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Día de los Trabajadores

 

      Carlos Hugo Aparicio

 

       Pedro Orillas

 

Qué pobre es el pobre Pedro Orillas

con su diario encararse a su jornal,

trabajando del alba hasta hora tal

que regresa a su casa de rodillas.

 

Su mujer y sus hijos, sus dos sillas

y su mesa de siempre, la cabal

del que nace sin nada y muere igual,

arrastrando el otoño en sus mejillas.

 

Quién se duele de él y su arrabal

y le ayuda en sus fiebres más sencillas,

quién le pone un cariño a su puñal;

 

nunca nadie, y siguen sus astillas,

y seguirán las rachas de su mal;

ay, qué pobre es el pobre Pedro Orillas.

 

 

   Canción del domingo

 

Todos los días son pozos

pero el domingo es un río,

Pedro Orillas abre el cielo

con su puerta, en el domingo,

y ve la luz cómo juega

de rodillas con sus hijos.

Toda su sangre despierta

de otro sábado con vino,

y la pena de la luna

en medio de sus amigos.

Pero los días son pozos

y tan ancho es el domingo,

que por ser Orillas siente

que adentro le pasa el río.

Por fin derecha la espalda,

sin esconder su silbido,

dueño del tiempo, saluda,

sin apuro a sus vecinos.

Paredes todos los días,

pero el domingo un camino

siguiendo el rastro de un árbol

y al pulso a solas de un grillo.

Oh corazón sin horario,

voluntad de lluvia, limpio

orgullo de hombre que clava

a su gusto sus latidos.

Pedro Orillas abre el cielo

con la puerta del domingo

y siente que sueñan alas

sus hombros sin otro oficio.

Todos los días son pozos

pero el domingo es un río.

 

(De “Pedro Orillas”, el suri porfiado, Buenos Aires, 2014. Carlos Hugo Aparicio nació en La Quiaca, Jujuy, extremo norte argentino, en 1935. La primera edición de “Pedro Orillas” data de 1965, y el músico Dino Saluzzi compuso una obra tomando esos textos como base. Es también narrador).

 

 

   Jacobo Rauskin

 

   La clase obrera ya tiene su museo

 

Son todos dentistas, policías, turistas.

Son curiosos curioseando.

Hay exposiciones, curadores hay.

La vieja fábrica es un museo abierto al público

en días de oficina y horas de museo.

El piso es puro mármol reconstituido, reimplantado.

El último obrero no ha vuelto,

dejó su ropa de trabajo.

La dejó colgada de un clavo de la memoria

a falta de pared.

La pared es textura saqueada.

 

(De “El arte de la sombra”, colección Pez Náufrago, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011. Jacobo Rauskin nació en Villarrica, Paraguay, en 1941. Obtuvo en 2007 el Premio Nacional de Literatura. Es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Algunas de sus obras: "Jardín de la pereza", "La noche del viaje", "La canción andariega", "Alegría de un hombre que vuelve", "Fogata y dormidero de caminantes", "Adiós a la cigarra", "El dibujante callejero", "La ruta de los pájaros", "La rebelión demorada", "Espantadiablos", "Los años en el viento".)

 

 

   Pablo Neruda

 

   Obreros marítimos

 

En Valparaíso, los obreros del mar

me invitaron: eran pequeños y duros,

y sus rostros quemados eran la geografía

del Océano Pacífico; eran una corriente

adentro de las inmensas aguas, una ola muscular,

un ramo de alas marinas en la tormenta.

Era hermoso verlos como pequeños dioses pobres,

semidesnudos, malnutridos, era hermoso

verlos luchar y palpitar con otros hombres más allá

     del océano,

con otros hombres de otros puertos miserables, y oírlos,

era el mismo lenguaje de españoles y chinos,

el lenguaje de Baltimore y Kronstadt,

y cuando cantaron “La Internacional” canté con ellos:

me sabía del corazón un himno, quise decirles:

     “Hermanos”,

pero no tuve sino ternura que se me hacía canto

y que iba con su canto desde mi boca hasta el mar.

Ellos me reconocían, me abrazaban con sus poderosas

     miradas

sin decirme nada, mirándome y cantando.

 

 

   La huelga

 

Extraña era la fábrica inactiva.

Un silencio en la planta, una distancia

entre máquina y hombre, como un hilo

cortado entre planetas, un vacío

de las manos del hombre que consumen

el tiempo construyendo, y las desnudas

estancias sin trabajo y sin sonido.

