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La Poesía Alcanza

Madera de violín / Jorge Boccanera

 

  I

 

La selva está hecha a lápiz, punta fina

sobre papeles rotos, garabatos que se alzan en el

   aire y cajitas de música y el oso perezoso.

Una lágrima verde rueda sobre la lengua del jaguar.

Tierra tatuada, selva

con la palma en el centro que en un aire de reina

despliega su penacho, su cabellera de hilos,

   su serena ebriedad.

 

Abajo, el viento junta restos del universo.

 

 

   IV

 

La rosa es una máscara,

oculta el rostro de la selva,

barro verde.

 

Furia que no envejece.

Como la respiración contenida de un dios.

 

Lo que no es selva es ruina.

 

 

   V

 

Yo respiro la selva, no lo ves pero yo la respiro

y voy sujeto al humo de su cuerpo.

El vapor de sus nombres sube por las cañerías de

   esta ciudad vieja.

Y respiro su sangre.

Aspiro la arboleda y es de un trago, con borbotones,

pelos de animal y cáscara de fruta descompuesta.

Cosas que fueron otras se deshacen en el plateado de la

   noche.

Son estrellas podridas que acunan con aullidos, con un

   filo vidrioso y una piedra que duele a cualquier tacto.

Vivo en esa caverna sin paredes.

Entre sus inscripciones lo enmarañado tiene rostro

y los perfumes gozan su fugacidad eterna.

 

También en la noche de cemento te respiro.

Agua insolente cruza debajo de mi almohada.

 

 

   X

 

La selva es lo inminente, eso que está por

   desencadenarse.

Es lluvia detenida. Espuma a punto de plumaje.

Urgencia.

Estar y devenir en una misma boca.

Lo que se viene. Pronta. Y se va a desatar.

Telegramas que ruedan por el aire.

 

Mi oficio es recibir eso que vive de anunciarse.

Ser la rama de aquello que no se posa nunca.

 

 

   XIV

 

Los insectos astillan el aire. Tenaces

las mandíbulas fabrican montañas de silencio.

Muerden, logran cesar las hojas que chasquean.

Es posible palpar aquello que nadie puede oír.

En sus ojos metálicos cruza el polvo de las

   ciudades desaparecidas.

 

El escarabajo dice: “todo silencio es extranjero”.

La hormiga escribe: “aroma del misterio”.

La iguana verde piensa: “el silencio existe solamente

para los muertos, pero ellos no pueden escucharlo”.

El bambú intuye que ese silencio es algún dios cantando.

 

Lo no dicho es un viento que lo sacude todo.

Del esqueleto de la fronda, cae su ceniza atronadora.

 

 

   XV

 

El hombre, ruina de sí mismo,

foto movida, zapato en el pie equivocado.

Harapo de su alma, inventa partes de la selva con

madera que roba de la selva. Construye un ataúd

   con la madera de un violín.

Sus ciudades son trampas, fábricas de veneno,

   siembra de soledades.

 

(De “Palma Real”, Colección Visor de Poesía y Ediciones Continente, Buenos Aires, 2009. Jorge Boccanera nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. “Música de fagot y piernas de Victoria”, “Los ojos del pájaro quemado”, “Polvo para morder”, “Sordomuda” y “Bestias en un hotel de paso” son algunos de sus obras poéticas, con las que se componen compilaciones y antologías como “Marimba”, “Antología personal” y “Servicios de insomnio”. Con “Palma Real” obtuvo el Premio de Poesía Casa de América, que se otorga en España, en 2008. Coordinó y editó numerosas antologías, como “Anillo del silencio, Centroamérica en la Poesía”, y “Animales del azar”, de Juan Gelman. Sus trabajos en condición de ensayista son numerosos. Entre ellos, “Confiar en el misterio / La poesía de Juan Gelman” y “Luis Cardoza y Aragón: solo venimos a soñar”. Integra frecuentemente jurados de concursos poéticos internacionales, como lo hizo en 2016 para el Pablo Neruda, en Chile. “Palma Real” fue traducida al italiano y viene publicándose en varios países, después de las ediciones en España y Argentina. La más reciente, en 2016, apareció en Costa Rica. Se trata de una edición que cuenta con fotografías de Luciano Capelli).

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