• @monarcamanni
    Cada quien/ le escribe/ a la sed/ que le sostiene
  • @_Annai_
    Precipitado/ los lugares expandes/ beso callado./ Todo el cielo nos llama/ con su alma de montaña.
  • @Anadimeana
    Mira cómo viene la tarde: descalza de voz, vestida en agua y viento
  • @magiamorena
    Un adiós sin maquillaje
  • @carinaldad
    El silencio respira tu perfume
  • @franc_murcia
    La literatura es una infusión de sueños
  • @Indephinida
    Mi niña interior juega con los sueños que yo misma he roto
  • @DeseosCulpables
    Es agotador escribir de amor, y no hacerlo
  • @amanecerdemar
    Hay silencios que sustentan la vida de todas las palabras...
  • @SimoneBella7
    Soy un cuerpo de mil caminos para su tinta desnuda
  • @Luzsoldepapel1
    Día cenizo/ entre la llovizna/ el pájaro afina
  • @danielatome
    La vida y sus dientes de sable y mis ojos, que no terminan de resignarse

La Poesía Alcanza

Sones, resplandores

 

   José Emilio Pacheco

 

   El río Colne en Wivenhoe

 

Bajo el calor los bosques recuperan

la unidad del principio, aquel momento

en que todo era todo y fue apartándose

para dar vida a cada cosa viva.

 

Bajo el calor brillaba como nunca

la cicatriz del viento sobre el agua.

El río pareció por un instante

desandar su camino.

 

El mar desembocaba en una fuente.

Cielo y tierra eran líquidos, vapores:

humus y humos como en el origen.

 

Bajo el calor el vaporoso río

iba siempre en camino al no volver.

 

 

   Oda

 

Baja la primavera al aire nuestro.

Invade

con sus plenos poderes al invierno.

Todo lo redescubre y lo ilumina.

Brota del mar.

Es Dios o su emisario.

 

 

   Noche y nieve

 

Me asomé a la ventana y en lugar de jardín, hallé la noche

    constelada de nieve.

 

La nieve hace tangible el silencio. Es el desplome de la luz y se apaga.

 

La nieve no quiere decir nada:

 

Es sólo una pregunta que deja caer millones de signos de

    interrogación sobre el mundo.

 

 

   Perduración de la carmelia

 

                        Alba de añil…

                                           Efraín Huerta

 

Bajo el añil del alba flota en su luz

la camelia recién abierta.

No tiene aroma, sólo es resplandor.

Parece toda hecha de espuma.

Nube que se posó en la rama un instante

para mirar el cielo desde aquí abajo,

a los tres días de su nacimiento

se desmorona en pétalos sombríos,

polvo que se hace tierra y de nuevo vida.

 

 

   Nubes

 

En un mundo erizado de prisiones

Sólo las nubes arden siempre libres.

 

No tienen amo, no obedecen órdenes,

Inventan formas, las asumen todas.

 

Nadie sabe si vuelan o navegan,

Si ante su luz el aire es mar o llama.

 

Tejidas de alas son flores del agua,

Arrecifes de instantes, red de espuma.

 

Islas de niebla, flotan, se deslíen

Y nos dejan hundidos en la Tierra.

 

Como son inmortales nunca oponen

Fuerza o fijeza al vendaval del tiempo.

 

Las nubes duran porque se deshacen.

Su materia es la ausencia y dan la vida.