Cuando el hombre dejó las madrigueras

de la turbina, cuando desprendió

los brazos de la hoguera y decayeron

las entrañas del horno, cuando sacó los ojos

de la rueda y la luz vertiginosa

se detuvo en su círculo invisible,

de todos los poderes poderosos,

de los círculos puros de potencia,

de la energía sobrecogedora,

quedó un montón de inútiles aceros

y en las salas sin hombre, el aire viudo,

el solitario aroma del aceite.

 

   Nada existía sin aquel fragmento

   golpeado, sin Ramírez,

   sin el hombre de ropa desgarrada.

   Allí estaba la piel de los motores,

   acumulada en muerto poderío,

   como negros cetáceos en el fondo

   pestilente de un mar sin oleaje,

   o montañas hundidas de repente

   bajo la soledad de los planetas.

 

(De “Canto General II”, Editorial Losada, Buenos Aires, octava edición, 1982. Pablo Neruda nació en Parral, Región del Maule, en 1904. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1971, y Gabriel García Márquez lo consideró “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”. Comenzó a publicar poesía a los 17 años. En 1924 publicó “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, que contiene algunos de los poemas que son conocidos mundialmente. Fue también un activo militante político de izquierda. Llegó a senador de su país pero tuvo que escapar al exilio. Murió en 1973 en Santiago, el 23 de septiembre, pocos días después de que el genocida Augusto Pinochet había asaltado el poder a sangre y fuego. Los motivos de su muerte siguen siendo, cuatro décadas después, objeto de dudas y controversias, pues hay denuncias de que fue asesinado por agentes de la dictadura en la clínica en la que estaba hospitalizado).

Poetas de Medellín / 2017

 

   Publicamos una selección de poemas de autores que estarán presentes en el Festival Internacional de Medellín, del 8 al 15 de julio, en la ciudad colombiana. El espacio oficial del Festival en internet ofrece información detallada sobre los participantes y su obra. En algunos casos, además, se incluyen textos con su posición sobre el arte poético y su ubicación en el mundo. De allí salen los poemas que siguen.

   El espacio oficial del Festival de Medellín, del 8 al 15 de julio (al que La Poesía Alcanza asistirá en su integridad para informar sobre su desarrollo), es el siguiente:

   https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Intro/index.htm

 

   Andrés Álvarez

 

   Guerra

 

Alguien hablaría de la casa vacía
o del alero inclinado
al paso rasante de las bombas,
pero unos tienen los ojos llenos de tierra,
otros tienen la boca seca 
por acunar camadas de polvo,
y nadie sabe la lengua extranjera. 
Alguien contaría la noticia
                del país deshecho
para recibir los dones de la hospitalidad,
si el anfitrión no fuera su verdugo.
Alguien diría algo más
pero sus palabras serían las palabras
de una boca muerta.

 

 

   Apología II


Perdóneme, muchacha,
pero quiero regalarle abismos:
no lo demás.
Abismos como la sucesión cromática
del cielo.
Los ojos imantados
               –en los astros–
                             derivan las intermitencias.
No las pasiones contenidas.
No la madurez que presumen
entendimientos que no han dado fruto.
Muchacha,
todo arraigo está en los abismos:
no en lo demás.

 

 

   Günter Grass para motociclistas

 

Bajo el rojo incendio del ocaso,
el insensato
buscando arándanos en motocicleta.
Su cuerpo pesaría sobre el pavimento.
Pero la muerte tiene
la levedad de los pájaros.

 

(Andrés Álvarez nació en El Carmen de Viboral, Antioquia, en 1991. Es también abogado y profesor universitario. Es cofundador de la revista cultural “Opinión a la Plaza” e integra el grupo literario Savia desde 2007. Tiene dos libros inéditos, “Ese olor de árboles muertos” y “La mujer de Job”. Artículos y cuentos suyos son incluidos en varias publicaciones del país).

 

   Timo Berger

 

   Surco, hacia Chorillos

 

Otros se paran describiendo
cuadros en museos, yo no
veo museo alguno en este

distrito, pero veo colores
veo granos, veo sustancias
susceptibles, veo la sombra

del viaducto por el que hace años
dentro de años pasaría un metro,
veo a mis espaldas una pechuga

abierta con un tajo perfecto
en las brasas, veo
cómo sobre los ruidos

de los vehículos que nadie dibuja
aparece una escala de grises
a través de un cristal tintado

 

(Timo Berger nació en Stuttgart, en 1974. Además de poeta, es traductor y productor de actividades culturales. Autor de varios libros, radicado en Berlín, es cofundador del Festival Latinale, que se realiza en esa ciudad y concita la participación de autores latinoamericanos. Su presencia es frecuente en América Latina, para participar de festivales y realizar talleres y presentaciones).

