y gestor cultural).

 

Me llamo barro

 

 

   Miguel Hernández

 

 

   Me llamo barro aunque Miguel me llame

 

Me llamo barro aunque Miguel me llame.

Barro es mi profesión y mi destino

que mancha con su lengua cuanto lame.

 

Soy un triste instrumento del camino.

Soy una lengua dulcemente infame

a los pies que idolatro desplegada.

 

Como un nocturno buey de agua y berbecho

que quiere ser criatura idolatrada,

embisto a tus zapatos y a sus alrededores,

y hecho de alfombras y de besos hecho

tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

 

Coloco relicarios de mi especie

a tu talón mordiente, a tu pisada,

y siempre a tu pisada me adelanto

para que tu impasible pie desprecie

todo el amor que hacia tu pie levanto.

 

Más mojado que el rostro de mi llanto,

cuando el vidrio lanar del hielo bala,

cuando el invierno tu ventana cierra

bajo a tus pies un gavilán de ala,

de ala manchada y corazón de tierra.

Bajo a tus pies un ramo derretido

de humilde miel pataleada y sola,

un despreciado corazón caído

en forma de alga y en figura de ola.

 

Barro, en vano me invisto de amapola,

barro, en vano vertiendo voy mis brazos,

barro, en vano te muerdo los talones,

dándote a malheridos aletazos

sapos como convulsos corazones.

 

Apenas si me pisas, si me pones

la imagen de tu huella sobre encima,

se despedaza y rompe la armadura

de arrope bipartido que me ciñe la boca

en carne viva y pura,

pidiéndote a pedazos que la oprima

siempre tu pie de liebre libre y loca.

 

Su taciturna nata se arracima,

los sollozos agitan su arboleda

de lana cerebral bajo tu paso.

Y pasas, y se queda

incendiando su cera de invierno ante el ocaso,

mártir, alhaja y pasto de la rueda.

 

Harto de someterse a los puñales

circulantes del carro y la pezuña,

teme del barro un parto de animales

de corrosiva piel y vengativa uña.

 

Teme que el barro crezca en un momento,

teme que crezca y suba y cubra tierna,

tierna y celosamente

tu tobillo de junco, mi tormento,

teme que inunde el nardo de tu pierna

y crezca más y ascienda hasta tu frente.

 

Teme que se levante huracanado

del blando territorio del invierno

y estalle y truene y caiga diluviado

sobre tu sangre duramente tierno.

 

Teme un asalto de ofendida espuma

y teme un amoroso cataclismo.

 

Antes que la sequía lo consuma

el barro ha de volverte de lo mismo.

 

 

   El sudor

 

En el mar halla el agua su paraíso ansiado

y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.

El sudor es un árbol desbordante y salado,

un voraz oleaje.

 

Llega desde la edad del mundo más remota

a ofrecer a la tierra su copa sacudida,

a sustentar la sed y la sal gota a gota,

a iluminar la vida.

 

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano

de la lágrima, deja rodando por las eras,

del abril al octubre, del invierno al verano,

áureas enredaderas.

 

Cuando los campesinos van por la madrugada

a favor de la esteva removiendo el reposo,

se visten una blusa silenciosa y dorada

de sudor silencioso.

 

Vestidura de oro de los trabajadores,

adorno de las manos como de las pupilas,

por la atmósfera esparce sus fecundos olores

una lluvia de axilas.

 

El sabor de la tierra se enriquece y madura:

caen los copos del llanto laborioso y oliente,

maná de los varones y de la agricultura,

bebida de mi frente.

 

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos

en el ocio sin brazos, sin música, sin poros,

no usaréis la corona de los poros abiertos

ni el poder de los toros.

 

Viviréis maloliendo, moriréis apagados:

la encendida hermosura reside en los talones

de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados

como constelaciones.

 

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:

que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,

con sus lentos diluvios, os hará transparentes,

venturosos, iguales.