 

 

(De “Tarde o temprano, poemas 1958-2009”, Colección Nuevos Textos Sagrados, dirigida por Antoni Marí, Tusquets Editores, Ciudad de México, 2010. Esta antología incluye “Los elementos de la noche”, 1958-1962; “El reposo del fuego”, 1963-1964; “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, 1964-1968; “Irás y no volverás”, 1969-1972; “Islas a la deriva”, 1973-1975; “Desde entonces”, 1975-1978; “Los trabajos del mar”, 1979-1983; “Miro la tierra”, 1984-1986; “Ciudad de la memoria”, 1986-1989; “El silencio de la luna”, 1985-1996; “La arena errante”, 1992-1998; “Siglo pasado, desenlace”, 1999-2000; “Como la lluvia”, 2001-2008; y “La edad de las tinieblas”, 2009. José Emilio Pacheco nació el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, y murió en ese mismo lugar el 26 de enero de 2014. Su relación con la literatura y sus actividades en ella comenzaron en la revista “Medio Siglo” de la Universidad Nacional Autónoma de México. Posteriormente dirigió colecciones y publicaciones vinculadas con las letras. Se especializó en literatura mexicana del siglo XIX, y estudió al argentino Jorge Luis Borges. Se lo considera uno de los exponentes de la “Generación de los cincuenta”, también llamada “Generación de medio siglo”, junto con Salvador Elizondo, Eduardo Lizalde, Carlos Monsiváis y Sergio Galindo, entre otros escritores. Sus publicaciones de poesía comenzaron en 1963 con “Los elementos de la noche”. Después de la antología “Tarde o temprano”, de 2009, se publicaron “Como la lluvia” y “La edad de las tinieblas”, en el mismo año, y “El espejo de los ecos”, en 2012. Fue también novelista, cuentista, ensayista y traductor. Obtuvo gran cantidad de premios, entre ellos el Cervantes, en 2009, el Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, en 2005, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2004, y el Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2003).

 

 

   Marosa di Giorgio

 

   Magnolia

 

   31

 

 

Este melón es una rosa,

éste perfuma como una rosa,

adentro debe tener un ángel

con el corazón y la cintura siempre en llamas.

Este es un santo,

vuelve de oro y de perfume

todo lo que toca;

posee todas las virtudes, ningún defecto.

Yo le rezo,

después lo voy a festejar en un poema.

Ahora, sólo digo lo que él es:

un relámpago,

un perfume,

el hijo varón de las rosas.

 

 

   Clavel y tenebrario

 

   35

 

No me puedo olvidar de la diamela (de aquel

jazmín de diamelas al pie de la ventana bajísima

y enorme).

Era una fogata de luz de luna; los Reyes colgaron los juguetes

   en sus ramos.

Manaba azúcar, de continuo, tules vivos como almas,

almendras como huevos de paloma,

y un polvo finísimo y brillante,

que volvía, inmortales, a las cosas.

 

 

   56

 

Pájaros en los alambres de la tarde,

pasa el ferrocarril que lleva los ganados a la feria,

no sé cómo viene tan cerca de la casa,

cruza los ramajes, los lirios, las arvejas,

en medio de los trigos que abren las manos con hostias

perfumadas.

Hasta que la noche,

sus tules y sus fósforos,

caen al fin.

Mamá tiene pocos años y sombrero rojo,

pero, sus miradas pintan de violeta

el povernir.

 

 

   118

 

El gladiolo está allá, parado, inmóvil.

Parece una mujer de gasa,

un hada.

Blanco como el mármol,

como la luna,

el casamiento,

la muerte,

la nada.

Me atrevo a mirarlo,

lo espío,

a través de una puerta,

que se entreabre, misteriosamente.

Es una hoguera fría,

un chorro de azúcar,

es como mirar un ensueño.

A veces, despliega todas las manos,

los cálices, los ojos,

y apresa una especie de hostia,

una almendra,

que él mismo

hace aparecer en el aire,

para él.

 

(De "Los papeles salvajes I", colección la lengua / obra reunida, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2000. Marosa Di Giorgio nació en Salto, Uruguay, en 1932, y murió en Montevideo, en 2004. Comenzó a publicar poesía en 1954, con "Poemas". También escribió narrativa e incursionó en la prosa erótica. Algunas de sus obras fueron traducidas al francés, inglés, italiano y portugués. Recibió premios y reconocimientos, entre ellos el Primer Premio del Festival Internacional de Poesía de Medellín, en 2001).

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.