 

   Elvira Hernández

 

   Noticias de Atenas

 

Dicen que ni la guerra del Peloponeso
concentró tantas tropas.
Que en el mar Egeo
hay más misiles activados que islas.
Que los helicópteros son como nubes
comediantes.
Que los aparatos de los aparatos
detectan hasta el nóumeno.
Que las coronas de olivo tienen un chip
que gusta de navegar por el Canal de Silvio.

 

   Lo que sigue

 

               Para Álvaro Hoppe

 

Asoma una nube de polvo
quizás el polvo en que nos convertimos.
De los confines llegan
las hermandades de la pértiga y la raqueta.
Son la bruma de la presencia
y tantas desconocidas banderas
rostros interminables
decididos venablos
despedazadas tierras
puños en alto
y no moscas invitadas a la fracción del segundo.

 

(Elvira Hernández nació en Lebu, provincia de Arauco, Chile, en 1951. Tiene una muy extensa obra publicada y su libro “La Bandera de Chile”, de 1991, es citado casi ineludiblemente en las referencias a la poesía contemporánea de su país. Poemas suyos están incluidos en numerosas antologías nacionales e internacionales).

 

   Sabino Esteban Francisco

  

   Remiendo

 

En la sombra rural
de estos cerros,
la miseria
no sólo rompe las ropas:
los campesinos
remiendan hasta el corazón. 

Si rompiera también 
la sombra
ellos pondrían 
un remiendo de luz. 

 

   Otra vida

 

Después del bombardeo
resurgía la voz de las aves.

Como fuente dulce, 
alegre, hecho canto de vida.

Desde la trinchera
germinaban nuestras risas.

Y salíamos 
con retazos de carbón
y pedazos de tabla
a pintar otra vida
en el dorso de esa vida.

 

(Sabino Esteban Francisco, nacido en 1981, es guatemalteco de ascendencia maya q’anjob’al. Durante el conflicto armado interno, su familia se refugió dos años en Chiapas. Publicó los libros de poesía “Sq’aqaw yechel aqanej / Gemido de huellas”, en 2007; “Yetoq’ junjun b’ijan aq’al / Con pedazo de carbón”, en 2011; “Xik’ej K’al Xe’ej / Alas y raíces”, en 2013; y “Sq’och Xajaw/La Escalera de la luna”. Poemas suyos fueron incluidos en varias antologías).

Juan Bañuelos

 

   Viento de diamantes

 

                  La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo.

                                                                                W. Blake

 

Lo mismo que Adán sumergido hasta la alondra del

      silencio,

   sucio de humana noche en que he caído, rompo todos

      los pronombres

   para tenderme en el día óseo de la plenitud.

Acudo ebrio de musgo y tulipanes hasta las criptas de

      las piedras

   o de los ríos secos, donde muerden el silencio cárabos

      crepusculares

   y en donde un hombre solitario se hinca.

 

Pisando soledad entro en el día, porque es dable a las

      criaturas

   ver su hora crecer para hallar luego algo de los mortales

   en un grano de arena. Más también bajo las gradas

      seculares y

diviso el humo de las chozas de los hombres,

   veo los caminos cotidianos, las nubes que anuncian el

      otoño

   y a la mujer grávida de su fruto sentada en su

      hamaca

   viendo pasar las horas.

                                         Y me muevo con las hierbas,

      y con el menor movimiento del caballo, y siento que

      dentro de mí corro

   como ese río que estoy viendo que avanza.

¡Y miro alejarse la carreta del último cosechador!

 

E igual que una palabra lanzada a la mitad del mar

   caigo en el seno del prodigio. Y como el minero que

      se cubre

   con las manos la faz cuando de pronto, ciego, reencuentra

      la luz

   así la dulzura levanta su toga y me envuelve temerosa.

¡Ay, el hombre soy y no lo había advertido!

   el amparado por dioses tutelares de la iniquidad, el que

      frecuenta

   y ronda tanto reconr taimado del polvo con su cauda

      de crines blancas.

¡El hombre soy, mas no me basta!

   porque el sol tiene su trigo en llamas y el mar tiene

      los ojos tocados por la gracia.

El hombre soy

   pero toda cosa nacida con la aurora, con ella muere,

y toda criatura que engendra la noche

      con ella se aleja porque oscuro es su linaje.

 

Todo pasa.

Y como el agua y el sol, también todo queda. Un silencio

   que se sienta a esperar el primer ruido. Nuestra imagen

   que se pierde y se encuentra como el humo que no es

      más que el eco del fuego.

No otra cosa que la espuma negra

que va haciendo el arado sobre la tierra.

