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El cine imaginativo y poético es totalmente posible, dice Del Toro

El cine que explora la imaginación y se acerca a la poesía, el cine que busca originalidad en sus lenguajes y no se deja encasillar por la industria, puede hacerse y puede tener “éxito”, si por tal se considera alguno de los premios considerados más importantes. Es lo que consiguió, y reivindica, el mexicano Guillermo del Toro.

 

   La película “La forma del agua” del director que nació en Guanajuato, en 1964, obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia, uno de los reconocimientos más codiciados en el sector, señalado como garantía de la calidad de las películas.

   Al recibir el premio, Guillermo del Toro se lo dedicó a “todos los directores mexicanos y latinoamericanos que sueñan con hacer algo que tenga un mensaje”. Pero de inmediato, extendió también la dedicatoria “a quienes dijeron que no se podría hacer”.

   “Si uno se mantiene fiel a lo que cree, a lo que realmente cree, se puede hacer todo”, insistió.

   La película premiada en Venecia relata la historia de Elisa, una muchacha muda, quien tiene como amigos a una compañera de trabajo y a un vecino. La compañera es negra y el vecino es homosexual, por lo que la cinta emerge como un canto a la diversidad, ya que además Elisa se enamora de un extraño personaje anfibio, lo que en términos convencionales sería llamado un “monstruo”.

   El director insistió en calificar a la película como “una oda al cine y al amor, la fuerza más poderosa”. También la consideró “poética y reivindicativa” y la describió como “un antídoto perfecto contra el cinismo”.

   “Si uno se mantiene fiel a lo que cree, a lo que realmente cree, que en mi caso son los monstruos, se puede hacer todo”, expresó en el acto de entrega de premios. Agregó: “Siempre creí que la fantasía es un género político. Muchos tenemos ideas fijadas y el cuento de hadas es un antídoto. Quería que la película fuera emociones e imágenes, más que palabras”. 

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