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El cine puede ser "el arte total", según el colombiano Arbeláez

El cine contiene la posibilidad de convertirse en "arte total" y puede incluso prescindir de la palabra, sostiene el poeta colombiano Jotamario Arbeláez. Sin embargo, afirma que la inclinación por satisfacer a públicos masivos lo llevó hacia otro lugar. Una de los autores que es referencia del movimiento nadaísta, Arbelaez deslizó en una nota en el diario El País de Colombia una historia rica en detalles y sensaciones de la relación entre cine y poesía.

 

   Tres veces Premio Nacional de Poesía, y ganador del Premio Internacional de Poesía Valera Mora, que se otorga en Venezuela, Jotamario Arbeláez -nacido en Cali, en 1940- comienza el recorrido en la niñez, cuando en el teatro San Nicolás de su ciudad natal "veía películas de vaqueros", en un tiempo en que "pesados sociólogos" afirmaban que "esas cintas eran la causa de la violencia del colombiano".

   Tras dar cuenta de sus primeras "aventuras eróticas" en las salas, el poeta avanza en la nota en El País hacia definiciones de fondo, como cuando sostiene: "No creo que el cine se creara para contar historias. Como arte puro y con recursos propios, debía ir dirigido a convertirse en la más bella de las artes, a partir de lo visual. Pero para darle gusto al público y hacer algo comercial en el mundo, lo pusieron a ilustrar con la imagen móvil cuentos y novelas. A eso llegó. Y eso gustó".

   No obstante esa derivación, "igualmente pudo emular a la pintura" y "hacer arte abstracto".

   Según Arbeláez, "el  cine podría carecer respetablemente de la palabra, como lo prueba el cine mudo. Hay la poesía de la imagen, muy hermosa y muy respetable. Pero también hay una poesía despojada de ese adorno, igualmente hermosa. La poesía del discurrir, que está sembrada de sorpresas y encantos".

   Afirma luego: "Con las maravillas de la técnica el cine llegará –o ya llegó- a ser el arte total. Con el inconveniente de que en las ciudades hay cada vez menos salas de cine, y en los pueblos pequeños ni siquiera ha llegado. Ver cine en el computador es una resignación. La maravilla del cine sigue siendo la pantalla gigante".

   Ubica a los poetas nadaístas en contextos de acontecimientos culturales, políticos, sociales y religiosos, entre los cuales el cine tiene, también, su lugar. Escribe: "Los nadaístas fuimos paralelos con la nouvelle vague, con la literatura objetal francesa, con la revolución cubana, con la teología de la liberación, con los puños de Cassius Clay y con los culos de Marilyn Monroe y Brigitte Bardot. Ante el neorrealismo de nuestra bestialidad nacional debimos dedicar lo mejor de nuestro fuego creativo a la protesta social por espacio de más de 50 años".

   Tras esas y otras contextualizaciones, el poeta vuelve a la anécdota y a la sensación más personal: "El mejor programa con las novias era ir al cine, después ir a cenar y luego a bailar. Y luego a lo que sabemos. En lo que la mejor parte del tiempo se iba en comentar la película".

   La nota completa está disponible en el enlace siguiente:

http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/jotamario-arbelaez/cine-y-poesia

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