Y lejos de la memoria del viento que dejaron las épocas,

   un olor de centeno y anís hace volver los pájaros.

 

Y porque el horizonte no es más que una hoja larga de

      perfil,

   dejo que mudas tribus de peces muerdan los guijarros,

   dejo que brille el hocico del jabalí en la noche

   y que bajo el zumbido de las abejas

   los bueyes trillen las mies.

      ¡Ay, reivindicación bañada en el ojo inocente!

      ¡Oh, exultación del mar sostenida en el resplandor!

¿De qué remoto sueño hemos caído? ¿Por qué somos una

     rueda que grita enloquecida? ¡Ah! Triste es nuestro

     paso, en verdad,

¡No más que olas somos! Nos levantamos brevemente…

para seguir siendo mar.

 

 

   Esta noche y sus viejos nómadas de blanco

 

Y todavía, todavía el ciego Tiresias va cojeando mientras

     recuerda al mar.

El astro de Quetzalcóatl anda buscando sitio entre la

     noche.

La noche con todas sus estrellas gira como un viejo

     molino de palomas,

y nosotros, resueltos ya en ruinas, de esta carroña deliciosa

sabremos ser tierra, sabremos ser fuego –sabré ser pájaro

     y su vuelo-

y consentiremos en nuestro propio corazón al hombre.

Ahora cerca del espíritu vamos a crear la palabra (un arco

     iris movido por el aire).

Que el tiempo nos separe como separa los días y las aguas,

que la palabra sea como la mano de Ananías y veamos

     por una sola vez,

por una, lo que no podíamos ver.

          Porque ¿qué es el crepúsculo

          sin los ojos del hombre?

          ¿Y qué es la pregunta sin que

          responda el que la sabe?

¡Ay, corazón, alégrate y deja tu palabra en mi boca!

   Hagamos nido en las llamas de la imágenes; que

          un grillo debajo de la lengua vigile el sueño de

          caracol del mundo

   mientras danzando, enloquecido el viento rasga sus

   ropas en los árboles.

¡Ay, corazón, alégrate, y ante un poco de agua del mar

          en nuestras manos,

   sintamos su grandeza al recordarlo!

Y porque nuestro tiempo no es tiempo para interrogar

         al Mar

   sino para poner su boca en el polvo,

y porque ¡ay! difícil es ver la hora desnuda de su arena,

   he aquí que un coro de lágrimas se oye en la noche

   y las estrellas tiemblan como párpados blancos en los

         ojos del agua.

-Mas un día oímos la voz de la humedad del río subir

   la sangre hasta la luz, y danzar astillándose en los

         corazones.

¡Ay, escribo sin medir camino ni palabras: no tropiece

         mi lengua para fundar el orden y la vida!

   Porque la vida es, y como la tierra, se embellece cuando

         arrojamos las semillas.

Sólo cuando construimos nos despojamos de la ebriedad

         de la tiniebla.

   -Duermen los siglos en las piedras y el silencio se hace

     tiempo;

   en el verano de los muertos, el adolescente es un peñasco

         estéril.

Sólo hila una tumba la arcilla que no conoce el agua.

Nosotros nos iremos por los viejos caminos transitados,

   por las vías donde desovan los reptiles, por donde

        se quedó

   una estrella que olvidó la noche recoger, por el lugar

        del sueño,

   por donde el colibrí canta y su canto es liquen que cae

        para formar nido en el ojo de un ciego.

¡Ah, esta noche y sus viejos nómadas de blanco!

 

 

   Anacreóntica

 

Colgué en sus labios el asombro.

Como un tigre violeta le sangraban los ojos.

Ahorré la luz debajo de su pelo.

Sol. Tertulias de sombra en sus pestañas

Rumoreaban como uvas de un lagar.

Reconstruí de súbito la fiebre,

Y el acoso flameaba entre sus medias.

Pequeña de los años –diecisiete-

Me despeñé desde su cuello

Cuando debajo del corpiño

Dos frágiles navíos

Se le iban a pique

 

(De “Poesía en movimiento, México 1915-1966”, selecciones y notas de Octavio Paz, Alí Chumancero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, con prólogo de Octavio Paz, Siglo Veintiuno Editores, vigesimoséptima edición, Ciudad de México, 1998. Juan Bañuelos nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1932. Estudió derecho, letras hispánicas y filosofía. Realizó una actividad literaria intensa en la Universidad Nacional Autónoma de México y en las de Chiapas, Guerrero, Querétaro y Sinaloa. Publicó sus primeros poemas como integrante del grupo La espiga amotinada. Publicó, entre otras obras, “Puertas al mundo”, “Espejo humeante”, “Destino arbitrario”, “A paso de hierba” y “Vivo, eso sucede”. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, en 1968; el Chiapas en Arte, 1984; el Nacional Carlos Pellicer, en 2001; y el de Poesía José Lezama Lima, en 2005. Defensor de los derechos de los pueblos originarios, fue titular de la Comisión Nacional de Intermediación, que organizó mesas de diálogo entre el gobierno mexicano y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Murió en Ciudad de México el 29 de marzo de 2017).

