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La Poesía Alcanza

Es como un diamante fino

    

   VIOLETA PARRA

 

    Corazón maldito

 

Corazón, contesta,

por qué palpitas, sí, por qué palpitas,

como una campana

que se encabrita, sí, que se encabrita.

¿Por qué palpitas?

 

¿No ves que la noche

la paso en vela, sí, la paso en vela,

como en mar violento,

la carabela, sí, la carabela?

Tú me desvelas.

 

¿Cuál es mi pecado

pa maltratarme, sí, pa maltratarme,

como el prisionero

por los gendarmes, sí, por los gendarmes?

Quieres matarme.

 

Pero a ti te ocultan

duras paredes, sí, duras paredes

y mi sangre oprimes

entre tus redes, sí, entre tus redes.

¿Por qué no cedes?

 

Corazón maldito

sin miramiento, sí, sin miramiento,

ciego, sordo y mudo

de nacimientos, sí, de nacimiento.

Me das tormento.

 

 

   ¿Por qué será, Dios del cielo?

 

¿Por qué será, Dios del cielo,

que no se resigna el alma

cuando nos cambian la calma

por olas de desconsuelo?

Tal vez sea por orgullo

del que recibe la afrenta,

porque la pena es inmensa

de ver desecho el capullo.

Por no escuchar el arrullo

les brota la indiferencia.

 

Se llora a lágrima ardiente

la ausencia del ser querido,

el corazón conmovido

palpita ligeramente

de verse tan de repente

solito en su gran desvelo,

como un barquito velero

que pierde su capitán

en brazos del huracán

¿por qué será, Dios del cielo?

 

Todos hablan del verano,

todos de la primavera,

de la luna, de la estrella

y del cielo arrebolado,

como si el enamorado

que pondera tanto azul

tuviera en sí la virtud

de la dicha eternamente,

cuando sólo de repente

se escucha el son del laúd.

 

La tristeza es un infierno

que nos oprime a su antojo,

como pájaro goloso

muerde las flores brillantes.

El alma es el gobernante

que rige las estaciones,

correspondido en amores

el ser se convierte en sol

y en negro el bello arrebol

si el hombre está en aflicción.

 

 

   En los jardines humanos

 

En los jardines humanos

que adornan toda la tierra

pretendo de hacer un ramo

de amor y condescendencia,

pretendo de hacer un ramo

de amor y condescendencia,

de amor y condescendencia.

 

            Es una barca de amores

            que va remolcando mi alma

            y va anidando en los puertos

            como una paloma blanca,

            y va anidando en los puertos

            como una paloma blanca,

            como una paloma blanca.

 

Permiso para cortar

la flor del comprendimiento,

la yerba de la esperanza,

la hojita del sentimiento,

la yerba de la esperanza,

la hojita del sentimiento,

la hojita del sentimiento.

 

            Es una barca de amores…

 

En el centro de mi ramo

la rosa del corazón,

el árbol más amistoso

y el fruto de la pasión,

el árbol más amistoso

y el fruto de la pasión,

y el fruto de la pasión.

 

            Es una barca de amores…

 

 

   Santiago, penando estás

 

Mi pecho se halla de luto

por la muerte del amor,

en los jardines cultivan

las flores de la traición,

oro cobra el hortelano

que va sembrando rencor,

por eso llorando estoy.

 

Los pajarillos no cantan,

no tienen dónde anidar,

ya les cortaron las ramas

donde solían cantar,

después cortarán el tronco

y pondrán en su lugar

una letrina y una bar.

 

El niño me causa espanto,

ya no es aquel querubín,

ayer jugaba a la ronda,

hoy juega con un fusil;

no ve la diferencia

entre niño y alguacil,

soldados y polvorín.

 

Adónde está la alegría

del Calicanto de ayer,

se dice que un presidente

lo recorría de a pie,

no había ningún abismo

entre el pueblo y su merced,

el de hoy, no sé quién es.

 

Santiago del ochocientos,

para poderte mirar,

tendré que ver los apuntes

del archivo nacional,

te derrumbaron el cuerpo

y tu alma salió a rodar,

Santiago, penando estás.

 

(De “Violeta del pueblo”, con prólogo, selección y notas de Javier Martínez Reverte, Colección Visor de Poesía, Madrid, tercera edición, 1996. Violeta Parra nació en San Carlos, Región de Chillán, sur de Chile, en 1917. Influida por la inclinación musical de sus padres, a los nueve años se inició en la guitarra y el canto, y a los doce compuso sus primeras canciones. Con apoyo de Nicanor entre sus ocho hermanos, recorre zonas rurales, recopila música folclórica y realiza sus primeras grabaciones. Compone canciones, décimas y también música instrumental. Entre otras actividades, se dedica también a la pintura y la escultura. Viaja en 1954 a Polonia, recorre Europa y la Unión Soviética y vive dos años en París, donde toma contacto con numerosos creadores, al tiempo que graba sus primeros discos. De regreso en su país, desarrolla una intensa actividad creativa, impulsa acciones culturales, crece su figura como folclorista pero en un contexto hostil, sin ser reconocida como poeta, limitación que se prolonga, en algunos ámbitos, hasta la actualidad. En los 60 realiza más viajes y, tras pasar por Argentina, vuelve a Europa. Expone sus tapices en arpillera en el Museo del Louvre, entre otras actividades. En 1966 graba el disco “Las últimas composiciones”, que incluye “Gracias a la vida” y “Volver a los diecisiete”, las canciones que la consagraron internacionalmente y que acumulan infinidad de versiones. Se suicidó en 1967, cuando tenía 49 años, en su carpa de La Reina, en lo que se cree tuvo relación con sus frustraciones amorosas. En julio de 2016, ediciones de la Universidad de Valparaíso presentó en Santiago el libro “Poesía”, en lo que varios críticos y académicos consideran como la tardía aceptación de su condición de poeta).

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