 

 

    Elegía

 

          (En Orihuela, su pueblo y el mío,

               se me ha muerto como del rayo

               Ramón Sijé, con quien tanto quería)

 

Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas

y órganos mi dolor sin instrumento,

a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo

voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:

por los altos andamios de las flores

pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas

de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,

y tu sangre se irán a cada lado

disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,

llama a un campo de almendras espumosas

mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

 

(De “Viento del pueblo, antología poética”, colección Las Poesías del Verano, Unidad Editorial S.A., Madrid, 1998. Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela. Pese a que su niñez y adolescencia transcurrió en medio de dificultades, con la educación obstaculizada por falta de recursos y obligado a trabajar con la familia, fue lector intenso desde muy pequeño. Contando apenas 20 años ganó un premio por “Canto a Valencia”. Esto derivó en dos viajes a Madrid en años sucesivos, sin los resultados económicos que esperaba, aunque le dieron conexión con el ámbito de las letras. Se alistó con los republicanos, en 1936. En el Congreso de Escritores Antifascistas realizado en Madrid conoció, entre otros, a César Vallejo. Con su mujer, Josefina Manresa, perdieron un hijo de pocos meses de vida y luego tuvieron a Manuel Miguel, destinatario de “Nanas de la cebolla”. Cuando su obra poética estaba en pleno desarrollo España quedó sometida a la dictadura franquista, que lo encarceló al tiempo que mandó a destruir una edición completa de su libro “El hombre acecha”. Primero condenado a muerte, la sentencia fue conmutada por treinta años de prisión. En la cárcel de Alicante primero contrajo bronquitis, luego tufis  y finalmente, la tuberculosis que le causó la muerte el 28 de marzo de 1942, cuando tenía 31 años. Es por los 75 años de su fallecimiento que transcurre en España el “Año Hernandiano”, con gran cantidad de actividades literarias, musicales, teatrales y académicas).

¡Arriba, todas! (8 de Marzo)

 

   Teresa Calderón

 

 

   Mujeres del mundo: uníos

 

Arriba mujeres del mundo

la buena niña y la niña buena para el leseo

las hermanitas de los pobres y amiguitas de los ricos

la galla chora y la mosca muerta

la galla hueca y la medio pollo

la cabra lesa y la cabra chica metida a grande

canchera la cabra

y la que volvió al redil

 

La que se echa una canita al aire

la que cayó en cana o al litro

y la caída del catre

las penélopes

matas haris y juanas de arco

la que tiene las hechas y las sospechas

la que se mete a monja

o en camisa de once varas.

 

La mina loca la mina rica

pedazo de mina

la que no tenga ni perro que le ladre

y la que “tenga un bacán que la acamale”.

 

Arriba mujeres del mundo

la comadre que saca los choros del canasto

los pies del plato

y las castañas con la mano del gato

las damas de blanco azul y rojo

las de morado

las damas juanas y damiselas

todas las damas y las nunca tanto.

 

La liviana de cascos

y la pesada de sangre

la tonta que se pasó de viva y la tonta morales

la que se hace la tonta si le conviene

la que no sabe nada de nada

y ésa que se las sabe por libros.

 

La madre del año arriba,

madre hay una sola

y las que se salieron de madre.

 

Arriba mujeres del mundo:

la cabra que canta pidiendo limosna

la que como le cantan baila

y la que no cantó ni en la parrilla.

 

Arriba todas las que tengan

vela en este entierro

la que pasa la lista

y la que se pasa de lista

la aparecida y la desaparecida

la que se ríe en la fila

y la que ríe último ríe mejor.

 

La natasha la eliana la pía

la paz la anamaría la lila

la angelina y la cristina

la que anda resolviendo el gallinero

la que pasa pellejerías

y la que no arriesga el pellejo

la dejada por el tren

o por la mano de Dios.

 

Que se alcen las mujeres con valor

las pierdeteuna

y la que se las ha perdido todas

la percanta que se pasa para la punta

la que nadie lleva ni de apunte

y esa que apuntan con los fusiles.

 

(De “Veinticinco años de poesía chilena, 1970-1995”, con compilación de Tomás Harris, Lila Calderón y Teresa Calderón, colección Tierra Firme / Poetas chilenos, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1996. Teresa Calderón nació en La Serena, Chile, en 1955. Publicó, entre otras obras, “Causas Perdidas”, en 1984; “Género femenino”, en 1989; “Imágenes rotas”, en 1995; “El poeta y otras maravillas”, en 2000; y “Obra poética”, en 2005, con la que fue finalista del premio Altazor. Poemas suyos fueron integrados a varias antologías. Es también cuentista y narradora).