 

Antonio Preciado, en Paralelo Cero

 

 

   Ese Hombre que Espera

 

Ese hombre que espera

no anhela compañía

ni pretende

que nadie le dé nada,

porque siente

que en el mundo no existe

un pan para saciar

un hambre que no es hambre,

ni agua para una sed

que no desea beber,

sino que quiere seguir siendo

cada día más sed,

más insaciable.

Y ese hombre padece de un dolor

que siente que le duele de otro modo,

y al dolerle presiente que será

el que un día lo salve.

 

Ese hombre que espera

en realidad se espera

y mientras tanto vive andando en círculos

hablándole a la tierra

con el convencimiento

de que la tierra entiende sus palabras,

empecinado en descifrar su enigma

y secreteando la ininteligible

verdad de sus verdades

con el viento que pase,

con su sombra

con él mismo

o con nadie.

 

Él permanece solo en sus adentros,

mas cuando me adivina

sale,

se me acerca

y me trata de hermano.

 

Ese hombre que espera

se espera en un poeta,

pero él no lo sabe.

 

 

   Imbricación

 

Mucha gente se muere

de su hambre personal

con la fisonomía

el nombre,

el apellido

y hasta con el apodo del hambriento;

y en cambio

son más los que perecen

de una dolencia general:

el daño inevitable

del cotidiano empacho

de mundo descompuesto;

y muchos más aún

todos aquellos a los que en la vida

se les juntan los dos padecimientos.

 

 

   Gracias a la Viva Voz

   de Mercedes Sosa

 

Por la costumbre de andar esperanzado

en que mientras yo viva

mi sufrida esperanza

no se me ponga triste

y peor que se me muera,

vuelvo a los imperiosos cantiles de esa voz,

a sus fulguraciones en las oscuridades

y me empujo a escucharla,

y cada vez

en lo más hondo,

ahora,

esas mismas canciones tienen algo

que parece

que les resucitara.

 

 

    Impedimento Armado

 

Lo que faltaba:

han enjaulado el cielo

para que Dios,

viendo que la paloma proverbial

se arrastra

hace ya mucha tierra,

algún día no pueda

compadecido,

él mismo

aprender a volar.

 

 

   Salma

 

¿Ha visto usted a una mujer trenzada

de cuerpo y corazón

con el fuego dulzón de una guaracha,

que erguida

baile al mismo tiempo con las piernas

y los brazos,

con los pies

y las manos,

y la cadera en la mitad

quebrando atenta al ir del ritmo arriba

a la vez que al venir del ritmo abajo?

¿Ha visto usted a un ángel

engolosinado con tambores

y que haya aprendido

a pisar con las alas?

¿Ha visto usted la forma en que se elevan

un poquito del agua,

majestuosos,

los gansos

y las garzas?

 

 

   Ruego

 

Ven, mujer,

quédate junto a mí,

¡por Dios, no te me vayas!:

tiéndete a seguir teniendo fe,

a creer mucho más estrechamente en mí

al presenciar los míos,

igual que cuando yo,

abismado,

presencio tus milagros.

 

 

   Un Niño me Sonríe

 

¿Qué será de él después,

qué le harán a su brote de ángel cierto,

a su semilla alada,

a ese mohín de una despreocupada gracia

que me hace verlo como

que nunca crecerá?

 

 

Mientras tanto,

mi salvación de hoy

es que ese muchachito me sonría

desde la bulliciosa trinchera de su juego,

donde veo

que poquito a poquito

el muy pícaro

va poniendo también el mundo en su bolsillo

junto con las canicas,

la horqueta,

las dos gomas elásticas,

la hamaquilla de cuero

y unos cuantos guijarros de mala puntería;

y todo aquel que lea este poema

queda comprometido

a guardar seriamente

ese alegre secreto,

para salvar de lo que ahora les harían

al brote de ángel cierto

y la semilla alada,

puesto que para ellos

no es nada conveniente

que el mundo convenido,

con un sobreviviente poeta por testigo,

aúne a estas alturas su frontera

con la dese reducto donde impera

tan ínfimo armamento.

