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    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
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    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
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    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

La Poesía Alcanza

Marco Martos / Comentan que la vida es algo duro

 

   Soledad de César Vallejo

 

Las personas mayores ya se han ido
y jamás volverán, viven en nunca,
han viajado a los fondos de la muerte
y nos hemos quedado con el ciego
Santiago tanteando en lo más duro
del nocturno metal de negro fuego.

Nadie nos habla, estamos en el fuego,
son nuestros el silencio que se ha ido
convirtiendo en el hábito más duro,
idiomas de la niebla con su nunca,
los ojos de los sueños y del ciego
observar de la vida hablando muerte.

Sabemos que la vida trae muerte,
escondido meollo de oro y fuego
que llega al más vidente y frágil ciego,
a todos los más grandes que se han ido
por la ruta de Orfeo, hasta el que nunca
soñó con la blandura de lo duro.

Comentan que la vida es algo duro,
¿saben de la blandura de la muerte?
¿con quién mamá estará en el jamás nunca?
¿a quién aplacará con nieve o fuego?
Sabemos que no está, que bien se ha ido,
que hemos sido guardados por el ciego.

Nadie nos acompaña, sino ciego,
nadie comenta nada y lo más duro
es saber que la vida ya se ha ido
a su fin natural: la misma muerte.
Las sonrisas marcadas con el fuego
de lo inerte ya viven en el nunca.

Nacemos y morimos solos, nunca
traemos diferente el sino ciego,
así es toda la vida con su fuego;
mayores delanteros en lo duro
de acercarse muy rápido a la muerte,
apenas han nacido, ya se han ido.

Lo ido, lo perdido en lo que nunca
volverá de la muerte, salvo en ciego
sueño, se torna llama, duro fuego.

 

   Gonzalo Rojas y Braulio Arenas

Desde Chillán Gonzalo Rojas llegó a Santiago
para hablar con su amigo Braulio Arenas.
"Perdí mi juventud en los burdeles",
dijo Rojas, "perdí mi mocedad en los clubes de ajedrez",
contestó Arenas.
-Los burdeles dan miedo y también alegría.
-Los clubes de ajedrez son un pánico en la vida.
-¿Cómo se puede preferir la dama
inventada del juego de ajedrez
a la mujer verdadera del prostíbulo?
-No lo sé, ambas no se entregan nunca.
-Miente el que diga que disfruta en un club de ajedrez.
-Miente el que se refocila con la puta en un burdel.
-Miente el que acaricia el rostro de la dama.
-Miente el que juega ajedrez en el bulín.
-Nosotros somos ángeles y no mentimos nunca.


   Garabato

Vida: camino en el que nada pasa
dos veces,
o un interminable ensayo
para una noche de estreno
que nunca llega,
hasta que mueres.
La mano escribe garabatos
que nadie entiende,
que semejan el deslizarse
de las zapatillas
sobre la alfombra
de la gran sala del silencio,
que llegan a tus manos
como jazmines de la planta
que sembraste
bajo la luna llena,
hace tanto tiempo.

 

   Fin de la noche

Es un ramalazo de la muerte
ese ojo zarco que está ahí
quieto como si mirara.
Desde tan lejos sólo se escucha
una música rancia,
el destello de un cuchillo
herrumbrado que parpadea,
un plomo que se disuelve
mientras el sol sube rápido
cortado en tajos
la neblina de la mañana.

 

(De "Dondoneo", Serie Humanidades del Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 2004. Marco Martos Carrera nació en Piura, Perú, en 1942. En 1969 obtuvo el Premio Nacional de Poesía José Santos Chocano. Fue presidente de la Academia Peruana de la Lengua y fue jurado del premio Casa de las Américas. En poesía publicó, entre muchas otras obras, "Casa nuestra", 1965; "El mar de las tinieblas", de 1999; "Sílabas de la música", de 2002; "Jaque Perpetuo", de 2003; "Aunque es de noche", de 2006).

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