 

 

   Dolores Espeja

 

La chica nació

condenada / para el padre

como un animalito patético

nomás hembrita.

Le despierta

una confusión de piedad

y asco. Que no le inquieta

la suerte que corra. Que son

más útiles los caballos –aunque

él no ande suertudo

últimamente y todo

en materia equina / sea deuda.

 

(De “Paradas estratégicas, chicas y gomerías”, edición bilingüe, en castellano e italiano, con traducción de Pierpaolo Chiartosini y Luciana Campisi, el suri porfiado, Buenos Aires, 2010. Dolores Espeja nació en Tucumán, Argentina, en 1972. Poemas suyos fueron integrados a la antología Poesía Joven del Noroeste Argentino, en 2008. Es también guionista y promotora cultural).

 

 

   Augusto Roa Bastos

 

   Madres del pueblo

 

No cayeron tumbadas por las balas,

se inclinaron tan sólo hasta la tierra.

 

Madres adolescentes, centenarias abuelas,

toscas mujeres, madres suaves,

piedra humana doliente,

leve corteza

germinal.

 

Madres de estibadores,

rugosas campesinas

chamuscadas obreras,

demacrada legión con el rayo en los hombros

y la noche en las trenzas;

madres de embarcadizos

con ojos desgastados por los puertos

distantes,

chiperas estrujadas como el maíz,

lavanderas como agua del arroyo,

tejedoras que tejen con el hilo nocturno

de su entraña,

burreras matinales,

pastorales mujeres,

esposas, hijas, novias populares,

y también hijas sin padres,

madres sin hijos...

 

En todas, pero en todas

la patria amanecía con profundas ojeras.

 

Su vientre,

pan de tierra;

su vientre taladrado por el dolor y el hambre;

su vientre, abeja valerosa,

hizo el panal, la vida, su miel

amarga y áspera,

a la luz de una vela de sebo,

en pobre catre,

mirando un techo de hojas,

la noche, el cielo triste

del amor y la muerte.

 

No caísteis tumbadas por las balas.

Acercasteis tan sólo hasta la tierra

vuestros ojos intensos

para alumbrar la noche de los mártires,

su corazón dormido en vuestros brazos,

en su cuna natal.

 

(De "Poesías Reunidas", con edición, introducción, bibliografía y hemerografía de Miguel Ángel Fernández; Editorial El Lector, Asunción del Paraguay, 2003. Augusto Roa Bastos nació en Asunción, en junio de 1917, y murió en esa misma ciudad en abril de 2005. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1942. Trabajó intensamente como periodista y fue también narrador, autor teatral y guionista de cine. Sufrió un doble exilio: salió del Paraguay durante la dictadura, hacia Argentina. Cuando en este país el poder fue asaltado por los militares en 1976, debió emigrar a Francia. Ganó el Premio Cervantes en 1989).

Romper los espejos (8 de marzo)

 

   Los poemas que siguen, que se publican con motivo del Día Internacional de la Mujer, establecido el 8 de marzo, están publicados en el libro “No Resignación (Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer). Antología de Salamanca”. Esta obra, vinculada con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, instituido el 25 de noviembre, fue publicada en 2016 por el Ayuntamiento de Salamanca, España. Del libro participan poetas varones y mujeres. Pero, con motivo del 8 de marzo, La Poesía Alcanza realiza una selección entre algunas de las autoras incluidas. La edición en Salamanca estuvo a cargo del poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart.

   El libro completo es de libre acceso, y está disponible en este enlace:

   http://www.crearensalamanca.com/wp-content/uploads/2016/11/no-resignacion-antologia-de-salamanca-interior.pdf

  

   Lilliam Moro Núñez

   (Cuba)

 

   La más fermosa

 

Ese rostro que ves en el espejo

no es el tuyo.

Mírate bien:

búscate más allá del perfume barato

de la cara pintada,

del afán de agradar;

encuéntrate detrás de las ojeras,

del ojo hinchado,

de la mirada opaca

envejecida antes de tiempo,

de las palabras que arrancaron a tiras

la piel del corazón.

 

Una vez que te hallas descubierto

abrázate como si fueras la madre de ti misma,

el amante soñado desde la juventud,

el dios que siempre te ve hermosa.