 

 

   Ese Hombre que Viene

 

Ese hombre que viene

de repente hacia mi como a un abrazo,

pero por un camino

que, al contrario, se aleja,

que tiene un rostro ajeno

con los ojos mirando hacia sí mismo,

la boca blasfemando

y sigilando temibles dentelladas

y la sonrisa

en un puño cerrado,

a ese le saco el cuerpo,

no lo dejo que llegue a andar trasteando en mí,

a saquear lo que tengo de lo que siempre he sido,

a resollar, malévolo, oscuras fetideces

encima de mis versos,

a negar las locuras

del viejo corazón al que aún le creo

y tal vez hasta echarme

y quedarse

y volverse mi dueño.

 

Ese hombre que así viene

y es capaz de ponerles zancadillas

a mi rastro de amor

y a mis designios,

es mejor que se vaya de regreso.

 

 

(De “De lo demás al barrio”, con prólogo de Carlos Enrique Garzón, ELÁNGEL  Editor, Quito, 2013. Antonio Preciado nació en Esmeraldas, Ecuador, en 1941. Después de una infancia llena de privaciones materiales en su ciudad natal, se trasladó a Quito, donde se licenció en Ciencias Políticas y Económicas. Comenzó a publicar poesía en 1961, con “Jolgorio”. Siguieron, entre otros títulos, “Siete veces la vida”, “Poema húmedo” –publicado en Cuba-, “De ahora en adelante” y “De boca en boca”. “Con todos los que soy” fue el título de una antología que reunió gran parte de su obra, publicada en 2012 en Ecuador. En 1965 obtuvo el Premio Nacional de Poesía instituido por el diario El Universo, de Guayaquil. Dos años después se le adjudicó el primer premio del Festival Nacional de las Letras de la Universidad de Guayaquil. Poemas suyos integran numerosas antologías, de Ecuador y otros países, y fueron traducidos al francés, inglés, italiano y rumano. Desarrolla una intensa actividad política y diplomática. Fue ministro de Cultura del presidente Rafael Correa. El Festival Paralelo Cero lo designó poeta homenajeado en su edición 2017, a comienzos de abril).

 

 

   Ese Hombre que Ama

 

Ese hombre

tiene un amor mundial

que a diario esparce

y el viento se lo lleva,

las lluvias lo recogen,

cae,

moja,

se encharca,

pero el sol lo calienta,

lo eleva

y cae en nuevas lluvias,

y si las lluvias cesan,

el obstinado amor

no escampa y sigue amando.

 

Ese hombre que ama

todo lo que hay que amar en este mundo,

sin embargo,

en medio de ese amor tan grande

tiene

una pizca de odio,

como un ojo certero,

que es tan solo

para lo que es preciso odiar en este mundo;

de modo que ese hombre

tiene un amor inmenso que odia un poco

y un poquito de odio

que realmente ama mucho.

 

 

    Inconfundible

 

Al solapado que tiraba piedras,

un día,

por lo que fuera,

simplemente le dio

por ponerse a tirar besos volados,

mas sus besos dolían

y por cierto, esa vez,

cauteloso también,

escondía la mano.

 

 

   La Efigie de Sandino

 

En Nicaragua, uno

de cualquier modo siempre

se encuentra con Sandino,

sobre todo en Managua

que lo tiene de pie

en lo alto de la Loma de Tiscapa,

inconfundible en esa efigie colosal

toda pintada de un negro solemne

que se ve desde lejos,

para que el General, ubicuo, se halle

en todo corazón al mismo tiempo.

 

 

Recorriendo el contorno desde abajo

primero son notorias las botas,

a las que de inmediato, por su cuenta, los ojos

se sienten obligados a agregarles las trochas,

los lodazales y las polvaredas.

En la mitad se reconoce, como

un amontonamiento de más piel

que le hubiera crecido,

el bulto de la manta inseparable

que le cuelga,

y cualquiera supone

los leales cobijos de otra piel

que también se rebela.

 

Ya arriba,

coronándolo,

nítido sobresale su sombrero de siempre:

yo creo que hasta ahora

por dentro esa alta copa permanece

llena de también altos pensamientos,

y por fuera le encimo

todos sus soles

y sus aguaceros.

 

El que ha visto un retrato de Sandino

y lo tiene presente,

le pone con certeza a la figura

el rostro legendario;

pero, viéndolo bien,

es mucho más Sandino imaginándole

la cara de cualquier nicaragüense.

