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    La vida y sus dientes de sable y mis ojos, que no terminan de resignarse

La Poesía Alcanza

Colombia y su partitura

 

   Vito Apüshana – Miguel Ángel López

  

   Nuestra tierra

 

Cuando vengas a nuestra tierra,

descansarás bajo la sombra de nuestro

respeto.

 

Cuando vengas a nuestra tierra,

escucharás nuestra voz, también,

en los sonidos del anciano monte.

 

Si llegas a nuestra tierra,

con tu vida desnuda,

seremos un poco más felices…

y buscaremos agua

para esta sed de vida, interminable.

 

(De “Colombia en la poesía colombiana. Los poemas cuentan la historia”, Joaquín Mattos Omar, Amparo Murillo Posada, Robinson Quintero Ossa y Luz Eugenia Sierra. Letra a Letra, Bogotá, 2011, en coedición con el Ministerio de Cultura, Fundación Confiar y BibloAmigos. Vito Apüshana – Miguel Ángel López, poeta de la etnia wayuu, nació en Carraipia, La Guajira, en 1965).

 

   Mery Yolanda Sánchez

 

   Carta a Carlos Iván

 

Pienso en ti

para contestar

el saludo a mis muertos.

 

Pienso en ti

para olvidar la rumba

donde los disparos

son la partitura

del himno nacional.

 

(Del libro ya citado. Mery Yolanda Sánchez nació en Guamo, departamento de Tolima, en 1956)

 

   Óscar Torres Duque

 

   Magdalena Medio

 

   I

 

Todavía se escucha el plañido del perro

y un tamarindo se deshoja lúgubre como un anciano leproso.

Son un eco la picada de la trucha,

el machetazo a media asta sobre el racimo,

la cosquilla verde del viento en el follaje,

que es música y lo sabe, son eco.

No hay nadie, sólo el plañido;

todo es voz, como la noche,

como el cansancio de las palmeras

 

doblegadas.

Un día vino la Segadora y se acostó en la hamaca,

marcó los nombres en la arena

y, vendaval, se llevó hasta el clima.

Pequeña nada tropical, barrida,

que miran los ojos que reinventan todo,

inútilmente.

 

   II

 

 

La muerte espumea en la garganta del caimán,

samán, vaho de manigua desbravada;

la sangre arborea y huele en las cortezas:

la del antepasado salvaje que horadó oscuridades,

la del campesino ceñido a esas huellas,

la del que vive en lo posible, en la utopía

de un día regresar por el río batiendo sus manos

en señal de pasmo;

o la sangre que arborea y es ella símbolo

como símbolo son los maderos patibulares,

las chozas vacías, los caseríos silenciados;

y el medio Magdalena brama en el medio,

pero brama el que ronca una queja adentro

o el que produce el relámpago mortal,

su zigzag, su muerte de correrías fantasmas.

Muy pronto habrá otro caimán desaparecido,

adelantado, brujo o sindicalista;

Espumea la muerte en sus gargantas, hongo, roza;

Se alza como fumigación de napalm,

metralla, machete, tiene nombres,

se mece a la hora de la siesta,

desnuda, irreconocible.

 

(Del libro ya citado. Óscar Torres Duque nació en Bogotá, en 1963).

 

   Patricia Iriarte

 

   Carreteras

 

Manglares muertos hieren mis ojos

durante horas.

 

Siglos llevados a ceniza.

Escombros de lo que tuvo vida.

 

¿Adónde se fueron la savia y el cangrejo?

¿Adónde el refugio de raíces,

el brindis de salobre bebida,

la posada del pájaro viajero?

 

¿Adónde dicen que conduce

esta larga y rugiente carretera?

 

(Del libro ya citado. Patricia Iriarte nació en Sincé, departamento de Sucre, en 1962).

 

 

   Orlando Gallo

 

   El odio

 

Frente al espejo

mientras te afeitas

imaginas ese acto

ayer

 

(entonces también rutina)

 

en el hombre que hoy enterrarán

 

Puedes casi oir

la frase del sujeto gordo en la penumbra,

ver la mano en el gatillo

y los billetes asomados

al bolsillo de una chaqueta

 

(También las imágenes familiares

pasadas por la televisión

donde jugaba confiadamente con sus hijos)

 

Al salir de casa

no puedes evitar sentir ensangrentadas

las manos con que abrazas a tu hija

por ese odio que se ha despertado en ti

 

y sobre todo por el deber que tienes ahora de avivarlo.

 

(Del libro ya citado. Orlando Gallo nació en Medellín, en 1959).

 

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