 

Y rompe los espejos.

 

   Laura Cracco

   Venezuela

  

   Bocas Chanel

 

Lenguas viperinas tras los labios brillantes. Sí. Culebras. Toda una historia de reptar bajo la mesa, de susurrar en los propios pensamientos, de vencer al macho con veneno en las sortijas, de ahogarse en el alarido que si no quebraría capillas Sixtinas y Pentágonos. Reptiles por siglos, alfileres en lugar de cuchillos, gasas cuando se requería la soga. Diosas madres en los libros de filólogos nostálgicos, Marías en oraciones blancas, madames Bovary nacidas de la costilla del escritor. Silencio revestido de insultos y palabras fermentadas. Corazones que miran la luna y ven allí algo más íntimo que el amante o marido de años. Somos esas bocas Chanel con una habitación sin huésped.

 

   Jeannette L. Clariond

   México

 

   Mudanza de la nieve

   I

La palabra cielo

se pierde

entre oleajes

de niebla.

Hambre.

El hambre, madre, y tuve miedo de comer.

Lanza hendida

cuando te dimos

de beber

el agua salada.

 

   II

 

 

Su belleza profanaba aquel racimo de luz,

sus vulneradas hojas

clavadas a la existencia

desprendían un ansia de quietud.

Aquel año, aquellos cuerpos contra la balaustrada

sitiaban la memoria

dejando florecer

la lenta sangre.

 

   III

 

Las piedras pulidas

y el río

congelado

detenían aquellos pasos;

el miedo, el miedo

esparciendo su niebla

en el parabrisas,

y yo que he visto resquebrajarse bajo mis pies

                                                          el hielo...

 

   IV

 

Voz

que deja asir el soplo de los lirios

               en la abierta herida,

voz el eco esparcido

      hacia lo dulce de la sombra:

corteza que cae y se aferra

a raíces y piedras.

 

    V

 

Era el fondo de la noche

lo que brillaba,

su horizonte inicial

en un intento de esparcir el canto.

Al sacrificio

                    cosechando

                                       muerte:

rojo y quebradizo rumor en lo inasible.

 

   VI

 

 

Árbol

la historia

de la redención,

madre, oigo ese lamento,

sólo el deshielo

bajo el río

recobra la quietud

 

cuando el cielo surca la gris oropéndola.

 

 

   VII

 

La luz no disgrega el follaje.

La luz se desparrama íntegra.

 

 

   VIII

 

La niebla corona la estatua,

los blancos huertos, la cresta:

su dimensión

cede paso a la palabra:

espejeante verdad

bajo la mancha de amontonadas violetas.

 

 

   IX

 

Lento paso del caimán bajo el puente.

Lento brillo el metal que ciega

el vuelo del ave.

El sollozo de la duna

al ver la fila de mujeres,

voces que olvidaron

el salmo incial.

Suena la sirena,

su silbido hace temblar las ramas,

madres que buscan sin saber

qué cielo alcanzarán,

qué lumbre en medio del desierto

sacudirá del dolor las ramas.

 

 

   X

 

Llegará la hora del invierno,

el deshielo del río,

la lenta desolación

que herida

busca

resplandores de nieve.

El guante en el río,

la infestada corriente

que arrastra el rumor del río;

abrazamos

la luz

que ya se desvanece

entre los tifones y la bruma.

 

  Bahira Abdulatif

   Irak

 

   Mujer

 

Tendría que volver a engendrar

A la tribu,

Proteger los lobos

De sus ovejas,

Y

Cazar proezas

Hasta el crepúsculo,

Antes de disfrutar

Del status de

“Esclava”.

Manuel Bandeira: lo que yo veo

 

   Poema del callejón

 

¿Qué importa el paisaje, la Gloria, la bahía,

    la línea del horizonte?

Lo que yo veo es el callejón.

 

 

   Madrigal con mucha gracia

 

Teresa, eres la cosa más linda que vi hasta hoy en mi vida, inclusive

   el conejillo-de-indias que me dieron cuando tenía seis años.

 

 

   El último poema

 

Así querría yo mi último poema

 

Que fuese tierno diciendo las cosas más simples y menos intencionales

Que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas

Que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume

La pureza de la llama en que se consumen los diamantes más límpidos.