 

Por supuesto, esa imagen

no necesitaría un corazón,

pero un día de julio

en viaje hacia Masaya,

pensándola,

sientiendo casi que su enormidad,

tenaz, desde Managua

me iba siguiendo por la carretera,

de pronto me di cuenta

de que ese corazón inmenso de Sandino

como que hubiera sido para el tamaño de ella,

si el General en una de sus fotografías

(aparte del país,

que se le nota),

todo él casi es las botas,

la manta

y el sombrero;

pero lo cierto es

que de algún modo a él, aún así,

un corazón así

le cabía en el cuerpo.

 

Paralelo Poesía

   El Encuentro Internacional Poesía en Paralelo Cero 2017 se celebra entre fines de marzo y comienzos de abril en Ecuador, con actividades en la capital y otras ciudades y localidades. Cuenta con la participación de gran cantidad de autores ecuatorianos e invitados de Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, España, México, Perú y Puerto Rico. El Ángel Editor, que conduce el poeta Xavier Oquendo, es organizador de este festival y el espacio oficial ofrece un servicio muy completo: qué es el Encuentro, la programación y los libros disponibles a partir del 28  de marzo. En cuanto a los poetas participantes, hay una presentación que contiene una ficha biográfica, una fotografía y un poema. De ese espacio, http://elangeleditor.org/poetas-participantes-paralelo-cero-2017/, son tomados los poemas que siguen.

 

   Antonio Preciado

 

   Poema con pájaro rojo

 

Ya está de nuevo aquí

el pájaro de fuego

que viene por las tardes cuando escribo

y se queda conmigo por poemas enteros,

gorjeo tras gorjeo,

palabra tras palabra

yo contemplo en silencio su afable llamarada

                cuando con devoción anida entre mis versos

y permanece quieto

mirándome,

mirándome,

como queriendo ver si también tengo alas.

 

   (Nació en Esmeraldas, Ecuador, en 1941. Es el poeta homenajeado en la edición 2017 de Paralelo Cero).

  

   Carlos Luis Ortiz

  

   Nueve

 

¿Quién me asesina hoy?

Una cama helada donde  las sábanas sean remolinos para hundirme.

¿Quién me asesina hoy?

El poste donde vivió mi amigo el truhán, el alcohólico morado de tanta soledad,

los perros con baches en la piel.

Los ojos quebrados que intuyeron la bondad de la ceguera.

Las canastas rotas del parque y el alimento vacío.

¿Quién me asesina hoy?

La herida cerrada que dejó de jugar con la sangre

¿O la sangre tan amplia que predice el meridiano?

¿Quién me asesina hoy?

 

   (Nació en Guayaquil, en 1979. Además de poeta, es profesor universitario y comunicador).

 

    Christian Zurita

 

    Lluvia y Descartes

 

La duda, como lluvia

no es cognitiva,

sino metódica.

Llueve a cuentagotas

y apenas se percibe el elemento,

ingobernable,

por oficio per cápita

de enjugarnos el alma.

 

No hay lluvia que se pierda

la maravilla de dibujar tu anatomía,

ni caudal que soporte los latidos,

cuando llueve en el poema.

Llueve tanto que parece nostalgia.

 

Me desgasta la cabeza su orquesta transparente.

Un andar de nube silencia el adjetivo

de la lluvia que se duerme.

Escampo bajo el árbol de la infancia rota,

apenas y su sombra se sumerge en el asfalto.

 

La simiente en mi reflejo advierte perspectiva:

Dejé de ver al cielo cuando llueve,

de soñar con lluvia en Saturno,

de ser pájaro en lluvia de junio.

 

Sin embargo…

Mana  el sol,

enconándose en el Quito húmedo,

pinta de dorado las calles centenarias.

 

Donde tu paso de dama despejó el rocío

y otros cielos.

 

   (Nació en Quito, en 1993. Es también comunicador.)

  

   Eufemia Sánchez

 

    Entierro

 

Y la muerte será silencio

 

No tendrá más color el océano y será seca por fin la nube

el desierto, más cercano

y el sol se hundirá en una piedra

en una sola piedra del tamaño del mundo

 

Serán oscuridad y silencio por fin la única voz que escuches

Desde adentro, un solo color desconocido

no sé si sea gris o, acaso la luz única y final.

 

Desde afuera una sola piedra cubrirá tu cuerpo, tu rostro

Tu voz, callará

para siempre

aunque grite los colores que antes sonaban en tus cuerdas vocales

 

En tu muerte estarán todas las muertes.

Todos los colores de la tarde que el mausoleo ve

verá morir en sus paredes de piedra.

 

Nadie, ni el sol regurgitando despertará tu risa.

La lluvia no caerá más sobre el jardín:

no habrán más flores,

ni postres,

ni dulces.

 

Contigo se habrá enterrado también mi risa franca

y se habrá quedado algo de tu voz en la mía.

 

   (Nació en Sucre, Bolivia. Además de poesía, publicó un ensayo sobre Manuela Sáenz).

  

   Sylvia García

 

La calle

es una serpiente tornasol

que mueve su angustia en el ocaso….

déjame quitar tu desgastada piel

antes de que el sol carbonice tu suicidio

Te veo cerca línea imaginaria

piso tu membrana de soledad en cada travesía

y la muchedumbre que hay en mí

desdibuja los títeres de la memoria….

calle besos y amor

calle espanto y ruina

calle asalto

cansancio y lejanía

calle danza y desencanto

incidente y serenata….

tu sombra se alarga como alacrana en celo

mientras a tu lado reposan el trébol y la hormiga….

quédate quieta….calla

escucha el silencio de tu destierro

y déjame avanzar por tus historias

con las banderas y los hombres que te habitan…

 

   (Nació en Riobamba, en 1952. Además de poeta, es autora de biografías).

 

   Giovanni Gómez

 

   Rue laviolette

 

Los árboles arrastran  graznidos

al desprender sus hojas secas

Alguien sabe de su carrera de voces

atravesando esta calle sin dirección de nadie

Cree olvidar al cerrar los ojos

y el sol que seca la carne viva del árbol

seca también sus raíces

pero las palabras  no se van conmigo

ni se vuelven pájaros 

 

   (Nació en Bogotá, en 1979. Además de poeta, es editor y organizador del Festival Internacional de Poesía de Pereira).

 

 

   Harold Alva

 

   CAILLOMA 714

 

La rabia se inocula

Como el grito suspendido de una cobra

Lima de noche con mis manos en su espalda

Y un extraño rumor de vidrios

destrozados contra el ojo

Contra mi frente de cíclope extraviado entre los autos

Su inconsistencia

Para sostener el incendio de otras cicatrices

En los muros donde gárgolas invaden

El cementerio de mis pájaros

O la hacinada cueva donde habita

el roedor de la nostalgia

Su trompa de metal

Que se abre como la puerta del metropolitano

Cuando cruza Lampa

Voltea por Emancipación

Y la ciudad se eriza

Y la ciudad se levanta

Y Lima tartamudea un himno que la proyecta

Sobre un muro de quejas

Y la rabia crece

Y nadie tiene el poder

Para difuminar la espuma de mi boca

Su antídoto de historia

La frente sin laureles de las estatuas posmodernas

Sé que hay una ventana

Un vitral en el que otros ojos se inyectan

Contra el cielo de otra tribu

De otra civilización que nada tiene que ver

Con las marcas putrefactas de estos muertos

Otra lengua

Otro código que interpreta las flechas de mis manos

Sus líneas como quipus

O la rabia

Su nieve en la cresta de mis puños

Los pilares del tren

La bestia que cruza sus entrañas

Los corredores viales que unifican su tragedia

El color seco de su sangre

Mis brazos clavados como huesos

Agitándose como una bandera

Que nada tiene que ver con la historia de su patria

La voz despedazándose

Y el cráneo sembrado sobre un poste

A la merced de un cóndor

Que sabe que solo habitan tinieblas en mis ojos

Lima es una hiedra

Su trompa se abre como el insomnio de un loco

Que intercede por sus fantasmas

Y no hay lugar: no hay casa

No hay espacio inhabitado

Solo la lluvia

Quebrándose

Luciferina

Vertical

Solitaria.

 

   (Nació en Perú, en 1978. Es editor además de poeta.)

 

 

   Homero Carvalho

 

   Herencia

                            Para Brisa Estefanía, Luis Antonio y Carmen Lucía

 

 

No vayan a creer

en Adán y su manzana

en los héroes de la historia oficial

en la solemne Constitución

y sus cuentos de Leviatán

en los pronósticos del fin del mundo

ni en las lágrimas de los políticos

cuando hablan de la patria

la patria no es otra cosa

que alguien a quien amar

una ciudad elegida para vivirla

una canción que nos convoca

un paisaje imprescindible

y los abrazos de sus padres

y por cierto los nueve meses

que maduraron cual simiente nuestra

en el vientre acuático de su madre

y el amor que se estremecía

haciéndonos balbucear de alegría

cuando pateaban la luna

anunciando que pronto nacerían

eso hijos míos y que sepan

que cuando nacieron

descubrimos que nosotros

éramos sus herederos.

 

   (Nació en Oliva, Bolivia, en 1957. Además de poeta es cuentista y gestor cultural).

 

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