La pasión de los suicidas que se matan sin explicación.

 

  

   Estrella de la mañana

 

Yo quiero la estrella de la mañana

¿Dónde está la estrella de la mañana?

Mis amigos mis enemigos

Busquen la estrella de la mañana

 

Desapareció iba desnuda

¿Desapareció con quién?

Busquen por todas partes

 

Digan que soy un hombre sin orgullo

Un hombre que acepta todo

¿Qué me importa?

Yo quiero la estrella de la mañana

 

Tres días y tres noches

Fui asesino y suicida

Ladrón, falsario, indecente

 

Virgen mal sexuada

Atribuladora de los afligidos

Jirafa de dos cabezas

Pecad por todos pecad con todos

Pecad con los granujas

Pecad con los sargentos

Pecad con los fusileros navales

Pecad de todas maneras

Con los griegos y con los troyanos

Con el padre y con el sacristán

Con el leproso de Pouso Alto

 

Después conmigo

 

Te esperaré con kermeses novenas jineteadas

   comeré tierra y diré cosas de una

   ternura tan simple

Que tú desfallecerás

 

Busquen por todas partes

Pura o degradada hasta la última bajeza

Yo quiero a la estrella de la mañana.

 

 

   Momento en un café

 

Cuando pasó el entierro

Los hombres que estaban en el café

Se sacaron el sombrero maquinalmente

Saludaban al muerto distraídos

Todos estaban vueltos hacia la vida

Absortos en la vida

Confiados en la vida.

 

Sin embargo uno descubrió con un gesto amplio y despacioso

Mirando el ataúd largamente

Este sabía que la vida es una agitación feroz y sin finalidad.

Que la vida es traición

Y saludaba a la materia que pasaba

Liberada para siempre del alma extinta.

 

 

   Manzana

 

Por un lado te veo como un seno marchito

Por el otro como un vientre de cuyo ombligo

   aún cuelga el codón placentario

 

Eres roja como el amor divino

 

Dentro de ti en pequeñas pepitas

Palpita la vida prodigiosa

Infinitamente

 

Y queda tan simple

Al lado de un cubierto

En un cuarto pobre de hotel.

 

 

 

   A Mário de Andrade ausente

 

Anunciaron que moriste.

Mis ojos, mis oídos lo atestiguan:

El alma profunda, no.

Por eso no siento ahora tu ausencia.

 

Sé bien que ella vendrá

(Por la fuerza persuasiva del tiempo).

Vendrá un día de súbito,

Sin que la adviertan los demás.

Así, por ejemplo:

Se conversará en la mesa de una cosa y otra,

Una palabra lanzada al azar

Golpeará en la franja de los lutos de sangre,

Alguien preguntará en qué estoy pensando,

Sonreiré sin decir que en ti,

Profundamente.

 

Por eso no siento ahora tu ausencia.

 

(Siempre es así cuando el ausente

Partió sin despedirse:

Tú no te despediste.)

 

Tú no has muerto: te fuiste.

Diré: Hace tiempo que no escribe.

Iré a Sao Paulo: no vendrás a mi hotel.

Imaginaré: Está en la quintita de San Roque.

Sabré que no, te fuiste. ¿A otra vida?

La vida es una sola. La tuya continúa

En la vida que viviste.

Por eso no siento ahora tu ausencia.

     

(Mário de Andrade fue poeta y novelista. Nació en 1893 en Sao Paulo, donde murió en 1945).

 

(De "Poesía Latinoamericana Contemporánea", colección "Los Grandes Poetas", Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988. Manuel Bandeira nació en Recife, en 1886, y murió en Río de Janeiro, en 1968. Sus primeras publicaciones de poesía datan de 1917. En 1922, cuando se realizó la Semana de Arte Moderno en San Pablo, se negó a participar, aparentemente en desacuerdo con una gestión y administración de la cultura en manos de las clases dominantes. Sin embargo, envió un poema, "Os sapos", que tuvo gran repercusión. Fue también novelista. Tuvo a su cargo numerosas antologías de la poesía brasileña y fue integrado, a su vez, a muchas otras editadas en su país y en otras naciones. Escribió también narrativa y teatro, y fue asimismo traductor).

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